domingo, 28 de agosto de 2011

El Ayuntamiento se reunirá con hosteleros y asociaciones juveniles para frenar el botellón



Nadie ha dado con la fórmula mágica que consiga erradicar el botellón de las ciudades. Algunas capitales españolas incluso han arrojado la toalla y hasta han llegado a crear “botellódromos” (espacios situados a las afueras de la ciudades para que los jóvenes se concentren y beban) para alejar a los adolescentes del núcleo urbano y minimizar las molestias que acarrean este tipo de concentraciones al aire libre.
Ni la presencia policial, ni las multas, que no superan los 30 euros (la tarifa la pone la Junta de Castilla y León) consiguen disuadir a los jóvenes de esta forma de entretenimiento que, desde hace años, se extiende como la pólvora. Es más, la responsable del Área de Medio Ambiente de la administración municipal, Carolina Blasco, señala que las sanciones, que no pueden superar esa cuantía por tratarse de menores, no suponen un sacrificio excesivo para los adolescentes. Entre otras cosas, porque si alguno de ellos es pillado in fraganti, el resto de la pandilla puede solidarizarse con el muchacho y repartirse la deuda.
Por su parte, la concejal de Sanidad, Marisol Carrillo, se ha marcado el botellón como uno de los grandes objetivos de su recién estrenada actividad municipal. Así, para tratar de erradicarlo o, al menos, de frenarlo, anuncia que se reunirá con los hosteleros y con las asociaciones juveniles de la ciudad para tratar de encontrar fórmulas que ayuden a encontrar una solución.
Al margen de las intoxicaciones etílicas y de alguna que otra pelea, una de las consecuencias inevitables de estas reuniones es la acumulación de residuos. De eso saben bastante los trabajadores del servicio municipal de limpieza del Ayuntamiento de Burgos. Entre otras cosas, porque cada viernes, sábado y domingo son entre dos y seis los operarios que, en exclusiva y a bordo de una “mini caja” (pequeños vehículos de limpieza), se afanan en borrar las huellas de este tipo de juergas. Y lo hacen desde las siete de la mañana con el objetivo de que sea invisible desde muy temprano. Una cifra que se eleva por encima de los setenta operarios en las fiestas de San Pedro, en las que el número de botellones se dispara, sobre todo en las riberas del río Arlanzón. Esos días, tal y como señalan fuentes municipales, se llegan a recoger más de 30.000 kilogramos de residuos.
Los lugares preferidos.
Como en todo, los jóvenes tienen sus preferencias a la hora de elegir los lugares en los que hacer el botellón. Por un lado, les gusta que sea un lugar apartado y por el que no transite demasiada gente y, por otro, buscan un lugar próximo a una zona de copas. Así, según destacan desde el Ayuntamiento, los lugares en los que se celebran más botellones son: la zona del Castillo (escaleras de subida junto a la muralla y al restaurante El Mirador, Eras de San Francisco, bajada del Castillo a San Francisco y la urbanización Jerez), el entorno de Fuentes Blancas (merendero de Fuente prior y zona “bici-cros”, junto a la Cartuja de Miraflores y la zona de La Ventilla), el paseo de La Quinta, el Parral, las Corazas y la zona de la calle Hospital de los Ciegos en el entorno de Saldaña.
El año pasado, la Policía Local realizó 743 intervenciones en más de 100 espacios distintos de la ciudad. La mayoría, en el centro.

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