jueves, 26 de noviembre de 2009

Dude, Where’s My Country? V

(Traducción de un extracto del capítulo ¿Cómo detener el terrorismo? ¡Dejando de ser terroristas! del libro de Michael Moore ¿Tío, Qué Han Hecho Con Mi País?)

1. Capturar a Osama bin Laden. ¿No decían que Osama era el cerebro del 11S? Con todas las capacidades que tenemos (como leer el número de una matrícula desde un satélite espía en el espacio exterior), ¿por qué no se ha atrapado a este hombre? Mi teoría: está de vuelta a casa en Arabia Saudí protegido por los mismos que le habían estado financiando.



2. Cuando se lance un golpe de Estado para derrocar a algún líder elegido democráticamente en otro país, que se haga bien. Sin obligar al pueblo de esos países a vivir bajo una dictadura patrocinada por los EE.UU. como se hizo en Chile, Indonesia y Guatemala. Estos regímenes se establecen ante todo para permitir a las corporaciones estadounidenses pisotear a la gente. Este tipo de comportamiento acarrea que un determinado segmento rebelde la población termine odiándonos a muerte. Ya lo sé, ya lo sé, qué pandilla de lloricas. La mejor manera para ayudar a propagar la democracia podría ser no deshacer las decisiones democráticas que hace la gente en otros países.
Para saber más sobre la ilustre historia de los EE.UU. desbaratando la democracia y protegiendo crueles dictadores, puede que no haya un sitio mejor donde empezar –en lo que concierne a documentos desclasificados del Gobierno– que el Archivo de Seguridad Nacional en la Universidad George Washington.

3. Respaldar a los dictadores en el poder no nos gana la simpatía de la gente que vive bajo el dominio de dichos dictadores. Nuestro historial de ponernos del lado equivocado es extenso. Saddam y la realeza saudí son sólo parte de una larga lista. Los que viven pisoteados por estos déspotas saben que somos responsables de su sufrimiento.



El libro de William Blum, Matando la Esperanza: Intervenciones Militares y de la CIA de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, da cuenta de los golpes de Estado maquinados por los EE.UU. en Chile, Guatemala e Indonesia.
Guerra Perpetua para una Paz Perpetua: Cómo Conseguimos que nos Odiaran Tanto, es una importante colección de ensayos de Gore Vidal (además, viene con una práctica tabla de veinte páginas que relata la crónica de las intervenciones militares de los EE.UU. desde 1948).
La página Foreign Policy in Focus ofrece una mirada crítica a la política exterior estadounidense.

4. Si se intenta asesinar al presidente de Cuba, asegúrese uno de que se utilizan verdaderos puros explosivos. Fracasar al deshacerse de él, después de habernos pasado décadas apoyando a sus corruptos predecesores, da poca credibilidad a la posición de los EE.UU.



5. Estaría bien averiguar por qué cientos de millones de personas en tres continentes, desde Marruecos en el Atlántico hasta las Filipinas en el Pacífico, están tan cabreados con Israel. No me refiero sólo a esos antisemitas corrientes y molientes, sino a la noción que se percibe de que los estadounidenses están apoyando a Israel para oprimir al pueblo palestino. ¿De dónde han sacado los árabes una idea como esa? Puede que fuera cuando aquel niño palestino miró al cielo y vio un Apache estadounidense lanzar un misil al dormitorio de su hermana pequeña justo antes de volar en cientos de pedazos. ¡Qué susceptibles! ¡Hay gente que se altera por cada tontería! ¿Acaso es eso razón para bailar por las calles cuando el World Trade Center se viene abajo? Por supuesto, también han muerto muchos niños israelíes a manos de los palestinos. Esto nos llevaría a pensar que todo israelí quiera aniquilar el mundo árabe. Sin embargo, el israelí medio no tiene esa respuesta. ¿Por qué? Porque, en su corazón, ellos saben que no tienen razón, que estarían haciendo exactamente lo mismo que los palestinos si estuvieran en su pellejo. Oye, hay una manera de detener los atentados suicidas –dar a los palestinos un montón de helicópteros Apache con lanzamisiles y dejar que se midan con los israelíes en igualdad de condiciones. Cuatro mil millones de dólares al año para Israel, cuatro mil millones al año para Palestina– que se revienten los unos a los otros y nos dejen en paz a los demás.
El Proyecto de Investigación e Información del Medio Oriente tiene un manual básico sobre la sublevación actual en Palestina y otro sobre el Conflicto Árabe-Israelí en Palestina e Israel: www.merip.org. Paz Ahora, la organización para la paz en Israel, cree que “sólo la paz traerá seguridad a Israel y asegurará el futuro de nuestro pueblo.” Presiona al gobierno israelí para que busque la paz –a través de negociaciones y compromiso mutuo– con sus vecinos árabes y el pueblo palestino (www.peacenow.org). La Asociación Árabe por los Derechos Humanos (www.arabhra.org) trabaja para promover y proteger los derechos polícitos, civiles, económicos y culturales de la minoría árabe-palestino en Israel.

