jueves, 1 de septiembre de 2011

Sobre el posible rescate a España y sus consecuencias

Ante la “gravedad de la economía de España”, organismos tan “prestigiosos” como la UE o el FMI amenazan con un posible rescate, pese a que España se encuentra en mejor posición que otros países (Italia, Alemania, Reino Unido, Francia) tanto en cuanto al nivel de Deuda Pública como al de Déficit. Por el contrario, la mayoría de medidas propuestas para paliar nuestros niveles de deuda, por medio de ajustes sociales, no hacen sino redundar en nuestro grave problema de desempleo y falta de crédito para pymes y particulares, por lo que serían perjudiciales tanto para la economía financiera y especulativa como para el conjunto de la ciudadanía (economía real).
Los verdaderos problemas que amenazan a nuestro país son los cinco millones de parados, los diez millones de personas en riesgo de exclusión social y pobreza, el 9% de hogares en los que no trabaja ningún miembro o los más de 300.000 desahucios desde el inicio de la crisis, mucho más graves y acuciantes que la Deuda Pública o el Déficit. Del mismo modo, cualquier intento de “rescate” estaría totalmente injustificado y sería totalmente ineficaz en términos económicos, salvo para que los psicópatas especuladores que llamamos “mercado”, que se comportan del mismo modo que un insaciable y obeso niño mimado, capaces de devorar unos cuantos miles de millones más antes de su siguiente pataleta, tal y como ocurre siempre que cualquier organismo o banco central toma cualquier tipo de medida de este tipo.
La deuda de España ha superado recientemente los 4 billones de euros, de los cuales el 82%, casi 3,4 billones de euros (340% del PIB) corresponden a la deuda contraída por bancos, empresas y familias, correspondiendo al Estado el 18% restante, 600.000 millones de euros (60% del PIB). La razón que explica esta enorme deuda privada radica sobre todo en la nefasta “burbuja inmobiliaria” surgida a partir de la Ley del Suelo de 1998 (gracias, Montoro, Rato, Aznar y demás artífices del “milagro español”), a partir de la cual se disparó la concesión de hipotecas debido al gran negocio que las entidades financieras encontraron en la circulación de créditos, dando lugar a la proliferación de “préstamos basura”.
Por otro lado, el reciente aumento de la Deuda Pública se ha debido a la necesidad de financiar el creciente Déficit provocado por la caída de los ingresos del Estado a partir de 2007, provocado principalmente por la bajada o supresión de determinados impuestos directos proporcionales (tramos altos del IRPF y del Impuesto de Sociedades, Impuesto sobre el Patrimonio, etc.), así como a la caída del empleo (con la consiguiente reducción de las cotizaciones sociales y el incremento del gasto en el subsidio de desempleo, duplicado de 2008 a 2010), al pinchazo de la “burbuja inmobiliaria” y al gran número de quiebras de pymes ahogadas por la falta de crédito y los impagos por parte de la Administración, especialmente sangrante y escandaloso en el caso de las entidades locales.
Es decir, que el causante del Déficit no es tanto el gasto público como la caída de los ingresos. Sin embargo, en lugar de intentar estimular el empleo y mejorar los ingresos, se ha tomado la irracional medida de recortar el gasto público, especialmente las partidas sociales, pese al superávit histórico que tiene la Seguridad Social, con un Fondo de Reserva de 65.000 millones de euros, dejando en manos de la recaudación de impuestos indirectos regresivos el grueso de los ingresos tributarios del Estado (subida del IVA e Impuestos Especiales). La consecuencia lógica y esperable de todo lo anterior ha sido la caída tanto de la producción como del consumo interno, que han incidido aún más en la debacle y han redundado en la mala publicidad de nuestras cuentas públicas, con una prima de riesgo y un tipo de interés muy elevados, que nos han dejado indefensos ante todo tipo de operaciones especulativas a corto plazo con la deuda soberana.
Así, tanto la UE como el FMI han destacado en numerosas ocasiones la gravedad de la Deuda y el Déficit de España. Sin embargo, si comparamos la Deuda de España con la de otros países como porcentaje de Deuda Pública sobre el PIB, nos encontramos con países con mucha mejor fama que tienen cifras mucho más alarmantes: Japón (218%), Italia (120%), Bélgica (96,8%), EE. UU. (92%), Islandia (91%), Alemania (83%), Francia (82%), Reino Unido (80%), Austria (72%), Malta (68%), Países bajos (62%) o Chipre (60,8%), frente a nuestro 60,2%, apenas dos décimas por encima del límite de Masstricht (60%) y bastante por debajo de la media de los países de la Zona Euro (85,1%).
Por otra parte, no es lo mismo “déficit contable” que “déficit real”: partiendo de la definición clásica de “déficit” (diferencia entre ingresos públicos, vía impuestos principalmente, y gastos públicos), se da la paradoja de que el “déficit contable”, que es el que utiliza la UE, no tiene en cuenta las masivas inyecciones de liquidez que se han dado a los bancos, pese a que es evidente que suponen una deuda; sin embargo, el “déficit real” sí que contabiliza las cantidades entregadas a los bancos en concepto de “rescate”, por lo que constituye una medida más fidedigna del incremento de la deuda pública.
