domingo, 30 de diciembre de 2007

Luces de Navidad


Leo con asombro que “los comerciantes del casco viejo han remitido un escrito al Ayuntamiento mostrando su malestar por la escasa iluminación navideña”. En mi opinión, estos señores no se enteran. Para ellos, la Navidad es algo superficial, insolidario, frívolo y materialista, cuando en realidad es algo totalmente opuesto al consumismo salvaje que nos intentan inculcar sea como sea. Ya tenemos suficientes luces, demasiadas de ellas encendidas a destiempo, y ya no sé qué hay que hacer para que algunos se den cuenta de que, pese a estar en época de vacas gordas económicamente, estamos en época de vacas flacas en lo que concierne a la energía y a los recursos. Sólo faltaría, como en esa famosa inocentada, que les dejaran abrir sus negocios en la catedral; por desgracia, la persona por quien en realidad se celebra la Navidad ya no está entre nosotros para echarles del Templo: hace mucho tiempo que nosotros le echamos a Él para volver a instaurar al vellocino de oro, y así nos va.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Los cafetitos de marras


¡La que arman el “presi” y el “vice” cada vez que hablan del café! A mí, la verdad, no me pregunten lo que vale un café en un bar, porque no lo sé: no tengo muchas costumbres burguesas y prefiero tomarlo en casa. Tampoco me pregunten cuánto dejo de propina, porque la respuesta es “cero”, salvo que la amabilidad, el servicio y la calidad lo merezcan.
Yo comencé mi vida laboral en la hostelería, donde ganaba poco y agradecía mucho las propinas, que recibía sólo cuando me las ganaba, nunca “porque sí”. Después he pasado por muchos sectores y en ningún otro he recibido propina alguna por parte de nadie en el transcurso de mi trabajo, independientemente de la satisfacción proporcionada. En muchas ocupaciones he añorado aquellas propinas, ya que ganaba aún menos que en hostelería; pero éstas son reducto casi exclusivo de este tipo de negocios.
Años después llegó el euro, y el famoso “redondeo” se practicó de forma salvaje en los establecimientos hosteleros: lo que antes costaba cien pesetas pasó a costar un euro, lo que costaba quinientas, cinco euros, etc. Cualquiera pensaría que este repentino aumento del sesenta por ciento en los precios repercutiría de alguna manera en los sueldos de los empleados, pero no fue así, aunque a la vista de todos está que sí que lo hizo en el nivel de vida de muchos empresarios. Éstos se quejaban antes del euro, siguieron quejándose después, y hoy les he oído quejarse una vez más de que el Sr. Solbes opine que hay gente que deja demasiada propina cuando toma el café. “Son puestos con sueldos bajos que deben complementarse con las propinas”, decía uno en la radio. No sé si se dan cuenta del chantaje emocional.
Señores, una de dos: paguen a sus empleados un sueldo digno acorde con los beneficios que están obteniendo a su costa (y de los clientes), o bien cobren unos precios menos abusivos para que los consumidores puedan permitirse abonar una buena propina. Y, ya de paso (por supuesto, esto no va por todos), no sirvan más “garrafón”, que últimamente sólo pueden salir de copas los amantes de los deportes de riesgo.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Barrio Sésamo


Paranoicos hay por todas partes y en todas las épocas. En los setenta, se decía que “Barrio Sésamo” era un invento de la CIA para difundir los valores capitalistas y lavarnos el cerebro. Hoy, en los EE.UU., ha sido calificado para mayores de 18 años por considerarse que muestran situaciones perniciosas para los niños: Triki, el monstruo de las galletas, come galletas compulsiva y salvajemente, constituyendo un mal ejemplo para la obesidad infantil (hasta 2005, cuando las sustituyó por zanahorias), e incluso fuma en una pipa que devora después (síntoma de una personalidad violenta y peligrosa, además de tratarse de un fumador, algo intolerable en la actualidad); Epi y Blas, que se pasan el jabón en la ducha, son presuntamente homosexuales (luego peligrosos para los niños, debido a sus abominables tendencias); y encima Blas es un cascarrabias, como Óscar, el misántropo depresivo que revuelve en la basura (sin duda, víctima del Síndrome de Diógenes); por si todo eso fuera poco, una niña se hace amiga de un desconocido que la invita a su casa a tomar leche con galletas (evidentemente, se trata de un pederasta). Según los productores del programa, son modelos de comportamiento inadmisibles hoy en día, al igual que los de aquel “Teletubby” acusado de promocionar la homosexualidad por llevar un bolso de color púrpura.
En mi opinión, los modelos de comportamiento inaceptables son los de estos modernos inquisidores integristas cuyas mentes morbosas se empeñan en ver lo que no hay. Sólo alguien muy depravado sería capaz de apreciar ese tipo de perversiones; no tienen que buscar muy lejos porque las llevan consigo, producto de su propia degeneración o del estado de demencia colectiva y privación de derechos humanos desatada en la sociedad estadounidense, perturbada desde los atentados de las Torres Gemelas. ¿Qué pasaría en España, reflejo del “Imperio”, si ahora volviesen a emitir los episodios de “Espinete” o “Los Pitufos”? ¿Se cebarían los aprendices de censores con el primero por pasearse desnudo por la calle, o con los segundos por fomentar el movimiento “Okupa”?

