miércoles, 30 de septiembre de 2009

La primera piedra



Aún no he oído a nadie asumir su parte de responsabilidad en la crisis y eso mosquea. Leo que el ciudadano “normal y corriente” no ha sido responsable.
¿De verdad no somos responsables cuando decidimos firmar una hipoteca a tipo variable que se come casi todo nuestro sueldo o cuando pedimos un préstamo personal para pagar la comunión del pequeño, los mega regalos de Navidad o un coche del que podríamos prescindir?
¿No somos responsables cuando no reclamamos factura al fontanero, pagamos pisos en negro o nos devanamos los sesos buscando maneras sofisticadas, éticamente dudosas, de pagar menos impuestos?
¿No somos acaso responsables cuando vivimos al día, por encima de nuestras posibilidades, pensando sólo en nosotros hoy, jamás en mañana y, a la hora de los problemas, nos limitamos a mirar la paja en el ojo ajeno? Yo más bien creo que todos hemos creado al monstruo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El kafkiano proceso de yahoo



Como muchos días desde hace años, me conecto a Internet, entro en la página de yahoo y tecleo mi nombre de usuario y contraseña para echar un vistazo a mi correo electrónico. Sin embargo, la pantalla me dice que hay algún error, por lo que vuelvo a intentarlo, más despacio esta vez, asegurándome de no errar ninguna tecla. Pero el resultado es el mismo, con lo que llego a la conclusión de que esta vez el error no es mío, sino que debe de haber algún problema con la página. Inusual, pero no inaudito. A otra cosa, mariposa.
Unas horas más tarde me viene a la memoria una carta que comencé a escribir el día anterior y me propongo terminarla y enviarla; no es posible porque el problema persiste, así que lo intento por otro lado: con la opción de restablecer la contraseña. Tras teclear mi nombre de usuario y copiar un código de seguridad, veo que así tampoco lo voy a poder solucionar: la pantalla me indica que no puedo restablecer la contraseña porque estoy en línea, lo cual me escama un poco y me hace sospechar que alguien puede estar espiándome puesto que, evidentemente, no estoy en línea. De todos modos, yahoo me ofrece otra salida: un formulario de contacto con su departamento de atención al cliente, el cual relleno explicando todo lo anterior y recordándoles la dirección alternativa para contactar conmigo en estos casos.
Pasan las horas y no obtengo respuesta, así que indago un poco más. La propia página de yahoo ofrece sus detalles de contacto: teléfono, fax y dirección (física, no electrónica). Marco el teléfono y, como es costumbre hoy en día, me proporcionan otro, un “902”; como en éste tardan en contestar, opto por enviar un fax relatando todo lo ocurrido.
Sigue pasando el tiempo sin recibir señales de vida inteligente. Además, un amigo me comenta que me ha enviado un mensaje y le ha sido devuelto informándole de que mi dirección electrónica no existe, por lo que bloqueo de mi mente las imágenes de la película La Red, me armo de paciencia y vuelvo a seguir el procedimiento del formulario de atención al cliente más el fax, añadiendo este último dato, pero es inútil.
Por fin, alguien responde en el “902”, le explico mi situación y, como de costumbre, me pasa a otro departamento. Resignación, que parece que ya vamos por el buen camino. Vuelvo a explicar lo mismo otra vez, me pregunta mi nombre de usuario, mi código postal y alguna cosa más y, cuando parecía que se veía la luz al final del túnel, se me cae el alma a los pies: la pregunta de seguridad, “¿quién era mi héroe cuando era pequeño?” ¡Insensato de mí! Sabía que estas preguntas iban a darme un disgusto algún día, por eso cada vez las refino más al registrarme en algún servicio de Internet, pero cuando lo hice en yahoo era más bisoño y no le otorgué la debida importancia. ¿Martin Luther King? “No.” ¿Daredevil? “No.” ¡Por Dios! ¿Homer Simpson? “¡No! Y se le han agotado las oportunidades, así que no podemos restablecer su cuenta de correo electrónico.



