jueves, 29 de julio de 2010

Dude, Where’s My Country? VI

(Traducción de un extracto del capítulo Jesús W. Cristo del libro de Michael Moore ¿Tío, Qué Han Hecho Con Mi País?)


HOLA. SOY DIOS.
Lo que realmente me pone de muy mal humor, al estilo del Viejo Testamento, es cuando la gente toma Mi nombre en vano. Y hay un individuo que Me invoca a las primeras de cambio. Se está haciendo pasar ante vosotros como Mi mensajero personal. Recordad que Yo veo y oigo todo, así que aquí tenéis algún ejemplo de lo que le he oído decir a este tipo: «No podría ser gobernador si no creyera en un plan divino por encima de todos los planes humanos.» «Creo que Dios quiere que sea presidente.» «Siento el consuelo y el poder de saber que literalmente millones de Americanos a los que nunca voy a conocer dicen mi nombre al Todopoderoso todos los días y le piden que me ayude. Mi amigo Jiang Zemin, en China, tiene alrededor de 1.500 millones de paisanos y no creo que pueda decir lo mismo. Y mi amigo, Vladimir Putin, me cae bien, pero no puede decirlo.» ¿Podéis creer a este memo? La verdad es que Putin y Jiang me caen muy bien. ¿De verdad creen que seguiría haciendo tantos chinos y rusos si no me cayeran bien?


Tengo que confesar una cosa: a veces meto la pata. No todas Mis creaciones son perfectas. Y en el caso del humano que conocen como George W. Bush, bueno, fue algo que realmente se Me escapó de las manos. No tengo muy claro qué fue lo que ocurrió. Tengo un control de calidad bastante estricto y es raro que una de mis creaciones resulte ser un cacharro inútil. Pero a veces la cago. Pompeya, por ejemplo: todavía no sé qué demonios ocurrió allí. Estaba experimentando con una nueva mezcla de dióxido de sulfuro y cola sin azúcar y, antes de que me diera cuenta… ¡BOOM! Por lo menos ahora es bueno para el turismo (no como la Atlántida, que fue realmente bochornoso). También tenemos Bangladesh. Estaba intentando ajustar bien los niveles de la tierra y del agua, pero cometí un error de cálculo y no conseguí hacer que cuadrara. Es como cuando estás haciendo la cama, has colocado todo en su lugar, pero siempre queda esa parte que no consigues dejar bien y terminas metiéndola debajo del colchón. Eso es Bangladesh. Toda la maldita región está por debajo del nivel del mar. No hay que tomarse todas esas inundaciones como si fueran muestras de Mi ira divina.


Sí, ojalá os hubiera puesto a todos ojos en la nuca. Defecto de fabricación. Sí, también tenéis razón: no hay suficientes horas en el día. Cuando creé los cielos y la Tierra, debería haber rotado vuestro eje de otra manera para daros por lo menos otras cinco horas de luz al día para terminar todos los recados y llegar a casa a tiempo para preparar una barbacoa. Además, ¿a quién no le gustarían un par de horas más de sueño cada noche? También hay algunas otras cosas que me gustaría haber hecho de otra manera, como haber puesto un poco de sentido común en la cabeza de Tony Blair.
Creedme cuando os digo que, cuando tenga la ocasión de hacerlo todo otra vez de nuevo (una vez que hayáis hecho saltar el mundo por los aires), lo haré bien.


Pero, por el momento, ¿qué hago con el tío este, Bush? No dejo de oírle decir que está “actuando” en “Mi representación”. A ver si nos entendemos. Este tipo NO habla por Mí ni por nadie de aquí arriba.
Yo hablo por Mí mismo o, si estoy cansado, mando un profeta o dos para soltar el rollo. Una vez mandé a Mi Hijo, pero lo único que conseguí fue armar un lío de cojones que todavía perdura. Las cosas no le fueron demasiado bien y, francamente, nuestra relación todavía está un poco tirante desde entonces. Me ha dejado bastante claro que nunca va a volver a la Tierra. Ni Segundo Advenimiento ni leches. “Manda a Gabriel” es todo lo que Me dice cuando menciono el tema.