martes, 27 de noviembre de 2007

Cómo salvar el planeta en ocho pasos


Aunque el cambio climático parece imparable, podemos ralentizar su ritmo reduciendo la emisión de los gases con efecto invernadero (no es muy difícil):
1 Cambia de foco: las lámparas LED, aunque algo más caras, son 100 veces más eficaces que las bombillas tradicionales. Los fluorescentes también duran entre 10 y 12 veces más, y usan un 75 % menos de energía.
2 Desenchufa: incluso en “stand-by” (con la lucecita roja encendida), un aparato eléctrico está consumiendo. Por ejemplo, un televisor emite 100 kg de CO2 anuales a la atmósfera si no lo apagamos cuando no lo estamos utilizando.
3 Piensa en pequeño: si tienes que comprarte un ordenador, elige uno portátil mejor que uno de sobremesa, ya que gasta la décima parte de la energía de su hermano mayor (y las agendas de mano, un 10 % menos que los ordenadores portátiles).
4 Usa “ecodetergentes”: si lo hiciésemos todos los españoles, cada día entrarían 500.000 toneladas menos de basura en las aguas residuales. Usa también jabones de ducha y champús biodegradables (los convencionales tardan 800 años en degradarse).
5 Sé eficiente: compra electrodomésticos del tipo “A”, que ofrecen la mejor relación potencia / gasto energético. Espera a cargar completamente la lavadora y el lavavajillas. Retira el frigorífico 15 cm de la pared y gastará un 15 % menos.
6 Ahorra agua: por ejemplo, puedes introducir un “tetra-brick” o una botella de 1 litro en la cisterna para ahorrar en cada descarga. Así podrían ahorrarse 50 millones de litros de agua al día en toda España.
7 Deja de imprimir: ¿es preciso tener en papel todos los correos electrónicos? Imprime sólo lo necesario y archiva el resto. 2/3 del papel que se emplea en las oficinas se malgasta.
8 Calefacción: purga regularmente los radiadores para que calienten mejor. En invierno, sólo con bajar el termostato de 24 ºC a 22 ºC (temperatura de confort, salvo que nos guste estar por casa “en pelotas”), se reducen un 10 % las emisiones de gases tóxicos de la caldera.

martes, 20 de noviembre de 2007

Estimado Sr. Rajoy


Soy uno de los siete millones de “mileuristas” que se verán beneficiados por su prometida bajada de impuestos cuando gane las próximas elecciones (más por deméritos del actual Gobierno que por virtudes suyas), y le escribo para solicitarle que haga una excepción conmigo: no quiero que me baje los impuestos, sino que me los suba y, con los fondos que obtenga, mejore las infraestructuras y servicios de nuestro país, con especial énfasis en la Educación, Sanidad, Justicia y Seguridad Ciudadana; tampoco quiero que mantenga los impuestos regresivos que imperan desde 1996, sino que los sustituya por unos progresivos y justos; ni que me hable de los impuestos de quienes ganamos menos de 16.000 Euros, sino de los de quienes ganan más de 160.000.
Y ya que me pongo a hablar de dinero, aprovecho para pedir también algo a los alcaldes de España: la próxima vez que se convoque un “apagón de cinco minutos por el cambio climático”, no hace falta que hagan el paripé; prefiero que hagan lo que les dé la gana esos cinco minutos, pero que a cambio no cometan dispendios con la lucecitas en Navidad (o, por lo menos, que se limiten a encenderlas cuando realmente sea Navidad, no cuando sea La Inmaculada... o El Pilar; y no estoy exagerando). Así de paso recordaremos lo que verdaderamente es la Navidad o, por lo menos, lo que no es.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Carril-bici