Los siguientes minutos (bastantes) los empleé en intentar convencer a mi interlocutor de lo absurdo y ridículo de la situación, de que me preguntara alguna otra cosa más, cualquier cosa, o que procedieran como otras empresas del ramo, enviándome un enlace para restablecer la contraseña a mi cuenta de correo electrónico alternativa; pero no hubo manera – patético. “El Sistema no me lo permite.” ¿El Sistema? ¿Qué sistema? ¿El económico? ¿El político? ¿El social? ¿El 4-4-2 del fútbol o la defensa en zona del baloncesto? “El Sistema, caballero.”
Todo era tan surrealista que se me había olvidado preguntar por qué diantres me habían bloqueado la cuenta. Según el sufrido empleado de yahoo, a quien seguramente amargué la tarde con mi verborrea, había “violado las condiciones de seguridad y cometido un abuso que contravenía las estipulaciones que en su día firmé al registrarme en yahoo” (más o menos, aunque de lo que estoy seguro es de haber escuchado el verbo “firmar”, cuando yo jamás he “firmado” ningún acuerdo con yahoo, ni físicamente ni por medio de mi firma electrónica). Al solicitarle más detalles sobre mi nueva condición de “violador” y “abusón” (no sé que hago escribiendo esto en libertad, ¡debería estar en un correccional con los grilletes puestos!), me contesta que se trata de una información confidencial que no pueden compartir conmigo, a lo que yo le respondo si ha leído El Proceso, del gran Franz Kafka, y si es consciente de que todo inculpado tiene derecho a saber de qué se le acusa, a tener un juicio justo antes de ser condenado, y tal, y tal. Silencio sepulcral al otro lado de la línea. ¿Oiga, hay alguien ahí? “El Sistema, bla, bla, bla…”
Me puse tan pesado que al final incluso habló con un supervisor para consultarle mi caso, pero sólo supuestamente, porque después no quiso pasarme con él para que pudiera relevarlo en el arduo trabajo de soportar mi determinación. Y al final me quedé como estaba.
En relación con mi presunto delito, lo único que me viene a la cabeza son mis repetidas denuncias a yahoo de la recepción a mi correo electrónico de mensajes (¡cuyo remitente era yo mismo!) ofreciéndome todo tipo de productos de lo más variopinto: antidepresivos, antiinflamatorios, medicamentos para la disfunción eréctil, alargadores de pene o sistemas infalibles para hacerme millonario. Parece ser que yahoo ha considerado inaceptable mi rechazo a esta situación, o que por lo menos les parece más fraudulenta que la venta ilegal de productos utilizando la cuenta de correo electrónico de uno de sus usuarios (productos que, evidentemente, no necesito para nada… ¡faltaría más!)



No es por ser un “anti-sistema”, pero “El Sistema” de yahoo me parece un esperpento digno de las peores pesadillas del mencionado Kafka o de George Orwell. Tampoco es que me suponga ninguna tragedia quedarme sin mi cuenta de yahoo; tengo más con otros proveedores, o puedo limitarme a abrir una nueva con otro nombre y estableciendo como pregunta secreta “¿Quién es tu héroe, tu ídolo, tu líder? ¿A quién amas sobre todas las cosas?” ¡Al Sistema! Simplemente, me supone un percance teniendo en cuenta todas las direcciones allí almacenadas, los correos sin contestar, los boletines y suscripciones o algunos mensajes con valor sentimental.



¡Señoras y señores! ¡Mucho cuidado con la pregunta de seguridad porque, si no son cautos y precavidos, algún día se volverá contra ustedes! Y, sobre todo, por lo que más quieran… ¡Cuidado con “El Sistema”! Aunque todavía no sé exactamente lo que es, me da mucho canguelo.



Por otra parte, si no quieren verse nunca sometidos a un proceso kafkiano como este, si no quieren ser procesados y condenados sin ni siquiera saber de qué se les acusa, simplemente eviten cualquier tipo de contacto o relación con la empresa yahoo. Eviten entrar en sus páginas, alejen el ratón de sus enlaces, cancelen sus cuentas, no expongan sus fotografías en flickr. Yo, por mi parte, me dedicaré, primero a intentar recordar quién demonios era mi héroe cuando era pequeño (¿Mazinger Z?), y segundo a difundir mi profecía contra el diablo yahoo. Aunque claro, no tardará en ser devorado por Google, y ese sí que es un Gran Hermano (el de Orwell, no el de Mercedes Milá).



Avisados quedan.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Dude, Where’s My Country? IV

(Traducción de un extracto del capítulo Los Estados Unidos del Miedo del libro de Michael Moore ¿Tío, Qué Han Hecho Con Mi País?)