George W. Bush no fue enviado por Mí en ningún tipo de misión alguna. No fue enviado para eliminar a Saddam, ni para luchar contra ningún eje del mal, y tampoco estaba destinado a ser presidente. No tengo ni idea de cómo puede haber ocurrido. Primero, respondí a vuestras plegarias y quité a su padre de la presidencia. Después, cuando apareció su hijo ocho años después, volví a responder a vuestras plegarias y el tal Gore consiguió la mayoría de los votos. Al igual que vosotros, no contaba con la interferencia de ningún otro ser o tribunal supremo.


Al principio nunca me preocupé demasiado por este joven Bush ya que, en Mi plan divino, lo creé para que fuera uno de esos fiesteros niños ricos. En la Creación del universo, se da la existencia de todos los tipos de gente; y Yo creo de 200 a 300 chicos fiesteros cada día. Son tan necesarios como los científicos y los violonchelistas. Estos chicos son cruciales para mantener el ánimo de la fiesta: hacen reír a la gente, lideran las congas de Jalisco, compran bebidas para los menores de edad. Entonces, después de la fiesta, de vez en cuando tienen que matar a alguien en la carretera, ya que por aquí necesitamos almas a un ritmo constante y rotatorio. Así es como funciona y el pequeño George lo estaba haciendo bien hasta que ese programa de los doce pasos se metió por el medio y la fastidió.
Tío, odio que todos esos grupos “anónimos” (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Bulímicos Anónimos, Ludópatas Anónimos) se dediquen a invocar Mi nombre para desembriagarse, dejar de comer y dejar de apostar. De pronto, ¡ya no hay más pecadores! No es así cómo funciona. Necesito pecadores que pequen y después se arrepientan y vuelvan a pecar, siempre en Mis garras, para de esa manera sacarles algo de penitencia y buenas obras. Si dejan de pecar y comienzan a “rendirse a un poder superior”, es cuando se va al garete toda la amenaza del fuego infernal y la condena eterna que les mantiene cumpliendo Mi voluntad.
Bueno, eso es lo que ocurrió con este chico fiestero en particular. Antes de que pudiera improvisar una plaga de langostas, W. se había salido del plan divino. Hice todo lo que pude para hacer su vida lo más desdichada posible. Me ocupé de que fallaran todos y cada uno de los negocios que emprendiera. Me aseguré de que su equipo de béisbol diera más pena de lo humanamente posible. Incluso aparecí en uno de sus sueños y le convencí de vender a Sammy Sosa, y entonces, sólo para restregárselo, convertí a Sosa en el rey del home run en cuanto se marchó a su nuevo equipo. Pero nada podía vencer a George W. Así que coloqué a su padre en la Casa Blanca, en la creencia de que el pequeño Georgie no podría sobrevivir a eso. Pero eso no perturbó a George en absoluto, y encontró maneras de utilizarlo para su propio beneficio. Antes de que me diera cuenta, ya era gobernador de Texas y se dedicaba a decidir cuándo debía morir la gente. ¡ESE ES MI TRABAJO! No sé, igual me estoy haciendo viejo, puede que me haya vuelto lento, pero nada de lo que intenté –ni siquiera asegurarme de que perdiera las elecciones- surtió efecto. De repente, era todopoderoso y estaba dominando el mundo. Muchos de vosotros perdísteis la fe en mí. Cesaron los rezos y empezaron las maldiciones.
De manera que, para aquellos de vosotros que todavía mantienen algo de fe en Mí, permitidme garantizaros lo siguiente:
1. Yo soy el Señor vuestros Dios y él es el hijo de George, no el Hijo de Dios.
2. Yo no ordené a Bush que invadiera ningún país. Sigue siendo pecado matar a otros seres humanos. Matar humanos es Mi trabajo.
3. Yo no quiero que los niños Me recen en el colegio. Dejad eso para la iglesia y para antes de iros a la cama; ya es bastante para los mocosos. Os empeñáis en obligarlos a rezarme y van a terminar odiándome. ¡Dejadlo ya!
4. La verdad es que vuestras vidas sexuales me importan un pimiento siempre que sean consentidas y entre adultos. Así que os las guardáis para vosotros, ¿de acuerdo?
5. De una vez por todas, dejadme que os diga que Yo no inventé y no apruebo el “creacionismo”. Es un concepto totalmente falaz. Yo soy un evolucionista, a pesar de lo que los Neanderthales reivindiquen en Mi nombre. ¿Quién pensáis que creó la Ciencia? Sólo a un Poder Superior podría ocurrírsele algo tan complejo y milagroso.
6. No estoy de acuerdo con que expongan placas y monumentos con los Diez Mandamientos y otro material religioso en edificios públicos. Pocos saben de la existencia de Mi Undécimo Mandamiento: Te guardarás tus convicciones religiosas donde te quepan.
7. En lo que concierne a esas otras religiones, haré dos aclaraciones. Uno, nunca habrá 72 vírgenes esperándoos ahí arriba. No hemos tenido ninguna virgen aquí arriba desde la madre de Jesús y no os vais a acercar ni a medio metro de ella. Así que ahorraos la dinamita y los cuerpos hechos pedazos, porque nunca vais a conseguir habitación en Mi garito. Y dos, no existe ninguna “Tierra Prometida”. ¿Esa enorme carretada de arena que volqué entre el Mediterráneo y el Río Jordán? Se suponía que NADIE debía vivir allí, y mucho menos luchar por ello hasta tal punto que podría significar el fin del mundo. Yo no le dí esa tierra a los israelitas, y tampoco a Mahoma, y si todo el mundo sigue utilizándome como el terrateniente tendré que resolver la disputa de una vez por todas, así que dejadlo ya.


