jueves, 4 de octubre de 2012

Dude, Where’s My Country? IX

(Traducción de un extracto del capítulo Un paraíso progresista del libro de Michael Moore ¿Tío, qué han hecho con mi país?)


Hay un país del que me gustaría hablaros. Es un país sin parangón en todo el Planeta. Estoy seguro de que a muchos de vosotros os encantaría vivir allí. Es un país muy progresista, liberado y librepensador. Su pueblo abomina de la idea de entrar en guerra. La mayoría de sus ciudadanos no ha hecho el servicio militar y no se espera que por el momento vayan a agolparse en la cola para apuntarse. Aborrecen las armas de fuego y apoyan todo esfuerzo para restringir su uso. Sus ciudadanos son fervientes partidarios de los sindicatos y los derechos de los trabajadores. Mantienen la creencia de que las empresas siempre andan metidas en negocios turbios, por lo que no son de fiar. La mayo-ría de sus residentes creen firmemente en la igualdad de derechos para las mujeres y se oponen a cualquier intento de control de sus órganos reproductivos por parte del gobierno o grupos religiosos. Una gran mayoría de los ciudadanos de este país creen que los homosexuales deberían tener las mismas oportunidades que los heterosexuales y que no deberían sufrir ningún tipo de discriminación. En este país, casi todos están a favor de implantar las mayores protecciones necesarias para asegurar un medioambiente limpio y sano, y ejercen su responsabilidad individual haciendo su parte cada día para reducir la contaminación y los desechos. La ideología de este país está tan a la izquierda que el 80 % de sus ciudadanos está a favor de la sanidad pública para todos y la diversidad racial en la educación. Este país es tan “hippy chiflado por el amor libre” y todas esas cosas que solo un cuarto de su población cree que los drogadictos deberían ir derechos a la cárcel; puede que la razón sea que, al igual que su propio presidente, ¡el 41 % de los ciudadanos reconoce haber tomado drogas! Y en lo que concierne al sagrado matrimonio, el número de personas que conviven sin estar casados ha aumentado un 72 % en la última década, con un 43 % de parejas solteras que tienen hijos. Os digo que este país es tan rojeras y tan rarito que su partido conservador nunca consigue reunir a más del 25 % de sus votantes habituales, mientras que la gran mayoría de los ciudadanos se definen a sí mismos bien como miembros del partido progresista o, lo que es aún peor, como independientes o anarquistas, ¡estos últimos negándose a votar sistemáticamente! ¿Pero dónde está esta Utopía de la que estoy hablando, esta tierra de progres, pacifistas y ecologistas? ¿Y cuándo podremos usted y yo mudarnos allí? ¿Se trata de Suecia? ¿El Tíbet? ¿La Luna? Pues no, esta Tierra Prometida del Progresismo de la que hablo no es otra que… ¡Los EE. UU.!


Es difícil pensar en los EE. UU. de otra manera que no sea un país gobernado por una mayoría conservadora, una nación cuya ideología moral de la impresión de estar establecida por la Coalición Cristiana, un pueblo que parezca haber sido cortado con el patrón de sus ancestros puritanos. Sin embargo, la amarga realidad (y el secreto político mejor guardado de nuestros tiempos) es que los estadounidenses son más progresistas que nunca en lo que concierne tanto a su modo de vida como a sus opiniones con respecto a los grandes asuntos sociopolíticos actuales.


Esta información procede de fuentes tan fidedignas y dominantes como Gallup y tan patrióticas como los miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Las encuestas se llevaron a cabo por organizaciones como Harris Poll, Washington Post, Wall Street Journal, USA Today, Harvard, National Opinion Research Centre, el programa PBS’s News Hour de Jim Lehrer, Los Angeles Times, ABC News y Fox News.