6. El 5% de la población mundial (es decir, los EE.UU.) utiliza el 25% del total de los recursos energéticos mundiales, y el 16% que constituye la clase acomodada, que reside sobre todo en los EE.UU., Europa y Japón, gasta el 80% de los bienes mundiales. A algunos esto les parece un poco codicioso, y tiene que cambiar. Si no hay suficiente para todos porque estamos acaparando todo, puede que a algunos les moleste. Puede que se digan a sí mismos, “Hmmm, ¿cómo es que nosotros vivimos con un dólar al día y ellos no?”
Para echar un vistazo crítico a los hábitos de consumo de EE.UU., léase Affluenza: The All-Consuming Epidemic (Opulencia: la Epidemia del Consumo Total), de John de Graaf, David Wann, Thomas H. Naylor y David Horsey. Hay muchas guías para convertir las buenas intenciones en acciones de nuestro día a día: Culture Jam: How to Reverse America’s Suicidal Consumer Binge – and Why we Must (Atasco Cultural: Cómo Invertir el Atracón de Consumo Suicida en EE.UU. – y Porqué es Necesario), de Kalle Lasn; The Complete Idiot’s Guide to Simple Living (Guía Para una Vida Simple Para el Completo Idiota), de Georgene Lockwood; 50 Simple Things You Can Do to Save the Earth (50 Cosas Sencillas que Puedes Hacer Para Salvar la Tierra), de The Earth Works Group; y The Better World Handbook (Manual Para un Mundo Mejor) de Ellis Jones, Ross Haenfler y Brett Johnson.

7. Hay que dar al mundo un poco de agua. Ahora mismo, 1.300 millones de personas no pueden conseguir un vaso de agua limpia. Eso es un montón de gente sedienta. ¡Yo digo que les demos un poco de agua! Si eso es todo lo necesario para evitar que vengan hasta aquí para matarme, me parece un precio bastante barato. No hay excusa, teniendo en cuenta nuestra riqueza y nuestra tecnología, para no asegurar que todo el mundo en este planeta disfrute de condiciones de vida seguras, limpias e higiénicas (y no, la manera de resolver esto no pasa por dar vía libre a Bechtel o Nestlé para que se apropien de todo el agua y después la revendan embotellada, como ya están haciendo en muchos sitios.)
Únete a la campaña de Public Citizen para proteger el acceso universal a un agua potable limpia y al alcance de todos manteniéndola en manos públicas.