8. Y por último, se acabaron esas gilipolleces de “Dios Bendiga América”. ¿Qué os hace pensar que sois vosotros los bendecidos y nadie más? No tengo ningún favorito. No creo que hayáis oído a nadie en Yibuti decir “Dios Bendiga Yibuti.” Nunca he oído a nadie pronunciar las palabras “Dios Bendiga Botsuana.” Son más listos que todo eso. A ver si nos entendemos: Dios no bendice América, Dios no tiene tiempo para que le interrumpan con esta palabrería patriótica. Bendecíos a vosotros mismos y dejad de usar Mi nombre como justificación para sentiros superiores a todos los demás. Porque no lo sois. En realidad estáis entre los más tontos del planeta. ¿Que no os lo creéis? Nombradme al presidente de México. ¿Veis? Preguntad a cualquiera en el mundo cuál es el nombre del jefe del país de al lado y podrán deciros quién es con total seguridad.
Mirad, voy a necesitar un poco de ayuda. Me doy cuenta de que debería haber puesto punto final a esta locura unos días después del 11 de septiembre, cuando George W. Bush dijo en el altar de la Catedral Nacional que su misión era “liberar al mundo del mal.” La gente comenzó a creerse que lo iba a hacer. Pues bien, no se puede liberar al mundo del “mal” porque el mal es necesario para definir el bien. El mal es un elemento necesario para vosotros los humanos, una manera que Yo tengo de probaros, retaros, otorgaros la oportunidad de decidir con vuestro libre albedrío entre el bien y el mal. ¿Queréis liberaros de algo de mal? ¿Por qué no empezar con eliminar un poco del que habéis creado vosotros mismos? Dejar que la gente viva en la calle sin un hogar es malo. Permitir que millones de vuestros hijos pasen hambre es malo. Desperdiciar horas interminables viendo telebasura mientras podríais estar practicando sexo sucio con alquien a quien amáis es malo. ¿Queréis luchar contra un malhechor? Pues daos de tortas por toda la habitación durante una hora. Después id a la Casa Blanca y derrotad al demonio que hay dentro. Esa esa vuestra misión. Falladme y estaréis bien jodidos.
Eso es todo. Dios ha hablado.