El 57 % del público estadounidense opina que el aborto debería ser legal en todos o casi todos los casos. El 59 % que la decisión sobre el aborto debería tomarlo la mujer junto con su médico. El 53 % que la legalización del aborto fue «algo positivo» para el país (en comparación con el 30 % que piensa que fue negativo) ¡y el 56 % está a favor bien de dejar el acceso de la mujer al aborto tal como está, bien de hacerlo aún más accesible! Desde su legalización en 1973, se han llevado a cabo cuarenta millones de abortos en los EE. UU. Una de cada tres mujeres ha abortado antes de llegar a los 45 y, entre estas, casi la mitad lo ha hecho más de una vez. ¿Qué significa esto para los conservado-res? Pues que las mujeres están decidiendo cuándo llega nueva vida a este mundo. Las mujeres tienen el control total de esta decisión. Esto es un amargo trago para los conservadores; después de todo, solo hace 83 años que las mujeres tienen siquiera el derecho al voto. ¡Y ahora tienen el poder de decidir quién nace y quién no!


El 86 % del público estadounidense reconoce estar «de acuerdo con los objetivos del movimiento a favor de los Derechos Civiles». Cuatro de cada cinco afirma que «la diversidad racial en el alumnado universitario es importante». El 74 % no está de acuerdo con la afirmación de que «no tengo demasiado en común con la gente de otros grupos raciales o étnicos»; todo lo cual nos coloca por delante de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia cuando se hace la misma pregunta en esos países. El 77 % adoptaría a un niño de otra raza y el 61 % dice tener amigos o familiares que están saliendo o están casados con personas de otra raza. De hecho, el número de matrimonios interraciales ha aumentado en más del doble en los últimos veinte años, de 651.000 a 1,46 millones. ¿Es que ya nadie sabe cuál es su lugar, todos han perdido el apego a los suyos? Ahora se pondrán a tener niños, ya no habrá manera de diferenciarlos por razas y, cuando eso ocurra, puede que por fin nos demos cuenta de lo ridículo de este asunto de las razas y comencemos a trabajar juntos en los problemas realmente importantes.


El 83 % de los estadounidenses dice estar de acuerdo con los objetivos del movimiento en defensa del medioambiente. Las tres cuartas partes opinan que los problemas medioambientales representan una seria amenaza para la calidad de vida en los EE. UU. El 85 % están preocupados por la contaminación en ríos y lagos, el 82 % por los residuos tóxicos y el agua potable contaminada, el 78 % por la contaminación del aire y el 67 % por el deterioro de la capa de ozono. El 89 % de la gente recicla y el 72 % comprueba las etiquetas de los productos para evitar comprar los que sean tóxicos, mientras que al 60 % le gustaría que el gobierno impulsara más la conservación de la energía que el aumento de la producción de petróleo, gas y carbón. Ante la disyuntiva de elegir entre “crecimiento económico” o “protección medioambiental”, suponiendo que ambas sean incompatibles, los estadounidenses eligen protección medioambiental. En una encuesta, incluso las dos terceras partes de los republicanos respondieron que votarían antes a un candidato ecologista que a uno no ecologista. Los estadounidenses confían cuatro veces más en las organizaciones ecologistas que en el Gobierno en cuanto a decidir qué es lo mejor para el medioambiente.


El 94 % del público estadounidense desea la promulgación de normas de seguridad federales sobre la fabricación y utilización de armas de fuego; ¡y el 86 % lo desea incluso si ello implica un aumento en el precio de dichas armas! El 73 % de los estadounidenses está a favor de una revisión de antecedentes obligatoria para cualquiera que compre un arma de fuego. Quieren un período de espera de cinco días antes de que se pueda conseguir un arma. Creen que debería obtenerse un permiso policial antes de poder tener un arma de fuego, que las armas deberían ser a prueba de niños y que no debería permitírsele tener un arma a quien haya maltratado a su cónyuge. Y en estados como Nueva York, el 59 % está a favor de una prohibición total de las armas de fuego. La NRA (Asociación Nacional del Rifle) gastó más de veinte millones de dólares en las elecciones del año 2000, sobre todo en dos de los estados con mayor número de cazadores del país —Michigan y Pensilvania—, con la esperanza de elegir gobernadores a favor de las armas de fuego y de esa manera derrotar a Al Gore. ¿El resultado? Que Gore ganó en ambos estados, y el pueblo de Michigan y Pensilvania eligió a gobernadores tachados de “anti armas de fuego” por el NRA. El NRA ha perdido el contacto con la realidad hasta tal punto, incluso con sus propios miembros, que cuando se encuestó a sus miembros en Michigan, la empresa de estudio de mercados de Lansing (Michigan) EPIC-MRA concluyó que el 64 % de los miembros eran partidarios del registro obligatorio de las ventas privadas de armas de fuego, el 59 % de regular que las armas deban guardarse sin estar cargadas, el 68 % de crear normas de seguridad normalizadas tanto para las armas nacionales como para las importadas, el 56 % de regular por ley un período de espera de cinco días antes de poder comprar un arma de fuego y el 55 % de prohibir los cargadores de munición de gran capacidad.