El miedo irracional mata. Estimula nuestro instinto de supervivencia. Nos hace abalanzarnos hacia un arma cuando oímos un ruido en mitad de la noche (y terminar disparando a nuestra esposa, que se había levantado para ir al baño). Nos hace no querer vivir cerca de nadie que no sea de nuestra misma raza. Y nos permite renunciar de buena gana a los derechos civiles que hemos disfrutado durante más de 200 años, sólo porque nuestro “líder” nos dice que hay una “amenaza terrorista”.
Según la Administración Bush, y los cuentos que han infiltrado en los medios de comunicación, los terroristas están por todas partes. Parece que cada día nos trae un nuevo aviso. ¡Una nueva alerta! ¡Una nueva amenaza!
• ¡Cuidado con los aeromodelos llenos de explosivos! El Boletín de Aplicación de la Ley del FBI informó de que se enfrentaban a una “amenaza terrorista” por parte de un “arma poco convencional” en forma de “gas sarín”. Después de incautarse de la pequeña bombona de un aeromodelista y llevarla en un avión militar especial hasta una base del ejército especializada en materiales peligrosos, el entusiasta del modalismo admitió que había escrito “gas sarín” en la bombona para gastar una “broma”. Aún así, el gobierno emitió una alerta recomendando estar alerta sobre aeromodelos que pudieran volar con explosivos dentro de un edificio.
• ¡Busquen gente sospechosa merodeando cerca de gasolineras! Un atento encargado de una gasolinera de Oklahoma llamó a las autoridades cuando llegó un grupo con dos furgonetas y un camión de herramientas. En cuestión de minutos, la policía y el FBI habían rodeado y estaban apuntando con sus pistolas a la banda de rock Godspeed You! Black Emperor. Liberados tras horas de interrogatorios, el cantante Efrim Menuck comentó a Seattle Weekly, “Es una suerte que sólo seamos unos buenos chicos canadienses.”
• ¡Al Qaeda podría estar provocando incendios forestales en el oeste de los EE.UU.! El Arizona Republic informó de que un memorándum del FBI a los cuerpos de policía les alertaba de que al Qaeda había desarrollado un plan para provocar incendios en verano en Colorado, Montana, Utah y Wyoming, de tal modo que “una vez se haga evidente que los incendios eran ataques terroristas, los ciudadanos de los EE.UU. presionarían al gobierno para cambiar su política.”
• ¡Informe de cualquier sustancia en polvo con la que se encuentre! Tras recibir una sospechosa sustancia en polvo por correo, una mujer de Nueva Orleans llamó a las autoridades, con lo que bomberos, empleados de correos y agentes del FBI llegaron rápidamente para investigar. Al final resultó que era una muestra gratis de detergente. Pero eso no quiere decir que no haya terroristas por ahí (incluso si las autoridades sospechan que la amenaza de ántrax de 2001 tuvo lugar desde dentro, por parte de alguien del gobierno o de programas aprobados por el gobierno, que tuviera acceso a la sustancia).
¡Chico, qué ocupados están estos terroristas! ¡Aeromodelos explosivos! ¡Gas sarín! ¡Incendios forestales! ¡Leones! ¡Tigres! ¡Osos! ¡El coco viene a cogerme! ¡Sálvese quien pueda! Lo único que es aún más asombroso que esta farsa del miedo es nuestra capacidad para tragárnosla. ¿Dónde está nuestro sentido común? Me refiero a ese reflejo en el cerebro que solía hacernos gritar “¡sandeces!” ante tonterías de este calado.
¿Cómo es que nuestro gobierno ha llegado a extremos tan absurdos para convencernos de que nuestras vidas están en peligro? La respuesta no es otra que su febril deseo de dominar el mundo, primero controlándonos a nosotros, y entonces, a su vez, consiguiendo que apoyemos sus esfuerzos para dominar el resto del planeta. Bush, Cheney, Ashcroft, Wall Street y los miembros de la lista Fortune 500 ven a estos atemorizados EE.UU. tras el 11 de septiembre como su momento –un momento entregado por el destino, a través de los terroristas– para hacerse con las riendas y embestir a los EE.UU. contra cualquiera en el mundo que se atreva a cuestionar quién es el número uno. ¿Quién es el número uno? ¡He dicho que quién es el número uno! Eso es. ¡Dilo en voz alta! Dilo por George y Dick y Johnny y Condi: ¡Somos los números uno! ¡USA, USA, USA! Ellos saben que a los estadounidenses de verdad no les interesa dominar a nadie, así que tienen que vendérnoslo en un envoltorio de regalo – y ese envoltorio es el miedo. Para asustarnos de verdad necesitan un enemigo grande y malo. Una vez desaparecida la Unión Soviética, Bush Sr. no encontraba la respuesta. Antes de que se diera cuenta, Clinton le había puesto de patitas en la calle.
El ala derecha estaba al margen, pero tuvieron ocho largos años para urdir su retorno. Vino a rescatarles un poderoso gabinete de estrategia político, el PNAC (Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense), que sostenía que los EE.UU. deberían tener un único objetivo: un mundo gobernado por los EE.UU., inalterable e impuesto por las armas. Dieron su primer paso el 26 de enero de 1998, en una carta abierta al Presidente Clinton. Los neoconservadores del PNAC Paul Wolfowitz y William Kristol, junto con Donald Rumsfeld y Richard Perle, advertían de que la política de contención en Irak era “peligrosamente inadecuada” y que el objetivo de la política exterior de los EE.UU. debía ser “derrocar a Saddam Hussein y a su régimen.” Cuando Bush Jr. Llegó al poder en el año 2000, entregó el Pentágono a este grupo de lunáticos radicales de extrema derecha. Tras el 11 de septiembre, Rumsfeld, Wolfowitz (por aquél entonces Subsecretario de Defensa de Rumsfeld) y la banda de la guerra promovieron inmediatamente un ataque a Irak como una de las primeras acciones en la nueva Guerra Permanente Contra el Terror. Merced al 11 de septiembre, Wolfowitz y sus compinches halcones de extrema derecha habían encontrado un enemigo que vender al público. Esta es la versión Bush del chantaje mafioso de toda la vida. Hay alguien por ahí que te la va a liar. ¡Osama, él lo hizo! ¡Saddam, lo hizo él! ¡Esos ayatolás chiflados, podrían hacerlo! ¡También Corea Del Norte! Nosotros te protegeremos, sólo entréganos todo tu dinero y todos tus derechos. ¡Y cierra el pico!



