martes, 11 de mayo de 2010

Hablemos de rotondas

Me parece un poco ridículo dedicar una sola línea a un tema tan evidente, pero al ser un habitual conductor urbano en una ciudad que cuenta cada vez con más rotondas, la cuestión me quema por dentro.




Rara es la semana en la que no veo algún percance en cualquier rotonda, raro el mes en el que no presencio alguna colisión, e inaudito el día en el que ningún conductor se pone en peligro a sí mismo y a los demás al no realizar bien la maniobra de giro en alguna rotonda (por supuesto, siempre tocando la bocina, dando ráfagas de luces largas, vociferando y acosando peligrosamente centímetros por detrás a quien ose intentar hacerlo bien). Es el típico caso en el que lo más sencillo es hacerlo bien, pero algunos se obstinan en hacerlo mal.




La norma (y, en caso de desconocerla, el sentido común) dicta que «cuando existan varios carriles, se deberá circular por el de la derecha, salvo para realizar ciertas maniobras» (artículo 14 de la Ley de Seguridad Vial). Es decir, que si pretendemos girar a la derecha o seguir de frente, deberemos situarnos en el carril de la derecha de la vía de acceso y circular también por el carril de la derecha dentro de la “glorieta” (este es el nombre oficial según la DGT). Si, por el contrario, pretendemos realizar un giro a la izquierda o un cambio de sentido (a esto se refiere la norma con lo de “ciertas maniobras”), hay que situarse en el carril de la izquierda de la vía de acceso a la glorieta y circular por el carril interior de ésta, para posteriormente abandonarlo y pasar al carril exterior un poco antes de la salida que pretendamos tomar – lógicamente, con la previa señal luminosa y siempre teniendo en cuenta que estamos efectuando un cambio de carril luego, en virtud del artículo 28.2 de la Ley de Seguridad Vial, no tenemos preferencia («toda maniobra de desplazamiento lateral que implique cambio de carril deberá llevarse a efecto respetando la prioridad del que circule por el carril que se pretende ocupar»). Es decir, que seguir recto desde un carril interior o girar a la izquierda desde un carril exterior supone incumplir este artículo, puesto que no estamos respetando la prioridad de quienes circulan por otros carriles.




Hasta aquí las normas y el sentido común; ahora la realidad: parece que haya alguna fuerza oculta que incita a girar a la izquierda desde el carril derecho, con el consiguiente desprecio hacia aquellos que realizan bien la maniobra, amén de las situaciones de peligro que provocan al colocarse en el ángulo muerto de quienes giran correctamente a la izquierda que, por otra parte, al advertir que un vehículo circula por su derecha, lógicamente deducirán que va a seguir de frente o girar a la derecha, no siendo sino gracias a la precaución y a la filosofía del “piensa mal y acertarás” que se evita que haya muchos más accidentes, puesto que esa lógica rara vez se cumple.




Para más INRI, últimamente vengo observando que los vehículos de las autoescuelas también realizan los giros a la izquierda en las rotondas circulando por el carril derecho. ¿Será una nueva norma implantada unilateralmente de común acuerdo por instructores y examinadores? Y, yo me pregunto: ¿si utilizamos el carril derecho para girar a la izquierda, para qué sirve el carril izquierdo? ¿Sólo para cambios de sentido – que, al fin y al cabo, comienzan por un giro a la izquierda? Espero que la respuesta de los “especialistas” no sea “para girar a la derecha o para seguir recto” (maniobra que, dicho sea de paso, realizan no pocos conductores).




Para calmar los ánimos, leamos el estupendo artículo de Lorenzo Silva “Teoría de las Rotondas”, donde el novelista y articulista nos demuestra cómo incluso en los casos más exasperantes se puede sacar provecho de un talante razonable, estoico y conciliador.

lunes, 10 de mayo de 2010

Team Hoyt

(Traducido de la página Team Hoyt).