Solo el 25 % de los estadounidenses tiene un arma de fuego. La mayoría es consciente de que se está menos seguro cuando se tiene un arma de fuego en casa. ¿Por qué? Porque más de un millón de estadounidenses han sido asesinados con armas de fuego desde el magnicidio de Kennedy. ¡Harían falta otras quince guerras de Vietnam para conseguir matar a tantos compatriotas! Eso quiere decir que todo el mundo conoce a alguien que en alguna ocasión recibió algún disparo de arma de fuego. Y ya se sabe lo que ocurre cuando tanta gente es testigo de primera mano de la tragedia de la violencia con armas de fuego: ¡terminan odiando las armas! Y así opina la mayoría del país.


Ocho de cada diez estadounidenses cree en la Sanidad universal igual para todos los ciudadanos. Y el 52 % dice que estaría dispuesto a pagar más impuestos o primas de seguros para conseguirlo. No sorprende que quieran un servicio sanitario nacional cuando ya se están gastando en ello 4.200 dólares al año per capita, mientras que otros países con asistencia sanitaria universal pagan mucho menos: 2.400 en Alemania, 2.300 en Canadá o 1.400 en el Reino Unido. La única razón de que la Sanidad universal aún no exista en los EE. UU. es que todos políticos que están en contra están cubiertos al cien por cien por carísimos seguros privados. Rara vez en su vida han pagado a un médico, y no tienen la intención de que la clase trabajadora deje de subvencionarles este privilegio.


El 62 % de los ciudadanos están a favor de cambiar las leyes para que un menor número de delincuentes no violentos terminen en la cárcel. El 80 % quiere más trabajos comunitarios para quienes quebranten las leyes y el 76 % opina que los delincuentes están mejor fuera de la cárcel, compensando a sus víctimas, que dentro. El 74 % prefiere tratamiento y libertad condicional para los drogadictos no violentos. 94 millones de estadounidenses han tomado drogas ilegales alguna vez en su vida. ¡No es de extrañar que prefieran que los fumetas anden sueltos!


El 85 % de los estadounidenses están favor de la igualdad de oportunidades laborales para los homosexuales. Y el 68 % quiere que se promulguen leyes que castiguen a quien discrimine a los empleados homosexuales. La mitad dice que las parejas del mismo sexo deberían recibir las mismas prestaciones sociales que las de distinto sexo, y el 68 % opina que las parejas del mismo sexo deberían tener derecho a Seguridad Social, mientras que el 70 % está a favor de cobertura sanitaria para los cónyuges del mismo sexo financiada por las empresas. Por último, la mitad de los estadounidenses no encuentra ninguna pega a que las parejas homosexuales adopten niños.


El 58 % opina que los sindicatos son una buena idea, mientras que solo el 32 % está en contra. En un país en el que solo el 13,2 % de los trabajadores pertenece a un sindicato, todo ese apoyo adicional ha de venir de la mitad de los trabajadores no sindicados a los que les gustaría afiliarse si tuvieran la oportunidad. Además de todo lo anterior, el 72 % cree que Washington tiene muy poco en cuenta a la clase trabajadora. El empleado estadounidense medio no confía en absoluto en la clase empresarial: el 88 % confía poco o nada en los ejecutivos; el 68 % cree que los ejecutivos son menos honrados y de fiar que hace una década; el 52 % confía poco o nada en la contabilidad empresarial, por un 31 % que tiene algo de confianza; el 65 % opina que es necesario llevar a cabo una gran reforma del empresariado estadounidense; y el 74 % cree que los problemas se deben a la codicia y a la falta de moral, por lo que los empresarios deberían estar obligados a comportarse de manera ética.