Discriminación positiva

La Ley de Igualdad obliga a las empresas con más de 250 personas en plantilla a implantar un Plan de Igualdad. Es por eso que uno de los sindicatos de mi empresa ha presentado una serie de propuestas encaminadas a intentar corregir las evidentes desigualdades de oportunidades entre los trabajadores de cada sexo, tales como la baja presencia femenina en la plantilla (también baja incorporación), así como la segregación horizontal y vertical de las mujeres (concentración en determinados grupos profesionales, algo que también afecta a los hombres, y poca presencia en puestos de responsabilidad). También se señalan como objetivos “alcanzar la paridad” y “eliminar la brecha salarial entre mujeres y hombres” (aún reconociendo la evidencia de que “ningún concepto actúa de manera distinta con respecto al sexo de quien lo percibe”).



Estas son algunas de las propuestas:
* Utilizar un lenguaje no sexista en el modelo de solicitud y en las convocatorias de vacantes y ofertas de empleo: me imagino que esto estará relacionado con la actual fobia a los géneros neutro y epiceno, con lo que ya no se convocarán plazas para operarios, sino para operarias y operarios, y tampoco para electricistas, sino para electricistas y electricistos, con lo cual todos seremos víctimas (y víctimos) de una redacción de las ofertas (y ofertos) de trabajo llena de baches, lo cual nos provocará un auténtico dolor de muelas y tendremos que acudir prontamente al dentista (o dentisto). Otra opción es el uso, que cada vez prolifera más, del símbolo “@”; así, tendremos palabras como “pediatr@”, “policí@”, “jinet@”, “pensionist@” o “periodist@”. Antes de lanzarnos a hacer el ridículo, convendría recordar que el motor de desarrollo de una lengua es interno y se guía por pautas internas del propio idioma, ajenas a modas, políticos, oportunistas y advenedizos varios.



* Revisar el catálogo de puestos de trabajo para modificar las denominaciones (en masculino y femenino): véase el punto anterior.
* Revisar y corregir el lenguaje y las imágenes que se utilizan en las comunicaciones internas y externas para que no sea sexista: ídem.
* Revisar y corregir el lenguaje (imágenes y texto) de la página web para que no contenga términos sexistas: ídem.
* Redactar el próximo “Balance social” en lenguaje no sexista: ídem.
* Formar al personal encargado de los medios de comunicación de la empresa (página web, relaciones con prensa, etc.) en materia de igualdad y utilización no sexista del lenguaje: ídem.



* Crear la figura de “agente de la igualdad”: en principio, esta medida podría ser muy positiva, pero entraña sus peligros, ya que podría devenir en una institución inquisitorial a semejanza de los “cooperantes en la denuncia de los incumplimientos de la Ley de Política Lingüística catalana”, que en muchos casos se han convertido en auténticos soplones al más puro estilo de la época nazi o de la caza de brujas macartista.
* Formar específicamente a mujeres con titulaciones adecuadas a las requeridas para que puedan acceder a las vacantes de las categorías en las que están poco representadas: correctísimo, siempre que, de manera paralela, se forme específicamente a hombres con titulaciones adecuadas a las requeridas para que puedan acceder a las vacantes de las categorías en las que están poco representados.



* Utilizar la superior categoría para que las mujeres adquieran formación en categorías en las que están poco representadas: véase el punto anterior.
* Realizar prácticas formativas preferentemente para mujeres, relacionadas con puestos vacantes en los que estén subrepresentadas: ídem.
* Reservar un porcentaje de plazas para mujeres en las acciones formativas que se realicen en función de la previsión de plazas vacantes: ídem.