Los primeros años.Rick, hijo de Dick y Judy Hoyt, nació en 1962. A raíz de falta de riego de oxígeno al cerebro al dar a luz, fue diagnosticado de tetraplejia espástica con parálisis cerebral. Se aconsejó ingresar a Rick porque no había ninguna posibilidad de recuperación, y pocas esperanzas de que pudiera llevar una vida “normal”. Esto fue sólo el comienzo de la aventura de Dick y Judy para conseguir la integración de Rick en la comunidad, los deportes, la educación y, algún día, en el trabajo.
Dick y Judy no tardaron en darse cuenta de que, aunque Rick no podía hablar ni caminar, era bastante inteligente y siempre les seguía con los ojos por toda la habitación. Lucharon para integrar a Rick en el sistema educativo, presionando a las autoridades para que vieran más allá de sus limitaciones físicas. Dick y Judy llevaban a Rick a montar en trineo y a nadar, e incluso le enseñaron el alfabeto y algunas palabras, como a cualquier otro niño. Tras conseguir evidencias concretas del intelecto y la habilidad para el aprendizaje de Rick, Dick y Judy necesitaban encontrar la manera de ayudarlo a comunicarse por sí mismo.
En 1972, con 5.000 dólares y un cualificado equipo de ingenieros de la Universidad Tufts, se construyó un ordenador interactivo para Rick. Este ingenio consistía en un cursor que se utilizaba para destacar cada letra del alfabeto. Una vez que la letra que Rick quería estaba resaltada, podía seleccionarla con un simple golpecito de su cabeza en una pieza sujeta a su silla de ruedas. Cuando llevaron el ordenador a casa por primera vez, Rick sorprendió a todos con sus primeras palabras. En vez de decir «Hola mamá» u «Hola papá», las primeras palabras “habladas” de Rick fueron «¡Vamos Bruins!» El equipo de hockey sobre hielo de Boston, los Bruins, estaban jugando las finales de la Copa Stanley esa temporada. Desde ese momento, quedó claro que a Rick le encantaban los deportes y que era capaz de seguir un partido como cualquier otra persona.
En 1975, cuando tenía 13 años, Rick fue finalmente admitido en un colegio público. Después del instituto, Rick fue a la Universidad de Boston, donde se licenció en Educación Especial en 1993. En 1995, Dick se retiró de las Fuerzas Aéreas como Teniente Coronel, tras servir a su país durante 37 años.





El comienzo del Equipo Hoyt.
En la primavera de 1977, Rick le dijo a su padre que quería participar en una carrera benéfica de 8 kilómetros a favor de un jugador de lacrosse que se había quedado paralítico en un accidente. Aunque nunca había sido un corredor de fondo, Dick accedió a empujar a Rick en su silla de ruedas y terminaron los ocho kilómetros, llegando en el penúltimo puesto. Esa noche, Rick le dijo a su padre, «Papá, cuando estoy corriendo me siento como si no estuviera discapacitado.»

Este advenimiento fue sólo el comienzo de más de 1.000 carreras terminadas, incluyendo maratones, duatlones y triatlones (6 de ellos de distancia “Ironman”). Además, hay que añadir a la lista de logros de Dick y Rick su travesía ciclista a lo largo de los EE.UU. en 1992, con un total de 6.000 kilómetros en 45 días.
En la etapa de natación de los triatlones, Dick tira de una barca, en la que va montado Rick, mediante una cuerda elástica amarrada por un lado a un chaleco alrededor de su cintura y por el otro a la proa del bote. En la etapa de ciclismo, Rick utiliza un tándem especial y, por último, en la de atletismo, Dick empuja una silla de ruedas hecha a medida en la que va montado Rick.
Una vez le preguntaron a Rick qué le regalaría a su padre si pudiera elegir cualquier cosa. Rick respondió, «Lo que más me gustaría es que por una vez mi padre se pudiera sentar en la silla mientras yo la empujo.»
El Maratón de Boston del año 2009 fue oficialmente la carrera número 1000 del Equipo Hoyt. Rick siempre dice que si fuera cuestión de ir sólo a una carrera al año, le gustaría que fuera el Maratón de Boston, su carrera favorita. ¡Dick Hoyt tiene la esperanza de poder empujar a Rick en el Maratón de Boston cuando tenga 70 años (2011)! Ni Dick ni Rick tienen aún pensado retirarse.