Acabo de escuchar con agrado la noticia de que en Sevilla se va a multar con setenta euros a aquellos peatones que caminen por el carril destinado a las bicicletas. Al igual que ir a pie o utilizar el transporte público, la bicicleta es una manera de mejorar el tráfico y el medioambiente de nuestras ciudades. Sin embargo, al contrario que en otros países más civilizados, aquí el ciclista dista mucho de ser respetado tanto por peatones como por conductores. Si circulan por la calzada, son increpados por conductores que les recriminan que ralentizan el tráfico. Si lo hacen por la acera en aquellas zonas en las que no hay conexión entre carriles-bici, además de incumplir las ordenanzas, son reprendidos por los transeúntes (y con razón, pues les están poniendo en peligro). Y si circulan por su carril, son obstaculizados continuamente por peatones que, por alguna extraña razón, prefieren no pasear por la parte de la acera que tienen asignada. Además, reciben las regañinas e insultos de aquellos que son adelantados (si se ha tocado el timbre, porque les asustó el sonido; si no, por que les sobresaltó el inesperado adelantamiento).
¿Qué tiene el carril-bici que tanto atrae a estos viandantes? ¿Será el color? ¿Serán ganas de incumplir las normas o fastidiar a los demás? ¿Por qué no invaden también la calzada? Evidentemente, hay zonas en las que la acera es demasiado estrecha y los peatones se ven obligados a ocupar el carril de los ciclistas; en esas ocasiones, la solución es muy simple: respeto y sentido común (el menos común de los sentidos) por parte de ambos. Como en muchos otros casos en este país, las sanciones no van a corregir el problema, pero por lo menos escarmentarán a más de uno.

martes, 13 de noviembre de 2007

Los sueldos


Al hilo del reportaje sobre los sueldos de los españoles, discutía con mi abuela sobre si es justo que algunos deportistas cobren auténticas millonadas gracias a sus habilidades atléticas, mientras que personas que aportan mucho más a la sociedad ganan muchísimo menos o incluso no llegan a fin de mes. Según ella, un médico o un científico deberían ganar mucho más que un futbolista o un piloto de Fórmula 1, ya que contribuyen mucho más al bienestar de la ciudadanía. Yo estoy de acuerdo con ella y creo que tiene toda la razón del mundo, pero hace ya tiempo que es demasiado tarde para revertir esta situación; hace muchos años que el liberalismo salvaje (muy diferente del capitalismo que teorizó Adam Smith) se adueñó de nuestra sociedad.
En nuestro mundo materialista de hoy en día, vale muchísimo más un buen tenista o una estrella del golf que un gran cirujano o un investigador de una vacuna para la malaria (otro gallo le cantaría si desarrollara avances para el primer mundo, como la viagra, en vez de soluciones para países subdesarrollados). La razón es muy simple: el dinero; un astro del deporte, por medio de la publicidad, patrocinios, derechos televisivos y demás, genera unos ingresos infinitamente superiores a los de un doctor, y poco importa que nos estemos refiriendo a ingresos meramente económicos, muy poco valiosos para la sociedad en comparación con cualquier avance científico o social. Como comentaba recientemente Alan Greenspan, “la caída del Muro de Berlín condujo a un boom económico mundial y a un retroceso de los tipos de interés, lo cual se tradujo en una importante revalorización de los inmuebles privados. La Reserva empezó a subir los tipos en 2004. Esperábamos poder controlar así algunos de los excesos especulativos en el terreno inmobiliario. No lo logramos. Incluso el poder de un gran banco central fue incapaz de influir en las dinámicas globales. Nadie podía hacer nada, ni nosotros ni el Banco Central Europeo. Nos vimos impotentes. Los mercados financieros globales se han hecho demasiado grandes, complejos y rápidos para los organismos de vigilancia y regulación del siglo XX; se corrigen ellos solos, y cualquier intento de controlar un mercado que se expande a la velocidad de Internet está condenado al fracaso. No tenemos otra opción que dejar trabajar al mercado”. Es decir, que nuestro sistema económico y político se asemeja a la computadora de la película “Terminator”, que termina controlando todo e intentando eliminar a la raza humana. ¡Ah! Y si les interesa, infórmense sobre el tema de la renta básica; estén a favor o en contra, no se queden con una coletilla maniquea, indocumentada y desorientadora. Seguro que los parlamentarios que la votaron estaban muy puestos en el tema (espero que se note la ironía).

miércoles, 5 de septiembre de 2007

¿Quién adoctrina?