8. La gente debería ser capaz de comprar los productos que fabrican. Tal como están las cosas ahora, Manuel, de Monterrey, que acaba de fabricar tu nuevo Ford, nunca podrá permitirse comprárselo. Puede que eso haga que Manuel esté un poco crispado con nosotros. ¿Y qué me dicen de ese trabajador en El Salvador que gana 24 centavos por cada 140 dólares de jerseys de la NBA que produce? ¿O los operarios de una fábrica en China, que ganan 12 céntimos la hora haciendo esos juguetitos tan monos para Disney? ¿O los trabajadores que fabrican ropa para The Gap en Bangladesh, incluyendo mujeres embarazadas, y reciben palizas y golpes rutinarios por errores en la producción? Los EE.UU. se enriquecieron cuando sus trabajadores comenzaron a recibir salarios suficientes para permitirse comprar las mismas casas, coches y equipos de música que estaban produciendo con sus propias manos. Eso les hacía felices y satisfechos, bloqueando de su mente ideas revolucionarias o terroristas. La genialidad de Henry Ford no fue sólo su invención de la cadena de montaje, sino también la de que todo el mundo debería ganar cinco dólares al día (una fortuna en esos días). Manteniendo el precio de los Ford lo suficientemente bajo, todos sus trabajadores podrían permitirse comprar uno. ¿Por qué olvidan esta lección las corporaciones estadounidenses cuando van al extranjero? Va a ser su condena. Dicen que están pagando una miseria a sus trabajadores en el extranjero para que el precio de los productos se mantenga bajo para los consumidores estadounidenses. Pero la verdad es que han trasladado estas fábricas a otros países para poder embolsarse los beneficios. Les iba espléndidamente cuando fabricaban sus productos en los EE.UU. – Henry Ford y sus contemporáneos eran hombres ricos. Pero los nuevos ricos no están satisfechos conformándose con mera riqueza – tienen un deseo insaciable de ganar tanto como sea humanamente posible. Suficiente nunca es bastante para ellos. Hagamos que los peces gordos compartan su riqueza con aquellos que fabrican sus productos para ellos en el extranjero. Es una buena manera de mantenernos seguros el resto de nosotros.
Las historias sobre obreros explotados vienen del organismo de protección National Labour Committee y de UNITE!, el sindicato que representa a los trabajadores del textil en los EE.UU. y Canadá. Conéctese con ellos o con alguna de las muchas campañas anti explotación que existen en la Red: Sweatshop watch; Maquila Solidarity Network y Estudiantes Unidos Contra la Explotación (United Students Against Sweatshops).

9. Ningún niño debe ser un trabajador esclavo. Ya se sabe cómo son los padres – quieren que sus hijos estén en la escuela, no explotados en una fábrica. Mientras por aquí mandamos a nuestros hijos al colegio con un plátano para el almuerzo, niños de diez años en Ecuador marchan al trabajo al lado de sus padres en plantaciones de plátano donde ganan… ¡nada! Si alguien se queja, la empresa despide a los niños y espera que los padres cubran su carga de trabajo.
La División de Derechos del Niño de Human Rights Watch documenta la grave situación del trabajo forzado y esclavo de los niños. La Marcha Global Contra el Trabajo Infantil intenta erradicar el trabajo infantil. Más información sobre las condiciones de trabajo en plantaciones de Filipinas, Costa Rica, Colombia o Guatemala, propiedad de multinacionales como Dole o Del Monte, en IUF y USLEAP.

10. El asesinato de civiles no debería denominarse “daños colaterales”. Cuando son nuestros civiles, lo denominamos “terrorismo”, pero lanzamos bombas en Irak sacrificando a más de 300.000 civiles iraquíes y después nos disculpamos por la “cagada”. Al Qaeda bombardea el World Trade Center y el Pentágono, sacrificando a 3.000 personas, y es terrorismo. ¿Pero qué derecho teníamos para lanzar bombas sobre la población civil de Irak? ¿Acaso estaban esos civiles amenazando nuestras vidas?
La página Iraq Body Count lleva una base de datos de muertes civiles en la Guerra de Irak.

11. Si se declara “Misión Cumplida”, conviene antes asegurarse de que sea cierto. Tanto Kennedy como Johnson y Nixon dijeron en alguna ocasión que los comunistas vietnamitas se habían fugado, habían sido vencidos o exterminados. 58.000 muchachos estadounidenses muertos después –por no mencionar a los cuatro millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos– por fin nos dimos cuenta de que la única manera de “cumplir la misión” era salir de allí cagando leches. Y todavía no hemos pedido perdón por nuestra masacre.