* Seguimiento de la acción positiva de la cláusula convencional de “a igualdad de puntuación en las pruebas de selección se adjudicará el puesto al sexo menos representado”: una medida tan arbitraria como cualquier otra (candidato con mayor antigüedad, etnia o raza menos representada, candidato más alto o más bajo, candidato más gordo o más flaco, candidato del centro de trabajo de Burgos o del de Madrid, etc.) Es evidente que alguna medida hay que tomar para evitar la discriminación negativa, pero conviene evitar en la medida de lo posible la discriminación positiva (que se convierte en negativa para los no incluidos en ella) para no llegar a situaciones como las de las universidades públicas de EE.UU., donde es prácticamente imposible conseguir una plaza si se es un hombre blanco. Cuando se añade el contradictorio calificativo de “positivo” al término “discriminación”, se intenta arreglar una injusticia por la fuerza, ya que por la razón se ha fracasado.
* Incrementar el número de mujeres en los puestos directivos de libre designación: si esto se llevara a cabo “porque sí”, se trataría de una medida arbitraria, a la par que denigrante para cualquier mujer que fuese seleccionada por este método, ya que no podría discernir si ha sido elegida por su valía o sólo por su sexo. Cualquier persona a favor de tal medida estaría destruyendo la dignidad, la magnificencia y la esencia de ser persona en general y mujer en particular.
* Revisar los complementos salariales para eliminar/sustituir/modificar los conceptos que pueden generar discriminaciones indirectas (antigüedad, plus de productividad, paga variable por objetivos): no veo dónde puede haber relación entre sexo y antigüedad, pluses u objetivos.