Es curiosa la polémica que ha levantado la asignatura de Educación para la Ciudadanía, sobre todo por la manera en que desde muchos frentes se ha tergiversado su contenido (y por cómo los acólitos de esos frentes se han dejado manipular, sin contrastar con un poco de documentación lo que les decían desde el púlpito, como si fuera un dogma de fe, lo que es aún más preocupante).
Evidentemente, esta asignatura cojea por muchos sitios y tiene gran cantidad de lagunas; es lamentable que, una vez más, una caterva de politicastros ignorantes hayan liderado la redacción de un texto que debería haber sido responsabilidad de padres y profesores (recalco lo de “y profesores”, no nos vaya a ocurrir lo mismo que en algunos condados de EE. UU., donde grupos de padres fundamentalistas han conseguido desterrar cualquier mención a la teoría de la evolución). Por supuesto que esta materia no tiene cabida como sustituta del estudio de la Religión (siempre, claro está, que se trate realmente de eso, y no de catequesis ni proselitismo). Pero de ahí a que desde algunos sectores se nos esté intentando vender que se trate del “Malleus Maleficarum”, escrito por el mismísimo anticristo, hay un buen trecho.
La educación ética o espiritual es básica para la formación de un niño, y no dudo que los padres tengan derecho a educar a sus hijos según sus propias convicciones religiosas y morales, pero habría que analizar cuáles de ellas son aceptables para la educación de un niño, y si realmente es tan negativo que una persona escuche ideologías diferentes entre sí (en mi opinión, ayuda a tener una mente más abierta). La sociedad se toma enormes molestias para regular quién puede adoptar un niño, pero ninguna para decidir quién puede engendrar uno.

A Dios rogando y con el mazo dando


Acabo de leer (y compartir) las quejas de dos vecinos de Burgos sobre el estado en el que se encuentra nuestro Paseo de La Quinta, cada vez más deteriorado debido a los destrozos y basura que generan unos despojos cuando celebran sus botellones. Aparte de comentar que puedo constatar de que estos sociópatas son sólo una minoría, ya que gran parte de los “botelloneros” no dejan apenas restos tras su actividad de ocio (salvo en sus cerebros e hígados), me gustaría explicar que, hasta que no comencemos a obrar con el ejemplo, sería mejor dejar de quejarnos de las tropelías de estos vándalos.
Uno: desde hace bastante tiempo, existe una norma que prohíbe encender cualquier tipo de fuego en parques, jardines, bosques y demás; sin embargo, raro ha sido el día durante este período estival en el que no se ha visto a algún insensato obviando el peligro de incendio.
Dos: son evidentes los estragos del efecto invernadero, las sequías, el exceso de consumo energético, etc.; sin embargo, sigue aumentando la venta de vehículos tipo “Tormenta del Desierto” de escandalosos consumos y emisiones de CO2 (y encima se quejan de que les vayan a aumentar el IVTM, aduciendo que la solución para reducir las emisiones sería eliminar dicho impuesto –que expliquen cómo y porqué), se sigue derrochando agua a mansalva (para empezar, desde nuestro incompetente Ayuntamiento, que sigue regando nuestros parques a destiempo y con sistemas inapropiados o defectuosos que desaprovechan gran parte del agua –y además duchan a los viandantes), continúa creciendo la venta de equipos de aire acondicionado en una ciudad en la que –no nos engañemos– maldita la falta que hace (aunque claro, como copiamos en todo a los EE. UU., ya estamos cogiendo la costumbre de mantener comercios, viviendas, coches, etc. a 18 ºC en verano y a 28 ºC en invierno: ¡hombre claro, a ver si no voy a poder ir en pantalón corto y camiseta en mi propia casa, aunque en la calle esté nevando!), etc.
Tres: somos unos guarros; aparte del poco y mal uso que se hace de las papeleras y contenedores (por no hablar de los destinados al reciclaje, y mucho menos del aceite usado) y de tener la ruin costumbre de arrojar todo al suelo por no caminar dos metros, debería prohibirse de manera cautelar la venta de perros hasta que nos convirtamos en personas civilizadas –la mayoría de estas encantadoras mascotas tienen unos dueños que son más animales que ellos y, no conformes con llevarlos sueltos cuando saben perfectamente que está prohibido y es peligroso para todos (can incluido), no tienen ningún inconveniente en dejar las evacuaciones de sus chuchos en medio de la acera, para disfrute de los vecinos del barrio y regocijo de los despistados que las arrastran con sus zapatos.
Y cuatro. Y cinco, y seis, y siete. Tantas muestras de falta de civismo y respeto por los demás como horas que pasa uno en la calle: en el tráfico, en la limpieza, en los servicios públicos, y así “ad infinitum”.
Viendo el creciente deterioro de este precioso paseo, lo poco o nada que hace nuestro gobierno local por evitarlo y la fiebre inmobiliaria de los últimos años, no me extrañaría que prefieran dejar que se convierta en un estercolero para poder recalificarlo y construir más viviendas en la zona.

