jueves, 11 de febrero de 2010

Invictus (William Ernest Henley)


Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

martes, 2 de febrero de 2010

Pagando justos por pecadores

Siguiendo el hilo de “la mirada del asesino”, reproduzco la desasosegante carta de D. José Ángel Sanfrutos Gutiérrez, del XL Semanal del 27 de diciembre de 2009, titulada “Violencia 0-0”.


Sujetar impidiendo que te golpeen puede ser suficiente motivo para encontrarte con unas esposas camino de los calabozos y que tus pertenencias terminen en una bolsita del Cuerpo Nacional de Policía donde va a parar tu móvil. Un móvil con vídeos, donde la persona que te acusa es la que precisamente sale golpeándote. Pero alguien dicta unas normas: primero duermes en un calabozo y luego ya se verá. Y es aquí, en estos calabozos, donde uno, aun sin tener muchas luces, piensa en la injusticia de la justicia. En la tele, una serie de rostros conocidos nos dicen que “entre un hombre y una mujer, violencia cero”, y yo espero que la justicia divina reparta con éstos un poco de la humillación que otros hemos vivido, para que de la popularidad de ellos vuelva a surgir un “violencia cero”. Pero 0-0.
P.D.: El primer fin de semana que me dejaron salir con mi hijo, éste, después de estar horas en el parque jugando y riendo juntos, empezó a gritar, cuando le dije que había que marchar, que iba a llamar a la Policía para que me metieran en la cárcel, como hizo mamá. Todo el mundo miró. Hundido, le dije que si quería ir a la Policía, que fuéramos, por lo que se puso a llorar, para añadir, un tanto caótico: “¿Por qué vinieron a por ti, si fue ella la que te pegó?”. Este uso de la ley perjudica a las verdaderas maltratadas, que encubren a sus verdugos, mientras que cualquier aprovechada sin escrúpulos puede llevar a la ruina a un hombre y crear situaciones de locura y verdadera humillación.