12. Un método infalible para estar realmente seguros sería destruir las armas de destrucción masiva que aún están en manos de la nación que ha matado más gente con ellas que todos los demás países juntos. Sí, destruyamos nuestras armas de destrucción masiva, aquí mismo en los EE.UU. Y llamemos después a Hans Blix para que compruebe que lo hemos hecho. Sólo después de dar al traste con todas y cada una de las bombas atómicas tendremos derecho a decir a Corea del Norte, India, Pakistán, Israel y los demás que no necesitan esas armas. No sólo estaremos dando un buen ejemplo, sino también ahorrando un montón de dinero. Y todavía tendremos suficiente potencia de fuego de alta tecnología como para incinerar a cualquier pueblo de nuestra elección, o superar la carrera armamentística de cualquier nación corrupta.
Según Peace Action, los EE.UU. tienen más de 10.500 cabezas nucleares almacenadas. El Grupo de Trabajo de Armamento Químico se está organizando para asegurar la eliminación segura de municiones y otros armamentos químicos o material tóxico en los EE.UU.

13. Debemos desautorizar inmediatamente la política de guerra preventiva de Bush. Hay que cerrar de un portazo esta caja de Pandora de la locura que han abierto Bush y Cheney – la idea de que es ético matar gente por si acaso se les ocurriera atacarnos no es la mejor manera de relajar al resto del mundo cuando vean las barras y estrellas. ¿Y qué se consigue provocando una guerra que dispersa a los miembros de al Qaeda por todo el mundo? ¿Y qué mensaje se está mandando a los musulmanes que han estado viviendo bajo dictaduras que nosotros, en un momento u otro, hemos aupado al poder?

14. Dejemos de comportarnos como un ladrón que dice “arriba las manos, entregadnos vuestras armas, y ahora entregadnos vuestro petróleo.” Mejor sería ir directos a por el petróleo y saltarse las sandeces sobre democracia o construir una nación. Por supuesto que estaría mal, pero sería más barato y sincero – y no tendríamos que hacer trizas a civiles al azar.



15. Dejemos de aterrorizar a nuestros propios ciudadanos con la Ley Patriota. Y mientras tanto, leamos 1984, de George Orwell, para dejar de poner nombres que nos recuerden a dictadores totalitarios. Para los que no tengan tiempo de leerlo, pueden recortar mis pasajes favoritos y pegarlos en la puerta de la nevera:



- “Los dos objetivos del Partido son conquistar toda la superficie de la Tierra y extinguir de una vez por todas cualquier posibilidad de pensamiento independiente.”
- “Todo lo que se necesitaba de ellos era una forma primitiva de patriotismo a la cual se pudiera apelar cuando fuese necesario para hacerles aceptar más horas de trabajo o raciones más pequeñas.”
- “Podía conseguirse que aceptaran las más flagrantes violaciones de la realidad, ya que nunca comprendían totalmente la enormidad de lo que se les exigía, y no estaban lo suficientemente interesados en los acontecimientos públicos como para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.”
- “Los capitalistas eran propietarios de todo en el mundo, y todos los demás eran sus esclavos. Eran dueños de todas las tierras, todas las casas, todas las fábricas y todo el dinero. Si alguien les desobedecía, podían enviarlo a prisión, o bien quitarle su trabajo y hacer que muriera de hambre. Cuando una persona normal hablaba con un capitalista debía inclinarse, hacerle una reverencia, quitarse la gorra y dirigirse a él como ‘Señor’”.

16. Comencemos a bombardear a los blancos. Parece que ahora tenemos algún prejuicio que sólo nos permite atacar a naciones cuyos habitantes sean no cristianos y de piel oscura. ¡Cuando Francia y Alemania nos cabrearon, deberíamos haberlos bombardeado!