jueves, 30 de agosto de 2007

Cuando el pedestal es más grande que la propia estatua

Acabo de llegar de unas vacaciones en Nueva York junto con mi novia Verónica. Es una ciudad maravillosa e impresionante, con una historia apasionante y una cultura interesantísima, indiscutible centro mundial de la arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX e irrefutable capital mundial del ocio y del turismo; pero también es una ciudad que sus propios ciudadanos y gobernantes han desvirtuado y convertido en algo muy diferente, casi opuesto a lo que sentían los revolucionarios de 1776, los abolicionistas y unionistas de la Guerra de Secesión, los constructores y promotores de la Estatua de la Libertad, los inmigrantes llenos de esperanza que veían maravillados por vez primera el perfil de Manhattan, los grandes patriotas como el Walt Whitman de Hojas de Hierba y la Emma Lazarus del soneto The New Colossus, inspirado por la Estatua de la Libertad e inspirador de los demolidos y olvidados cimientos de los Estados Unidos de América:


Not like the brazen giant of Greek fame (No como el mítico gigante griego de bronce).
With conquering limbs astride from land to land (De miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra).
Here at our sea-washed sunset gates shall stand (Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se yerguerá).
A mighty woman with a torch, whose flame (Una poderosa mujer con una antorcha cuya llama).
Is the imprisoned lightning, and her name (Es el relámpago aprisionado, y su nombre).
Mother of Exiles. From her beacon-hand (Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano).
Glows world-wide welcome; her mild eyes command (Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus templados ojos dominan).
The air-bridged harbor that twin cities frame (Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de aéreos puentes).
"Keep, ancient lands, your storied pomp!" cries she (“¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!” grita ella).
With silent lips. "Give me your tired, your poor (Con silenciosos labios. “¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres).
Your huddled masses yearning to breathe free (Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad).
The wretched refuse of your teeming shore (El desamparado deshecho de vuestras rebosantes playas).
Send these, the homeless, tempest-tost to me (Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí).
I lift my lamp beside the golden door! (¡Yo levanto mi faro detrás de la puerta dorada!).


No en vano, la propia Estatua de la Libertad se ve superada en altura por su propio pedestal, curiosa metáfora de una cultura, una ciudad, un país y un imperio que hace mucho tiempo que perdieron el rumbo y dejaron de ser el ejemplo que pretendían para el resto de la humanidad, como si ya ni ellos mismos creyeran en los ideales por los que lucharon sus padres fundadores en su Declaración de Independencia (base de la Declaración de los Derechos Humanos) y en su Constitución (ejemplo para el resto de constituciones modernas), salvo, claro está, la sacrosanta Segunda Enmienda que les permite poseer y portar armas de fuego (teóricamente sólo para defenderse de los partidarios del Rey Jorge de Inglaterra, pero también para asesinar a sus compañeros de colegio si se levantan con el pie izquierdo).


Nueva York presume de ser un crisol de culturas, pero no se dan cuenta de que, salvo contadas excepciones, no se da tal mezcla. No hay más que fijarse en el poco mestizaje que puede verse por las calles. La mayoría de las razas se mantienen puras. Los pertenecientes a una etnia entablan amistades con personas de su misma raza. Incluso el distrito de Brooklyn, gran ejemplo esgrimido como prueba de esa supuesta mezcolanza, no es tal, sino más bien todo lo contrario: barrios virtualmente estancos en los que se agrupa cada nacionalidad, convirtiéndose no en guetos, pero sí en comunidades prácticamente aisladas en las que hablan su propio idioma y siguen sus propias costumbres. Nosotros pasamos dos semanas en el barrio polaco de Greenpoint, tiempo insuficiente para respaldar completamente mis apreciaciones, pero bastante para constatar varios hechos palmarios; por ejemplo, en la zona donde vivíamos había diversos sitios donde desayunar: varios “delis”, muy económicos, con exquisita bollería y buen café; un “Dunkin’ Donuts”, un poco caro, con bollería industrial y nauseabundo café; y un “Starbucks Coffee”, bastante caro, con mediocres café y comida; mientras que estos dos últimos siempre solían estar concurridos por todo tipo de gente, la escasa afluencia de los primeros se componía exclusivamente de polacos, con la excepción de nosotros dos, para extrañeza de sus dueños y empleados.


Ya en Manhattan, auténtico parque temático que nos ofrece las mejores y más espectaculares atracciones del mundo, pero casi vacío de neoyorkinos, se contempla a una masa de inmigrantes y miembros de razas supuestamente minoritarias trabajando las veinticuatro horas del día para servir a los turistas y mantener a una minoría aburguesada adicta a un exacerbado consumismo.


