jueves, 29 de noviembre de 2007

Barrio Sésamo


Paranoicos hay por todas partes y en todas las épocas. En los setenta, se decía que “Barrio Sésamo” era un invento de la CIA para difundir los valores capitalistas y lavarnos el cerebro. Hoy, en los EE.UU., ha sido calificado para mayores de 18 años por considerarse que muestran situaciones perniciosas para los niños: Triki, el monstruo de las galletas, come galletas compulsiva y salvajemente, constituyendo un mal ejemplo para la obesidad infantil (hasta 2005, cuando las sustituyó por zanahorias), e incluso fuma en una pipa que devora después (síntoma de una personalidad violenta y peligrosa, además de tratarse de un fumador, algo intolerable en la actualidad); Epi y Blas, que se pasan el jabón en la ducha, son presuntamente homosexuales (luego peligrosos para los niños, debido a sus abominables tendencias); y encima Blas es un cascarrabias, como Óscar, el misántropo depresivo que revuelve en la basura (sin duda, víctima del Síndrome de Diógenes); por si todo eso fuera poco, una niña se hace amiga de un desconocido que la invita a su casa a tomar leche con galletas (evidentemente, se trata de un pederasta). Según los productores del programa, son modelos de comportamiento inadmisibles hoy en día, al igual que los de aquel “Teletubby” acusado de promocionar la homosexualidad por llevar un bolso de color púrpura.
En mi opinión, los modelos de comportamiento inaceptables son los de estos modernos inquisidores integristas cuyas mentes morbosas se empeñan en ver lo que no hay. Sólo alguien muy depravado sería capaz de apreciar ese tipo de perversiones; no tienen que buscar muy lejos porque las llevan consigo, producto de su propia degeneración o del estado de demencia colectiva y privación de derechos humanos desatada en la sociedad estadounidense, perturbada desde los atentados de las Torres Gemelas. ¿Qué pasaría en España, reflejo del “Imperio”, si ahora volviesen a emitir los episodios de “Espinete” o “Los Pitufos”? ¿Se cebarían los aprendices de censores con el primero por pasearse desnudo por la calle, o con los segundos por fomentar el movimiento “Okupa”?

martes, 27 de noviembre de 2007

Cómo salvar el planeta en ocho pasos


Aunque el cambio climático parece imparable, podemos ralentizar su ritmo reduciendo la emisión de los gases con efecto invernadero (no es muy difícil):
1 Cambia de foco: las lámparas LED, aunque algo más caras, son 100 veces más eficaces que las bombillas tradicionales. Los fluorescentes también duran entre 10 y 12 veces más, y usan un 75 % menos de energía.
2 Desenchufa: incluso en “stand-by” (con la lucecita roja encendida), un aparato eléctrico está consumiendo. Por ejemplo, un televisor emite 100 kg de CO2 anuales a la atmósfera si no lo apagamos cuando no lo estamos utilizando.
3 Piensa en pequeño: si tienes que comprarte un ordenador, elige uno portátil mejor que uno de sobremesa, ya que gasta la décima parte de la energía de su hermano mayor (y las agendas de mano, un 10 % menos que los ordenadores portátiles).
4 Usa “ecodetergentes”: si lo hiciésemos todos los españoles, cada día entrarían 500.000 toneladas menos de basura en las aguas residuales. Usa también jabones de ducha y champús biodegradables (los convencionales tardan 800 años en degradarse).
5 Sé eficiente: compra electrodomésticos del tipo “A”, que ofrecen la mejor relación potencia / gasto energético. Espera a cargar completamente la lavadora y el lavavajillas. Retira el frigorífico 15 cm de la pared y gastará un 15 % menos.
6 Ahorra agua: por ejemplo, puedes introducir un “tetra-brick” o una botella de 1 litro en la cisterna para ahorrar en cada descarga. Así podrían ahorrarse 50 millones de litros de agua al día en toda España.
7 Deja de imprimir: ¿es preciso tener en papel todos los correos electrónicos? Imprime sólo lo necesario y archiva el resto. 2/3 del papel que se emplea en las oficinas se malgasta.
8 Calefacción: purga regularmente los radiadores para que calienten mejor. En invierno, sólo con bajar el termostato de 24 ºC a 22 ºC (temperatura de confort, salvo que nos guste estar por casa “en pelotas”), se reducen un 10 % las emisiones de gases tóxicos de la caldera.

martes, 20 de noviembre de 2007

Estimado Sr. Rajoy


Soy uno de los siete millones de “mileuristas” que se verán beneficiados por su prometida bajada de impuestos cuando gane las próximas elecciones (más por deméritos del actual Gobierno que por virtudes suyas), y le escribo para solicitarle que haga una excepción conmigo: no quiero que me baje los impuestos, sino que me los suba y, con los fondos que obtenga, mejore las infraestructuras y servicios de nuestro país, con especial énfasis en la Educación, Sanidad, Justicia y Seguridad Ciudadana; tampoco quiero que mantenga los impuestos regresivos que imperan desde 1996, sino que los sustituya por unos progresivos y justos; ni que me hable de los impuestos de quienes ganamos menos de 16.000 Euros, sino de los de quienes ganan más de 160.000.
Y ya que me pongo a hablar de dinero, aprovecho para pedir también algo a los alcaldes de España: la próxima vez que se convoque un “apagón de cinco minutos por el cambio climático”, no hace falta que hagan el paripé; prefiero que hagan lo que les dé la gana esos cinco minutos, pero que a cambio no cometan dispendios con la lucecitas en Navidad (o, por lo menos, que se limiten a encenderlas cuando realmente sea Navidad, no cuando sea La Inmaculada... o El Pilar; y no estoy exagerando). Así de paso recordaremos lo que verdaderamente es la Navidad o, por lo menos, lo que no es.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Carril-bici