Incluso en la única cuestión en la que los estadounidenses se inclinan hacia la derecha —la pena de muerte—, el apoyo a la pena capital ha caído de manera espectacular en los últimos cinco años (gracias en parte al trabajo de esos estudiantes de la Universidad North-western que descubrieron que al menos once personas que se encontraban en el corredor de la muerte en Illinois eran inocentes). Mientras que más del 80 % de la gente solía creer en la pena de muerte, esa cifra ha bajado hasta el 64 %. Esto supone una caída sensacional en el apoyo a una de las actividades más dantescas y crueles de la nación, que ya no se pone en práctica en ningún otro país industrializado occidental del Planeta. A medida que la gente se conciencie del riesgo de ejecutar a gente inocente, no se seguirá apoyando una práctica tan arriesgada.


Los conservadores saben que estos son los verdaderos EE. UU., y les saca de quicio vivir en una nación tan progresista. Todos los días de la semana pueden verse derechistas gritando y echando espumarajos por la boca. Se pasan el día, todos los días, escupiendo bilis sobre traidores, progresistas, maricones, progresistas, comadrejas, progresistas, franceses, progresistas; hasta tal punto que a veces me preocupa que puedan ahogarse en su propio veneno:


·          «¿Así que eres uno de esos sodomitas, eh? Espero que cojas el SIDA y te mueras, maldito cerdo. ¿Qué te parece? ¿Por qué no vas y me denuncias, maldito cerdo? ¿No tienes nada mejor que hacer que criticarme, montón de mierda? Si no tienes nada que hacer, ve a comerte una salchicha y ahógate con ella.» (Michael Savage[1]).
[1] Michael Savage expresó su encantadora opinion sobre los sodomitas y su amor por la ingestión de salchichas en su programa del canal MSNBC (ahora cancelado debido a este comentario en particular) Savage Nation (“nación salvaje”, N. del T.) el 5 de julio de 2003. Savage, cuyo verdadero apellido es Weiner (“salchicha”, N. del T.) diagnosticó a la izquierda de trastorno mental, así como de un cariño enfermizo hacia (¡oh, no!) el Islam en su programa del 19 de abril de 2003.



·          «Cualquier cosa que los progresistas puedan hacer para derribar el cristianismo y el judaísmo será bueno para ellos. Porque tienen la mente retorcida, porque el progresismo no es una filosofía, sino un trastorno mental.» (Michael Savage).


·          «Dios dice: “La Tierra es tuya. Tómala. Viólala. Es tuya.» (Ann Coulter[1]).
[1] Nuestra buena amiga Ann Coulter transmitió el mensaje de Dios diciéndonos que deberíamos “violar” a la Tierra en el programa Hannity and Colmes de Fox News el 22 de junio de 2001. Coulter, que estaba considerada por Fox News como una “erudita de la Constitución”, sugirió asesinar a los progresistas en la Conferencia de acción política conservadora de 2002.


·          «Tenemos que ejecutar a personas como John Walker para intimidar físicamente a los progresistas, para hacerles ver que ellos también podrían ser ejecutados. De lo contrario se convertirán en completos traidores!» (Ann Coulter).


·          «¡Deberíamos invadir sus países, asesinar a sus dirigentes y convertirlos al cristianismo!» (Ann Coulter, sobre los terroristas del 11S).


·          «Debo decirles que, cuando Michael Moore dice que este presidente es un presidente ilegítimo, está cruzando completamente la línea hacia el anarquismo.» (Bill O’Reilly).


·          «Es cierto que si eres pobre y no puedes permitirte un buen abogado, las posibilidades de acabar en la cárcel aumentan exponencialmente. ¿Pero sabes qué? ¡Te jodes!» (Bill O’Reilly[1]).
[1] Señalar en los Óscar el hecho de que George W. Bush es un presidente ilegítimo alentó a Bill O’Reilly a denunciarme por anarquista en su programa de Fox News el 14 de abril de 2003. Su cita sobre los pobres despachados a la cárcel sin un juicio justo proviene de su programa del 4 de septiembre de 2001.