Difícil será encontrar una sonrisa entre una clase acomodada egoísta e individualista, escondidos tras sus reproductores de música para no tener que escuchar a nadie ni a nada, absortos y aborregados con sus adictivos teléfonos móviles, videojuegos portátiles, “blackberries” y demás, habituados a hacerte apartar con su sempiterno “excuse me!” en cualquier lugar y situación (delante de una obra de arte en un museo, a lado de un expositor en una tienda) con tal de que les permitas el paso sin que ellos tengan que desviar unas décimas de grado su recorrido.


Un país tan atemorizado desde el 11 de septiembre y el “Patriot Act” y la propaganda al más puro estilo “1984” que le sucedieron que se han convertido en un rebaño de ovejas prácticamente incapaces de protestar ante ninguna tropelía del Gobierno ni ante situaciones totalmente inaceptables y tercermundistas en los servicios públicos. Tomemos nota, porque nosotros vamos por el mismo camino.


Para terminar, un chiste, extraído del libro que llevé conmigo en este viaje (Brooklyn Follies, de Paul Auster; casi desconocido en su propio país, premio Príncipe de Asturias de las Letras en España): What happened the last time we listened to a Bush? We wandered the desert for forty years. (¿Qué pasó la última vez que escuchamos a una zarza (“bush”, en inglés)? Erramos por el desierto durante cuarenta años).

viernes, 15 de junio de 2007

La ley del mínimo esfuerzo


Durante siglos, el hombre ha logrado solventar las barreras que suponían hablar o escribir lenguas diferentes. Incluso cuando los medios de aprendizaje eran casi nulos, había traductores en las abadías e intérpretes en los palacios. Pese al frustrado intento que supuso el esperanto como intento de creación de una nueva lengua internacional (lugar cada vez más ocupado por el inglés), hoy en día disponemos de más medios y facilidades que nunca para el aprendizaje de cualquier lengua. Con el constante bombardeo de música, películas y términos anglosajones al que nos vemos sometidos, es prácticamente imposible no tener unas nociones básicas del idioma de Shakespeare. Sin embargo, a un tal Jean-Paul Nerrière se le ha ocurrido inventar un engendro llamado “Globish”, consistente en reducir la lengua inglesa a 1500 palabras, evitando metáforas o bromas (es decir, cualquier tipo de esfuerzo para nuestros ya de por sí lobotomizados cerebros) y haciendo el mayor uso posible del lenguaje corporal. Por ejemplo, sugiere no aprender la difícil palabra “nephew” (sobrino), sino utilizar “son of my brother” (hijo de mi hermano) –olvidando que también puede ser hijo de la hermana, lo cual supone otra oportunidad de palabra a eliminar, digo yo–. Ya puestos, ¿por qué limitarnos al inglés, por qué no hacer lo mismo con todos los idiomas? Y 1500 palabras me parecen muchas; yo creo que, si nos empeñamos, podemos dejarlo en 150 – ¡o incluso en 15! Con esta ley del mínimo esfuerzo conseguiremos tirar a la basura miles de años de evolución humana. No en vano, este señor ha sido un alto directivo de dos multinacionales, verdaderas especialistas en crear un mundo mejor para todos nosotros.

Corrupción institucionalizada


Aunque llevamos muchos años asistiendo a sonados casos de corrupción, cada vez más frecuentes y espectaculares, nunca ha dejado de sorprenderme la manera en que nos escandalizamos ante ellos y el modo en que aborrecemos a sus protagonistas, ya sean éstos políticos, empresarios, funcionarios, etc. Y no deja de asombrarme, porque en este país la corrupción está totalmente institucionalizada. Sin ánimo de ofender a las honrosas excepciones que confirman la regla, en general todos los españolitos aprovechamos cualquier oportunidad que se nos presente para sacar un dinerillo extra o reducir gastos: “apaños” con tasaciones e hipotecas, pagos en los que nos hacen el “favor” de no expedir la correspondiente factura para no declarar el IVA, “contabilidad creativa” para abonar menos impuestos, etc. Si alguna vez les ofrecen realizar algún desembolso en dinero “B”, o cualquier otra triquiñuela para pagar menos, observen la perplejidad, incomodidad e incluso desprecio causados en caso de rechazar el ofrecimiento. Incluso existen empresas dedicadas a asesorar a sus clientes para que eviten a toda costa el pago de cualquier tasa o gravamen, normalmente por medio de la apertura de cuentas, realización de inversiones o creación de empresas en paraísos fiscales. Y si existen estos “edenes”, auténticas fábricas de pobreza global, es porque hay demanda de ellos. En mi opinión, la única razón por la despreciamos a los protagonistas de los escándalos más espectaculares es por envidia (nuestro deporte nacional): porque han conseguido robar más y mejor que los demás.