Irónicamente, Alemania acusa a España de tener un déficit contable del 9,2%, frente a su 3,3%, mientras que en términos de déficit real el alemán es de un 18%, por un 13% del español (ligeramente por encima de la media de los países del euro y de la UE-27). Otros países que nos miran por encima del hombro son Luxemburgo (con un déficit real del 38,3%), Reino Unido (20,9%), Finlandia (16%) o Noruega (16%). Pese a todo, los teutones, la Pérfida Albión y demás matones, apoyados por sus sicarios o agencias de calificación, han conseguido salirse con la suya con su campaña de difamación hacia nuestro país. Esto lo demuestra la evolución de los tipos de interés de las Deudas Públicas: por ejemplo, a fecha diciembre de 2010, Italia, con una Deuda del 120%, poseía un tipo de interés un punto más bajo que la de España, con una Deuda del 60%. Tres cuartos de lo mismo ocurría con Alemania, Bélgica o Reino Unido, que se situaban dos puntos por debajo de España y en ningún momento han sido atacados por la UE ni el FMI, lo cual demuestra cómo el comportamiento de los tipos de interés de los bonos responde principalmente a caprichosos criterios especulativos y no a causas económicas reales.
Es curiosa cuando menos la ojeriza y la manía persecutoria con España de personajes como Angela Merkel, obsesionada de manera contumaz con nuestras jornadas y vacaciones (además de con los pepinos y un largo etcétera, cual recreación moderna de la parábola de la paja en el ojo ajeno en comparación con la viga en el suyo propio), pese a los patentes datos de la OCDE al respecto, que indican que España es uno de los países dónde más horas se trabaja a la semana (41,9): más que Alemania (41,7), Francia (41), Noruega (39,2) o Luxemburgo (40).
La cuestión es que cuanto más difícil nos resulte colocar la deuda a los países periféricos, más fácil lo será para aquellos que “muestren” un Déficit aparentemente saneado, como Alemania que, pese a haberse disparado su Deuda (emite el doble que España), gozan de un tipo de interés muy bajo por haber recibido “buena prensa” por parte de la UE y el FMI. En caso de que terminemos por sufrir el tan temido rescate, recemos para que no nos ocurra lo mismo que a Grecia, país que fue conminado a aceptarlo, no solo con unas condiciones muy negativas para su ciudadanía, sino también con una cláusula que les obligaba a adquirir armamento por valor de 5.000 millones de euros de varios países de la UE, principalmente Francia y Alemania. De ese modo, no solo no se llevaron a cabo reformas orientadas a solucionar los problemas estructurales de su economía, sino que se atacaron el gasto social y los derechos de los trabajadores, algo que ya está ocurriendo también en nuestro país tras el Pacto del Euro.
Además, la experiencia de los rescates de Grecia y Portugal nos demuestra que es matemáticamente imposible devolverlos en los tiempos de amortización previstos, luego la única vía que les queda es la privatización, puesto que lo único que han conseguido con los rescates es no solo un incremento de la Deuda Pública, sino además a un tipo de interés más alto del que tenían antes. Queda patente y evidente que todos estos tejemanejes no son sino un montaje de los grandes especuladores internacionales, que intentan (y consiguen) sacar provecho de la deuda de los países periféricos a la par que fomentan el establecimiento de reformas antisociales que redundan en beneficio de grandes empresas y multinacionales, facilitando su penetración en la red de servicios públicos.
En definitiva, se trata de decisiones que afectan a la vida de millones de personas y se toman en pequeños grupos de interés privados y comerciales, para posteriormente ser impuestas a la población, camufladas con el disfraz de cordero de las supuestas necesidades del mercado. Medidas de ajuste que no solo no han sido eficaces, sino que han incrementado enormemente el desempleo, además de perjudicar la recuperación económica de España y prolongar la recesión. Irónicamente, esto ya fue predicho de manera hipócrita por el FMI, que por un lado destacó que España estaba tomando «todas las medidas necesarias para la estabilidad económica» y por otro admitió que esos planes de ajuste «generarán un crecimiento económico más lento y un desempleo más elevado». Es cuando menos preocupante la frecuencia con la que una institución tan predominante como el FMI se contradice a sí misma, se desdice o directamente mete la pata, tal como ocurrió en Argentina.
Queda claro entonces que el verdadero interés no está en rescatar a un país ni a sus ciudadanos, sino que es una simple tapadera cuyo objetivo verdadero es salvar a los sistemas financieros, principales culpables de la crisis que nos azota. Y con este fin son capaces, sin ningún escrúpulo, de desestabilizar a gobiernos y sociedades.

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