·          «¡El feminismo se creó para permitir que las mujeres poco atractivas tuvieran más fácil acceso a la corriente dominante de la sociedad!» (Rush Limbaugh[1]).
[1] Tan bien fundada teoría de Rush Limbaugh sobre los orígenes del feminismo fue pronunciada en su programa sindicado del 28 de julio de 1995.


·          «¡Vosotros, los de la izquierda, no estuvisteis en la Guerra Fría, no estáis aquí ahora. Si alguna vez se nos ocurre prestaros atención acabaremos besándole los pies a algún dictador de cualquier otro país!» (Sean Hannity).


·          «¡Son un montón de cobardes timoratos y sin carácter!» (Sean Hannity, hablando de los izquierdistas de Hollywood).


·          «Canadá es un caso perdido de socialismo izquierdista. ¿Qué clase de amigos son esos?» (Sean Hannity[1]).
[1] Esta rabieta de Sean Hannity, arrebato de insultos incluido, fue publicada en Crain’s New York Business el 17 de febrero de 2003; y su consistente y probada disección de la Cultura canadiense apareció en el Ottawa Citizen el 23 de marzo de 2003.


Un día, hablando con el actor Tim Robbins —a menudo objeto del parloteo belicoso de la derecha—, me dijo «¿Cómo es que están tan furiosos y enfadados todo el tiempo, cuando ya tienen bajo su control la Casa Blanca, el Senado, el Congreso, el Tribunal Supremo, Wall Street, todas las tertulias radiofónicas y tres de los cuatro canales de noticias por cable? ¡Han conseguido su guerra, han conseguido sus recortes fiscales y su comandante en jefe tiene una aprobación del 70 %! Deberían estar contentos, pero no lo están.» La derecha está tan disgustada porque saben que están en minoría. Saben que los estadounidenses, en el fondo, realmente no están de acuerdo con su bando, y nunca lo estarán. Los estadounidenses, como la mayoría de los seres humanos, no quieren estar rodeados de personas llenas de odio y maldad. Y esa es la razón por la cual están tan enfadados, porque saben que son una especie en extinción. Por supuesto, la mayoría de los estadounidenses jamás se describirían a sí mismos como “progresistas”. En las dos últimas décadas, se ha convertido en la peor palabrota de la política estadounidense. Todo lo que un republicano tiene que hacer es calificar a su oponente de “progresista”, y será el fin del pobre perdedor.


Sin embargo, los estadounidenses normalmente odian votar a los progresistas porque a menudo la expresión “dirigente progresista” es un oxímoron: los progresistas no son dirigentes, sino seguidores. Los verdaderos dirigentes son los conservadores. Tienen el valor de sus convicciones. No se arrugan, no se pliegan y nunca se rinden. Persiguen sus ideales implacablemente. No tienen miedo y no permiten que nadie les tome el pelo. En otras palabras: realmente creen en algo. ¿Cuándo fue la última vez que se encontró con un progresista o un demócrata que se ciñó a un principio solo porque era lo correcto? Esa es la razón por la cual la mayoría de los estadounidenses no se fían de los progresistas. Nunca se saben hacia qué lado se van a inclinar. Los republicanos y los conservadores por lo menos son más previsibles y, en estos tiempos tenebrosos, ese consuelo es reconfortante para millones de personas.


No obstante, el Diccionario Universitario Webster define la palabra “progresista” del siguiente modo: ‘que no es estrecho de miras; que no es egoísta’ y ‘que no está limitado por principios ortodoxos o formas establecidas en filosofía política o religiosa; de opinión independiente; no conservador; partidario de una gran libertad en la institución o administración del gobierno’. “Progresista” también se define como ‘generoso’ y ‘que implica amplitud de espíritu a la hora de dar, juzgar, actuar, etc.’ Y así es exactamente como la mayoría de estadounidenses piensan, actúan y se comportan en estos tiempos. Aunque jamás utilizarán la palabra, ellos mismos son la propia encarnación de la definición de la palabra “progresista” con sus palabras y hechos de cada día.