Es evidente que si nuestra sociedad diera las mismas oportunidades a las mujeres que a los hombres, no harían falta leyes ni planes de igualdad. Y en España, por desgracia, sufrimos los siguientes datos:
* El 94% de quienes dejan el trabajo por razones familiares son mujeres.
* A igual trabajo, el salario de las mujeres es un 29% inferior.
* El paro femenino es más del doble que el de los hombres.
* La presencia de mujeres en los Consejos de Administración de las grandes empresas no llega al 3%.
* La mujer dedica más del doble de tiempo que el hombre a los trabajos domésticos.
Pero hay que tener en cuenta que la llamada “acción positiva” se fundamenta en el Artículo 9.2 de la Constitución Española (Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover (sic) los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social), que trata de remediar situaciones reales de desigualdad, a lo que se tiene derecho según los artículos de nuestra Carta Magna 14 (Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social) y 35 (Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo).
Basándose en estos artículos, el Consejo General del Poder Judicial emitió en su día un informe relativo al Anteproyecto de la Ley de Igualdad: «Las acciones positivas son una exigencia del derecho de igualdad de trato y se caracterizarían por ser ventajas concedidas a las mujeres, que no deben implicar perjuicios paralelos para los hombres. Por el contrario, la discriminación positiva sí excepcionaría la igualdad de trato y, por tanto, podría ser ilegítima si tiene como contrapartida el perjuicio a quienes pertenecen a otro grupo, en este caso los hombres. Se trata de medidas excepcionales que deben aplicarse con criterio restrictivo, con precaución y siempre de forma transitoria; además, debe acudirse a ellas cuando no exista ninguna otra posibilidad de equiparar las situaciones preexistentes de desigualdad perfectamente acreditadas.»
Si leemos atentamente, resulta claro que el límite de la acción positiva es la restauración del equilibrio, y no puede conducir a un desequilibrio inverso, por exceso, luego fijar cuotas es discriminar por sexo. La esencia de la igualdad está en el origen, es decir, en la oportunidad; y eso es lo que debería fomentar y proteger cualquier ley: igualdad de oportunidades, no igualdad de resultados, que es algo que no puede ser legislable. Hay que esforzarse y centrarse en que todo el mundo, hombres y mujeres, tengan las mismas oportunidades, dejando que la vida de cada uno vaya transcurriendo según sus capacidades y sin obligar a nadie a desperdiciar talentos por cuestiones de sexo.
Si aplicamos medidas discriminatorias, dejaremos de saber si María y Mario están, por ejemplo, en una lista electoral por su valía o para cubrir cuota; no sabremos si tenemos una ministra o ministro por sus capacidades o por su sexo. Dependiendo del sector de actividad al que apliquemos esta discriminación, podemos incluso llegar a situaciones ridículas y esperpénticas: en el caso de una película u obra de teatro, ¿también deberá haber cuotas de actrices y actores en los repartos? En los partidos políticos, el sistema de cuotas ha creado en más de una ocasión la figura de “mujer florero”, aunque también hay que reconocer que ha ayudado a que otras, de gran valía, hayan conseguido llegar a ocupar puestos relevantes.
¿Qué pasará con quien tenga la desgracia de pertenecer al sexo más representado y vea cómo una persona del menos representado se queda con un puesto de trabajo sin merecerlo? ¿No es evidente la contradicción entre el principio de cuotas que propugna la Ley de Igualdad y el principio de mérito que propugna el sentido común y que está patente en nuestra Constitución?
La igualdad no se consigue con adoctrinamientos ni con cuotas. Las medidas de discriminación positiva y de adoctrinamiento favorecen que personas incompetentes accedan a cargos de responsabilidad. Da igual que sean hombres o mujeres, pero eso a las mujeres les hace daño de manera especial. La igualdad no consiste en que todos seamos “iguales”, sino en que lleguemos a asumir que “todos somos diferentes”.
En general, la discriminación está presente de manera continuada en nuestra sociedad, y no sólo en el ámbito laboral. Recuerdo un anuncio de electrodomésticos en el que una mujer llamaba al servicio técnico para que se llevaran a su compañero porque éste no sabía programar la lavadora, con lo que el mensaje de la marca comercial era algo así como: “Tan fácil de manejar, que hasta él sabrá hacerlo”. También vi en su día otro anuncio de una marca de cafés que insistía en ese tópico que sostiene que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas a la vez, y promocionaba así su nuevo envase, el cual, lo mismo que la lavadora anterior, era sencillo de abrir incluso para nosotros, pobres machos cazurros.
Del mismo modo, hace poco se publicaba en la revista XL Semanal la siguiente carta de un lector titulada “Mis masculinidades”: «Estudié Magisterio y curso cuarto de Periodismo. Soy monitor de servicios deportivos e incluso fui soldado. Desde joven he creído en trabajar y seguir mi formación, con la esperanza de que algún día alcanzaré buen puerto. Sabiendo cómo funcionan las cosas, hablo con un amigo que tiene una amiga dentro de un conocido colegio de padres agustinos, concertado (con importante financiación pública), para presentarle el currículum. Todo va bien hasta que ella pregunta mi especialidad. «Magisterio Infantil», contesta mi amigo. «Ah, no, entonces no, ‘Magisterio Infantil’ y ‘hombre’ no casan bien.» Nací hombre y pido perdón a mi paisana ministra. Supongo que, por nacer mujer, a ella las cosas le han ido mejor. Nadie me dijo que mi especialidad no fuera masculina. Mi jefe actual contrata a mis compañeros monitores (y monitoras) según su capacidad, no según su sexo, y cuando yo sea empresario, que no me cuenten películas: contrataré a quien me salga de mis mismísimas... masculinidades, las que ahora me exigen pedir perdón por nacer con ellas, ser hijo y nieto de maestras y tener la vocación equivocada.»