Inmediatamente después del 11 de septiembre, Bush fue capaz de promulgar su ley USA PATRIOT (en realidad, las siglas de “Ley del 2001 para Unir y Fortalecer los EE.UU. mediante el Suministro de las Herramientas Adecuadas Necesarias para Interceptar y Obstruir el Terrorismo”). Esta ley otorga el gobierno una libertad sin precedentes para recopilar información sin tener en cuenta los derechos civiles y las cuestiones de privacidad. El Senado votó 98 a 1 a favor de la ley. El Demócrata por Wisconsin Russ Feingold fue el único verdadero patriota en el Senado aquel día, emitiendo el único voto discrepante, mientras se levantaba y pronunciaba estas elocuentes palabras: “Ha habido períodos en la historia de nuestra nación cuando las libertades civiles han dado paso a lo que al mismo tiempo parecían ser las legítimas exigencias de una guerra. Nuestra consciencia nacional todavía conserva las manchas y las cicatrices de esos acontecimientos: las leyes de extranjería y sedición, la suspensión del habeas corpus durante la Guerra Civil, el internamiento de ciudadanos de origen japonés, alemán o italiano durante la II Guerra Mundial, las listas negras de supuestos simpatizantes comunistas durante la época de McCarthy, y la vigilancia y acoso a manifestantes pacifistas, incluyendo a Martin Luther King Jr., durante la Guerra de Vietnam. No podemos permitir que esos pedazos de nuestro pasado tengan continuación”.



El 11 de octubre, sólo un mes después de 11 de septiembre, el Senado aprobó una versión de la ley menos tolerable para los defensores de los derechos civiles que la versión del Congreso, que iba a ser votada al día siguiente. A la Administración no le gustaban las protecciones incluidas en la ley del Congreso, y estuvieron trabajando toda la noche con el portavoz del Congreso para despojarla de todas las protecciones a los derechos civiles por las que habían votado los Comités del Congreso. Finalmente fue entregada a las 3h45’ de la madrugada. Cuando el Congreso se reunió unas horas más tarde para votar, pensaban que estaban votando la redacción acordada el día anterior. En vez de eso, votaron la ley cuyas protecciones habían sido destripadas por el Ministro de Justicia John Ashcroft la noche anterior. Según el Sindicato Americano de las Libertades Civiles (ACLU), pocos miembros del Congreso realmente leyeron la versión final de la ley. Quizás fue la acción más temeraria e irresponsable que nuestro Congreso haya llevado a cabo jamás. Esto es lo que hace esta ley. Tu gobierno ahora puede “atrapar y localizar” todos esos innumerables mensajes electrónicos que pensabas que eran privados. También pueden ser inspeccionados los registros bancarios y escolares, la lista de libros alquilados este año en la biblioteca por usted o por su hijo de nueve años (o incluso con qué frecuencia se ha conectado a Internet en la biblioteca) o sus hábitos de consumo.