17. Y finalmente… demos buen ejemplo. Recordemos esa lección sobre tratar al la gente como a nosotros nos gustaría que nos trataran. ¡Aún funciona! Cuando se trata bien a la gente, el 99,9% de las ocasiones responden de la misma manera. ¿Y si toda nuestra política exterior se basara en ese novedoso concepto? ¿Y si fuésemos conocidos como el país que antes de explotar el trabajo o los recursos naturales de otros pueblos se dedica a ayudar a su gente? ¿Y si fuésemos conocidos como el país que comparte su increíble riqueza – llegando hasta el punto de tener que pasar sin algunos de los lujos a los que estamos acostumbrados? ¿Qué pensarían de nosotros entonces los pobres y desesperados del mundo? La única verdadera seguridad pasa por garantizar que todas las personas, aquí y en todo el mundo, puedan cubrir sus necesidades básicas y soñar con una vida mejor. O, por lo menos, tenemos que asegurarnos de que no somos nosotros quienes les estamos robando ese sueño.

martes, 17 de noviembre de 2009

Burgos 2016: Seamos serios



“Los alumnos de Químicas trasladan su botellón al parque del Parral”, titulaba uno de sus artículos el Diario de Burgos, en su edición del pasado sábado, donde más abajo informaban que la Policía Local había denunciado a 25 jóvenes por consumo de alcohol y a cuatro por tenencia de estupefacientes durante el operativo que montó con motivo de la fiesta universitaria.
Siendo fieles a la verdad, el titular debería haber sido “La Policía Local traslada el botellón de los alumnos de Químicas al parque de El Parral”, puesto que fueron los agentes encargados del operativo quienes se encargaron de indicar a los veneradores de San Alberto Magno, su idolatrado patrón, que desplazaran su educativa actividad desde los alrededores del Pub Coliseum, donde realmente estaba convocada la fiesta, hasta el cada vez menos parque y más vertedero de El Parral.
Del mismo modo, el artículo podría continuar así: “la Policía Local denuncia sólo a 25 jóvenes por consumo de alcohol y sólo a cuatro por tenencia de estupefacientes, dejando total libertad de acción a cuantos se encontraban en el Parral, así como a quienes se dedicaban a arrancar bicicletas del puesto de Bicibur instalado en la C/ Las Infantas, a volcar contenedores en los alrededores de Las Huelgas, a destrozar el terminal informativo de los autobuses urbanos en la parada de la C/ Bernardino Obregón o a mover las señalizaciones de obras en la Av. Palencia obligando a los conductores a circular peligrosamente durante unos metros en sentido contrario”.
El artículo del Diario de Burgos continúa con varias faltas de precisión (por utilizar un eufemismo) como “la prohibición de celebrar sus fiestas en el campus ha hecho que busquen otras alternativas” (la prohibición abarca sólo el consumo de alcohol, no la celebración de fiestas – de ahí la indirecta de las “alternativas”, que parece no haber sido bien entendida) u “otros muchos jóvenes decidieron hacer botellón en el parque del Parral” (ya hemos visto cómo esa decisión correspondió a los agentes de la Policía Local).

lunes, 9 de noviembre de 2009

Yo, de mayor, corrupto

Hace unas semanas, la sociedad china se escandalizaba ante las palabras de una niña que, al ser interpelada sobre la profesión que le gustaría desempeñar en el futuro, ni corta ni perezosa aseguró que deseaba convertirse “en un funcionario corrupto del Gobierno, porque los oficiales corruptos tienen muchas cosas.”
Seguramente esta noticia habrá tenido mucho menos impacto en España que en cualquier otro país, ya que aquí la corrupción hace muchos años que está completamente asumida, aceptada y hasta admirada y envidiada. Vivimos en un sistema que recompensa la competición, la corrupción, la vanidad y la arrogancia, valores que llevan varias generaciones perpetuándose en nuestra sociedad.