lunes, 28 de mayo de 2007

Católicas por el Derecho a Decidir


Acabo de enterarme de la existencia de una asociación denominada “Católicas por el Derecho a Decidir”, la cual, sin dejar de acentuar su condición de integrantes de la tradición cristiana, reivindica que la Iglesia Católica reconozca el derecho de las mujeres a practicar el aborto.
No voy a aburrir a nadie aquí explicando la diferencia entre “católico” y “cristiano” pero, para que no haya malentendidos en la interpretación de mi carta, diré que soy lo primero (y estoy orgulloso de serlo), pero no lo segundo (cada vez veo menos relación entre el mensaje que nos trajo Jesús y el que nos quiere inculcar la retrógrada e inmovilista Iglesia).
La Iglesia Católica es una asociación religiosa y puede establecer sus propias normas internas, para sus miembros, siempre que éstas sean acordes a la legislación vigente. Una de ellas es la prohibición del aborto. No están negando a nadie el derecho al aborto: sólo están indicando que una de las condiciones para poder pertenecer a esa institución es no practicar el aborto.
Otro ejemplo: hace unos años, una persona homosexual acusó al párroco de su localidad de negarle el sacramento de la comunión en el transcurso de una ceremonia católica. Otra de las normas de la Iglesia es la prohibición de la homosexualidad. No están negando a nadie el derecho a ser homosexual: sólo están diciendo que si se quiere participar en sus ritos, hay que ser heterosexual. Si uno es creyente pero no comparte la ideología de la Iglesia Católica, puede pedirle que no sea tan inflexible con sus normas, pero ésta no tiene porqué cumplirlo. Yo prefiero otra opción: vivir y expresar mi fe cristiana sin pertenecer a la Iglesia Católica, es más, hacerlo sin pertenecer a ninguna religión en concreto y sin asistir a liturgias sin sentido. “La religión está en el corazón y no en las rodillas”, dijo Douglas William Jerrold. Quienes de verdad buscan a Dios, dentro de los santuarios se ahogan.

martes, 15 de mayo de 2007

Inauguración de la estación de metro de la T4


Recientemente hemos asistido a una polémica entre el Ministerio de Fomento y la Comunidad de Madrid sobre cuál de los dos organismos tenía la potestad de inaugurar la nueva estación de metro de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Ambos aseguraban haber aportado el dinero necesario para la construcción de dicha obra pública como razón para atribuirse el derecho a las fotos, a las reseñas periodísticas o radiofónicas y a los espacios televisivos, indispensables en víspera de elecciones. A mí, la verdad, me da igual quién lo inaugure y quién se lleve las palmaditas en la espalda; primero, porque me parece una farsa y un gasto innecesario de una enorme cantidad de dinero (movilización de equipos de seguridad y demás personal, montaje y desmontaje de carpas, servicio de comidas –indispensable “lunch” o “vino español”–, etc.) y, segundo y más importante, porque ese dinero (el de la inauguración y el de lo inaugurado) no lo pone ni la Comunidad Autónoma, ni el Ayuntamiento, ni el Ministerio de turno, sino los ciudadanos con nuestros impuestos. Esos estamentos son meros (y mediocres en la mayoría de los casos –pésimos en el resto–) gestores de nuestro dinero. La nueva estación de metro de la T4, toda la red de metro de Madrid, el aeropuerto de Barajas, la M-30, etc., además de sus respectivas inauguraciones, los estamos pagando los contribuyentes. Que quede patente, entre canapé y canapé, entre foto y foto, entre palmadita en la espalda y palmadita en la espalda.

Día de la bicicleta en Burgos


Soy un burgalés que utiliza la bicicleta durante todo el año: a diario para desplazarme al trabajo y los fines de semana como deporte y divertimento. Desde aquí quiero reivindicar su uso, tanto para solucionar los sempiternos problemas de tráfico, como para reducir la contaminación y frenar el cambio climático (que algunos irresponsables se empeñan en ignorar), o incluso para mejorar la salud y la “línea”, ahora que comienza la “operación bikini”. En los países más civilizados del Centro y Norte de Europa, pese a no gozar de un clima tan favorable como el nuestro, disponen de muchos y mejores medios, infraestructuras y normativa para favorecer el uso de la bicicleta; además, son Culturas mentalizadas en el respeto al ciclista (en el respeto, en general) y en los beneficios de los medios de transporte no contaminantes. Sin embargo, aquí estamos muy lejos de avanzar en ese campo. Los gestores de nuestro dinero se limitan a construir incómodos, inconexos y poco prácticos carriles-bici que no solucionan demasiado la papeleta, y los ciclistas seguimos siendo considerados unos excéntricos que molestan a los peatones cuando circulan en los carriles-bici instalados sobre la acera, así como a los vehículos a motor cuando lo hacen por la carretera. Para escurrir el bulto, organizan una farsa denominada “Día de la bicicleta”, en la cual un sinnúmero de domingueros se unieron a los habituales ciclistas para conseguir sembrar el caos en los paseos de nuestra ciudad durante unas horas: cientos de bicicletas circulando fuera de los carriles-bici, en innumerables ocasiones a velocidades que ponían en peligro su seguridad y, lo que es peor, la de los viandantes; grupos de ciclistas increpando, insultando y haciendo gestos obscenos a conductores que por la razón que fuera no habían secundado la iniciativa. Y todo ello para nada, para que circular en bicicleta siga siendo un engorro para peatones y conductores, y un peligro para los ciclistas. Pero los políticos, en vísperas de elecciones, han quedado bien con aquellos que se tragan lo que les echen.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Democracia entre comillas