Hay muchas medidas que podrían tomarse para intentar paliar estas desigualdades sin incurrir en discriminaciones injustas e innecesarias, ni en demagogias baratas de matonismo ultra feminista donde cualquiera que no trague recibe el sambenito de machista:
* Fomentar que no haya razones familiares para dejar un trabajo: guarderías gratuitas, ayudas a las empresas para que establezcan las suyas propias, etc.
* Perseguir la desigualdad de salarios o de condiciones laborales para puestos iguales con una misma capacitación.
* Fomentar la igualdad de oportunidades para todos en formación.
* Anonimato a la hora de competir por un puesto de trabajo (una manera sencilla de evitar no sólo la discriminación sexual, sino también el nepotismo, partiendo todos en igualdad de condiciones y valorando sólo lo que realmente importa: el nivel de capacitación para el puesto).
* Mecanismos de denuncia que, de forma ágil y contundente, penalicen a quien ejerza la discriminación hacia la mujer, que aún hoy existe de manera intolerable en muchos ámbitos.

¿Por mujer o porque es buena?

jueves, 15 de julio de 2010

Cuba, peligro de derrumbe

Extracto del artículo de Manuel Gutiérrez Aragón publicado en El País Semanal el 16 de mayo de 2010.


Nieves, el vendedor de pan blanco, estaba, pues, en aquel famoso centro de convenciones, en el que nunca falta la luz eléctrica ni el aire acondicionado. Un lugar extraño para un negro ilegal. La reunión se prolongaba horas y horas, porque todo el mundo quería hablar y contar su caso. Las discusiones iban subiendo de tono, los presentes habían sido animados a hablar sin cortapisas. Al principio tuvieron mucho cuidado con lo que decían, pero luego habían perdido el miedo y vomitaron de todo contra el Gobierno, evitando siempre nombrar "al que tú sabes", a "él". Nieves estaba de pie, cerca de la tribuna de oradores, apoyado en uno de los altavoces del escenario. Ya eran las doce de la noche y la reunión se había desmadrado tanto que resultaba incontrolable por parte del comité del Partido de La Habana. Y en esto llegó "él". Vestido con uniforme verde oliva, la gorra en la cabeza y la mirada escrutadora y viva, como si en vez de mirar a todos, los mirara a cada uno. Se destocó y se sentó a un lado de la mesa, desdeñando la presidencia de la reunión. Habló y habló ante un auditorio callado y expectante. Dio la razón a los más protestones, y dijo que había que ir más lejos aún en la crítica a los dirigentes. Pidió perdón por las faltas, los errores y también explicó los problemas que en ese momento sufría el Tesoro Nacional Cubano.
-Estamos haciendo una colecta para la entrega voluntaria de alianzas, joyas, monedas… en fin, todas esas cosas que a veces se guardan en un cajón y no le sirven a nadie.
De vez en cuando preguntaba a alguno de los presentes de dónde era, a qué equipo pertenecía, a qué se dedicaba allá en Santiago, o en Baracoa, o en Guantánamo. De pronto se fijó en Nieves, o más precisamente en el brazo derecho de Nieves, que tenía apoyado en el borde del escenario, junto a sus botas. El Comandante Fidel Castro se inclinó como si se le hubiera caído algo por el suelo. Y, con un movimiento rápido, agarró por la muñeca a Nieves. Nieves se quedó más sorprendido que asustado.
-¿Qué es eso que llevas ahí?
-Ah, es una pulsa, nada, un recuerdo, una cosa sin verdadera importancia.
-¿No es de oro?
-Sí, Comandante, creo que sí.
-¿La entregarías para el Tesoro Nacional?
Nieves se cuadró, y exclamó con voz firme:
-¡Comandante en jefe, ordene!
Nieves se quitó el brazalete y se lo entregó al Comandante, quien se lo guardó tranquilamente en un bolsillo de la guerrera.
Nieves no volvió a prestar atención a las palabras que Castro siguió desgranando a lo largo de la velada. Sentía la vibración de los altavoces en su cuerpo y el retumbo de las frases.
Un amigo se le acercó y le dijo, al verle pálido y cariacontecido:
-Nada, hombre, seguro que es una broma… ya verás.
-No, si es que la pulsera fue un regalo de mi padre, sólo es eso, no es que no quiera contribuir.
Permaneció todo el tiempo en el mismo sitio, parecía estar progresivamente triste.
-Es la sola cosa que conservo de mi padre. Es lo que me queda del viejo.
La reunión se terminó. El Comandante bajó del estrado y pasó al lado de Nieves. No le miró y éste comprendió que lo de la pulsera iba en serio. Quizá se trataba de una prueba, de una comprobación, de averiguar su grado de compromiso revolucionario. Podía dar por resultado un permiso de residencia en La Habana, un trabajo, una botella, un premio.
Pero el Comandante se subió a su vehículo y los ayudantes cerraron la puerta del carro. En esto se baja la ventanilla y escucha la voz de Fidel que le llama.
-Oye, muchacho.
Nieves se acerca, algo va a ocurrir, no se reclama a un negro ilegal así como así, para nada.
El Comandante se quitó su Rolex de la muñeca y lo puso en la que Nieves había llevado el brazalete de oro.
-Mira, compañero, esto por lo menos da la hora. Que lo disfrutes.
El coche oficial partió y nuestro amigo se quedó con el valioso reloj, sin hacer ningún ademán ni de agradecimiento ni de devolución.
Hoy Nieves Martínez vive en los Estados Unidos, en una ciudad de Florida. Sigue siendo ilegal, no tiene papeles y rehúye encontrarse con agentes de policía. Conserva el Rolex sin mentar su procedencia. No es difícil imaginárselo mirando la esfera de números romanos del llamado reloj de los líderes. Si la policía lo detiene, pensarán que es robado. Pero el reloj es suyo, y, además, la hora es la misma aquí y allá, en Cuba y en Florida.