Así, no es de extrañar que pocos por estos lares nos escandalicemos por las aspiraciones “profesionales” de la criatura, cuando la única diferencia entre los corruptos en China y en España es que allí son encarcelados inmediatamente (como poco, puesto que se ha dado algún caso extremo de pena de muerte), mientras que aquí se exige que se respete el “derecho a la dignidad” de los detenidos, como en el caso de la “Operación Pretoria” (¿quién se encarga de inventarse estos nombres?): el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y la Consejería de Justicia de la Generalidad catalana criticaron que los detenidos fueran expuestos esposados ante los periodistas en las puertas de la Audiencia Nacional, y exigieron que se respete su “derecho a la dignidad”. Del mismo modo, Oriol Pujol, hijo del histórico Jordi Pujol, lo consideró una “vejación pública y un escarnio innecesario” y Montserrat Tura, consejera de Justicia, recordó que “hay que respetar el derecho a la imagen, incluso de los detenidos.”



Nada que objetar por mi parte a estas reclamaciones, puesto que así está estipulado en nuestra legislación. Sin embargo, por parte de los detenidos se echa de menos una pizca de esa dignidad que tanto exigen, la cual podrían haber demostrado en el desempeño de sus cargos, en vez de abusar de la confianza que el pueblo les había prestado y convertirse en ladrones corruptos. Los realmente vejados y ultrajados somos los ciudadanos, que nos dedicamos a trabajar (unos pocos afortunados) y pagar impuestos (unos pocos infelices) para que otros se mofen de nosotros y se peguen la vida padre, como entre muchos otros el alcalde de Santa Coloma, una ciudad obrera en la que éste no se molestaba en dormir, ya que prefería las comodidades y lujos de un barrio alto de Barcelona.



Y es que en España la corrupción, sobre todo la urbanística, produce más dinero que el tráfico de drogas, y además las penas son menores, lo cual es un estupendo aliciente para las codiciosas e insaciables manos del politicastro de turno, sus abogados y demás compinches, que son quienes se han forrado realmente estos últimos diez años; la desvergüenza ha llegado hasta tal punto que muchos gobernantes ya piden ellos mismos la pasta, sin necesidad de ningún intermediario. Después, a raíz de todo esto, lo único que se les ocurre es sugerir un “pacto de Estado, con profundas reformas legales (administrativas y penales) al que se comprometan todos los partidos”. ¡Es justo eso lo que nos hace falta! ¡Más leyes, más papelotes, más burocracia! ¡Señores: el robo, el hurto, la prevaricación y el cohecho ya están tipificados como delitos en nuestro Código Penal! ¡Ahora lo que hace falta es cumplirlo! Lo que hace falta aquí es menos palabrería y demagogia, y más decencia, más responsabilidad, más ética y más moral.



Y también menos hipocresía: son intolerables las declaraciones del antiguo presidente de la Generalidad catalana, Jordi Pujol (es la segunda vez que sale su nombre – por algo será), aconsejando que no se tirara mucho de la manta, porque el hedor podría llegar a ser insoportable para todos. Pues, como dice una de las últimas portadas de la revista “El Jueves” (que, dicho sea de paso, poco a poco y sin quererlo se está convirtiendo en una de las pocas publicaciones serias de este simulacro de país), “¡Que alguien tire de la manta, por favor!” Sí, que alguien acabe con este hatajo de saqueadores y expoliadores de bienes comunes y de bienes privados ajenos, estos rentistas que no ven en la vida política representación de interés social alguno, sino oportunidad de negocio y cabildeo.



Y, ya de paso, que alguien ponga fin a lo que en Alemania denominan “puerta giratoria” entre la política y el mundo de los negocios: el hecho de que grandes fortunas entren como si nada en la política (Berlusconi) y, a la inversa, dirigentes políticos vayan a parar al mundo de los negocios tras abandonar su cargo (Schröder en Gazprom, Felipe González en Carlos Slim, Aznar en Rupert Murdoch, y un largo etcétera).