Hay gente a la que se le llena la boca con la palabra “democracia”, aunque suelen identificarla con la libertad de voto, que no es lo mismo (no es el pueblo quien “castiga” al gobierno, sino los “lobbies” o grupos de presión). Como buenos prosélitos, repiten como un mantra profundamente inculcado que EE. UU. es una democracia arraigada y la tierra de las libertades, para después compararlo con las decenas de millones de muertos ordenadas por aquellos psicópatas que se hacían llamar comunistas. Jamás deberíamos olvidar las matanzas nazis y soviéticas si queremos evitar que vuelvan a ocurrir (“estudia el pasado si quieres conocer el futuro”, enunció Confucio, y “si quieres conocer el futuro, mira el presente que es su causa”, dicen en Japón). Lo que no es coherente es hacer una distinción entre buenos y malos, colocando a EE. UU. entre los justos. La tan admirada democracia se ha convertido en un imperio llevando a cabo (sin mancharse las manos, eso sí) las mismas injusticias y los mismos genocidios que perpetraron los Stalin, Mao, Pol Pot, etc. Aunque los demagogos se empeñen en llamarlos “demonios menores”, desde los exterminios de los pieles rojas de los primeros colonos hasta el apoyo por parte de Bush y su corte a la familia Bin Laden y al régimen wahabita de Arabia Saudita, hemos visto (por destacar brevemente unos pocos ejemplos) cómo William Randolph Hearst manipulaba el hundimiento accidental del Maine en Cuba para poder declarar la guerra a España, cómo Henry Kissinger (risible premio Nobel de la Paz), no contento con instigar la guerra de Vietnam e instaurar las más sanguinarias dictaduras de África, Asia y Sudamérica, organizaba el golpe de Estado de Chile y los subsiguientes asesinatos, o cómo Ronald Reagan financiaba a los talibanes de Afganistán para que combatieran a la U.R.S.S. y a Saddam Hussein para que luchara contra Irán, todo ello en aras de “defender la democracia en el mundo”. Ejemplos parecidos se podrían aportar de Francia e Inglaterra si tuviera más espacio (todos los imperios se han construido de forma despiadada), pero no servirían de nada si no aprendemos a pensar por nosotros mismos, permitimos que nos laven el cerebro y nos dedicamos a cacarear las consignas que otros necesitan para sus propios intereses.

domingo, 4 de febrero de 2007

Spanglish


Hoy en día es vital desenvolverse bien con la lengua inglesa; aunque no es la más hablada en el mundo, sí que es la más utilizada internacionalmente. En este sentido, en España somos muy afortunados, puesto que nos gusta tanto el inglés que, poco a poco, estamos sustituyendo nuestro castellano por la lengua de Shakespeare (o Beckham, que es más “fashion”). Si en inglés dicen que en un evento determinado se puede utilizar “casual wear”, pues nosotros cambiamos nuestro “vestuario informal” por “ropa casual”; si utilizan la expresión “state of the art” para referirse a una novedad tecnológica, sustituimos “vanguardia” por “estado del arte”; si dicen “implementation”, reemplazamos “implantación” por “implementación”; si utilizan el verbo “list”, nosotros cambiamos “enumerar” por “listar”; si utilizan la expresión “sooner or later”, nosotros preferimos decir “más pronto que tarde” en vez de “tarde o temprano”; si dicen “remove”, cambiamos nuestro “quitar” o “eliminar” por “remover”; si dicen “report”, sustituimos “informe” por “reporte” (incluso nos chirrían las neuronas al leer “reportando al Director Financiero” en el suplemento Infoempleo); y si Max Von Sydow contesta “I haven’t got a clue” en una entrevista con XL Semanal, lo traducimos por “no tengo ni una pista” en vez de “no tengo ni la más remota idea”, o algo similar. Así es todo mucho más fácil, ¿verdad? Y también más grotesco.