Acabo de escuchar con agrado la noticia de que en Sevilla se va a multar con setenta euros a aquellos peatones que caminen por el carril destinado a las bicicletas. Al igual que ir a pie o utilizar el transporte público, la bicicleta es una manera de mejorar el tráfico y el medioambiente de nuestras ciudades. Sin embargo, al contrario que en otros países más civilizados, aquí el ciclista dista mucho de ser respetado tanto por peatones como por conductores. Si circulan por la calzada, son increpados por conductores que les recriminan que ralentizan el tráfico. Si lo hacen por la acera en aquellas zonas en las que no hay conexión entre carriles-bici, además de incumplir las ordenanzas, son reprendidos por los transeúntes (y con razón, pues les están poniendo en peligro). Y si circulan por su carril, son obstaculizados continuamente por peatones que, por alguna extraña razón, prefieren no pasear por la parte de la acera que tienen asignada. Además, reciben las regañinas e insultos de aquellos que son adelantados (si se ha tocado el timbre, porque les asustó el sonido; si no, por que les sobresaltó el inesperado adelantamiento).
¿Qué tiene el carril-bici que tanto atrae a estos viandantes? ¿Será el color? ¿Serán ganas de incumplir las normas o fastidiar a los demás? ¿Por qué no invaden también la calzada? Evidentemente, hay zonas en las que la acera es demasiado estrecha y los peatones se ven obligados a ocupar el carril de los ciclistas; en esas ocasiones, la solución es muy simple: respeto y sentido común (el menos común de los sentidos) por parte de ambos. Como en muchos otros casos en este país, las sanciones no van a corregir el problema, pero por lo menos escarmentarán a más de uno.

martes, 13 de noviembre de 2007

Los sueldos


Al hilo del reportaje sobre los sueldos de los españoles, discutía con mi abuela sobre si es justo que algunos deportistas cobren auténticas millonadas gracias a sus habilidades atléticas, mientras que personas que aportan mucho más a la sociedad ganan muchísimo menos o incluso no llegan a fin de mes. Según ella, un médico o un científico deberían ganar mucho más que un futbolista o un piloto de Fórmula 1, ya que contribuyen mucho más al bienestar de la ciudadanía. Yo estoy de acuerdo con ella y creo que tiene toda la razón del mundo, pero hace ya tiempo que es demasiado tarde para revertir esta situación; hace muchos años que el liberalismo salvaje (muy diferente del capitalismo que teorizó Adam Smith) se adueñó de nuestra sociedad.
En nuestro mundo materialista de hoy en día, vale muchísimo más un buen tenista o una estrella del golf que un gran cirujano o un investigador de una vacuna para la malaria (otro gallo le cantaría si desarrollara avances para el primer mundo, como la viagra, en vez de soluciones para países subdesarrollados). La razón es muy simple: el dinero; un astro del deporte, por medio de la publicidad, patrocinios, derechos televisivos y demás, genera unos ingresos infinitamente superiores a los de un doctor, y poco importa que nos estemos refiriendo a ingresos meramente económicos, muy poco valiosos para la sociedad en comparación con cualquier avance científico o social. Como comentaba recientemente Alan Greenspan, “la caída del Muro de Berlín condujo a un boom económico mundial y a un retroceso de los tipos de interés, lo cual se tradujo en una importante revalorización de los inmuebles privados. La Reserva empezó a subir los tipos en 2004. Esperábamos poder controlar así algunos de los excesos especulativos en el terreno inmobiliario. No lo logramos. Incluso el poder de un gran banco central fue incapaz de influir en las dinámicas globales. Nadie podía hacer nada, ni nosotros ni el Banco Central Europeo. Nos vimos impotentes. Los mercados financieros globales se han hecho demasiado grandes, complejos y rápidos para los organismos de vigilancia y regulación del siglo XX; se corrigen ellos solos, y cualquier intento de controlar un mercado que se expande a la velocidad de Internet está condenado al fracaso. No tenemos otra opción que dejar trabajar al mercado”. Es decir, que nuestro sistema económico y político se asemeja a la computadora de la película “Terminator”, que termina controlando todo e intentando eliminar a la raza humana. ¡Ah! Y si les interesa, infórmense sobre el tema de la renta básica; estén a favor o en contra, no se queden con una coletilla maniquea, indocumentada y desorientadora. Seguro que los parlamentarios que la votaron estaban muy puestos en el tema (espero que se note la ironía).