miércoles, 14 de julio de 2010

Lo que el fútbol ha unido…



Aviso a toda la población: una vez terminado el Mundial de Fútbol de Sudáfrica y sus posteriores celebraciones, se recuerda a todos aquellos que durante este último mes han estado luciendo símbolos patrióticos que dicha conducta dejará de ser considerada aceptable de ahora en adelante y, por lo menos, hasta la celebración del Europeo de Fútbol del año 2012. Cualquier persona que sea vista con banderas, camisetas, o cualquier otra enseña con los colores nacionales, así como cualquier individuo al que se oiga cualquier consigna del estilo de “viva España”, “soy español”, etc. será acusado de facha, fascista, retrógrado, reaccionario y represor, con lo que sufrirá el escarnio y desprecio de sus conciudadanos.



En resumen: pueden (y deben) Vds. guardar “la roja” (que no es sino una suerte de eufemismo para evitar nombrar el impronunciable y vergonzante nombre de nuestro país) y volver a sacar las camisetas con las barras y estrellas, los jerseys con la “Union Jack” o las guerreras con la bandera de Alemania, símbolos con los que, al fin y al cabo, todos nos sentimos mucho más cómodos e identificados.



No obstante, el comportamiento que se ha visto en las calles durante este último mes nos demuestra una cosa: el sentimiento de identidad nacional existe. Otra cosa es que ese patriotismo en España sólo se manifieste adorando un objeto redondo y a los héroes que le propinan patadas, y que después nos lleve a un absurdo paroxismo de propuestas como la declaración del 11 de julio como fiesta nacional o la candidatura de Fuentealbilla, patria chica del gran Andrés Iniesta, como Capital Europea de la Cultura. Nunca habían ondeado tantas banderas, nunca se habían dado tantos gritos de “¡viva España!” Sin embargo, en ningún otro lugar del mundo algo tan básico como la identidad de un pueblo ha de recurrir para expresarse a algo tan superficial.



Terminada la fiesta, concluida la algarabía, todo vuelve a su lugar. Eso sí, con una condición: lo que ha unido el fútbol, que no lo separe la demagogia.


Cuando llevar “la roja” no era tan “guay”: Un facha de siete años (Arturo Pérez-Reverte).