Ahora tenemos un precedente de detenciones secretas que sería la envidia de cualquier república bananera. Unos 5.000 jóvenes, la mayoría de ellos estudiantes, han sido “entrevistados” por el FBI simplemente por que podrían no ser ciudadanos de los EE.UU. o por proceder del Medio Oriente. Otras 1.200 personas fueron detenidas y retenidas de manera indefinida y secreta, la mayoría sin motivo alguno aparte de leves infracciones migratorias que habrían sido ignoradas en el pasado. De entre los detenidos por el Servicio de Inmigración y Naturalización, el 11% estuvieron encarcelados durante más de seis meses antes de ser liberados o deportados. Más o menos la mitad permanecieron encarcelados más de tres meses. El propio inspector general del Ministerio de Justicia descubrió que en el dentro federal de detención de Brooklyn, los detenidos sufrían “un patrón de abusos físicos y verbales”, así como políticas de detención “excesivamente duras”, incluyendo confinamientos de 23 horas al día, celdas iluminadas las 24 horas del día, comunicaciones bloqueadas y excesos con las esposas y las cadenas. El informe también criticaba al FBI por sus “pocos esfuerzos para separar” los inmigrantes con posibles lazos con el terrorismo de entre la gran mayoría que no los tenía, incluyendo los muchos que habían sido apresados por casualidad.
Hasta la fecha ya hay por lo menos 34 casos documentados de abusos del FBI en virtud de la Ley Patriot – y por lo menos otros 966 individuos han presentado quejas oficiales. Veamos estos ejemplos:
• John Clarke, un organizador de la Coalición Contra la Pobreza de Ontario (OCAP), fue detenido en la frontera de los EE.UU. por los agentes de inmigración cuando iba de camino a dar una charla en la Universidad de Michigan State. Un agente del Ministerio de Asuntos Exteriores se acercó desde Detroit e interrogó a Clarke sobre su participación en protestas anti-globalización, sobre si “se oponía a la ideología de los EE.UU.” e incluso sobre el paradero de Osama bin Laden. El agente presentó una carpeta del Ministerio de Asuntos Exteriores sobre OCAP que incluía el nombre de un hombre con el que Clarke había vivido en Chicago, así como octavillas de anteriores charlas de Clarke en los EE.UU.
• Un juez de las afueras de Nueva York preguntó a Anissa Khoder, una ciudadana de EE.UU. de ascendencia libanesa, si era “una terrorista” cuando compareció en el juzgado por un asunto de multas de aparcamiento.
• En un instituto de Vermont, un oficial de policía uniformado entró en el aula del profesor Tom Treece a la una y media de la mañana para fotografiar el proyecto artístico de un estudiante que representaba al “Presidente Bush con cinta adhesiva cubriéndole la cara” y la leyenda “Haz buen uso de tu cinta adhesiva. Cállate la boca.” Treece fue destituido de su clase de temas de actualidad.
Otros incidentes, sin llegar a ser obra de los Federales, representan el escalofriante efecto que todo esto ha tenido en nuestra sociedad. Veamos un par de ejemplos:
• La CBS despidió al productor de “Hitler: El Ascenso del Mal” por incluir declaraciones que comparaban la situación de los EE.UU. con la de Alemania cuando Hitler llegó al poder.
• Un profesor de 2º de Bachillerato de un instituto de Lynn, Massachusetts, fue obligado a dejar de poner la película “Bowling for Columbine” en sus clases porque el director decía que contenía “mensajes anti-belicistas.”
• Ari Fleischer advirtió a los críticos de la Administración Bush –y expresamente al humorista Bill Maher– que “tuvieran cuidado con lo que decían y con lo que hacían.”
Esta panda de mentirosos ha utilizado el 11 de septiembre como una excusa para todo. ¿Queréis un nuevo sistema de armamento? ¡Hay que tenerlo! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Queréis reducir las leyes anti-contaminación? ¡Es obligatorio! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Queréis ilegalizar el aborto? ¡Rotundamente! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Qué tiene que ver el 11 de septiembre con el aborto? ¿Oye, por qué estás cuestionando al Gobierno? ¡Que alguien llame al FBI!
¿Qué hacemos? Cacheamos a nonagenarios en silla de ruedas. Atacamos los Derechos Humanos. ¡Sí, así aprenderán esos terroristas! Desmantelemos nuestro modo de vida para que no tengan que venir ellos a dinamitarlo. Desde luego, habrá que tomar algunas precauciones razonables para evitar ataques terroristas. Por ejemplo, George W. Bush debería haber puesto empeño en leer los informes que le enviaba la CIA. El 6 de agosto de 2001, según el Washington Post, unas semanas antes del 11 de septiembre, Bush recibió un exhaustivo informe marcado como “URGENTE” avisándole de que al Qaeda estaba planeando un gran ataque a los EE.UU. (no se conoce el contenido completo del memorándum porque Bush se ha negado a facilitarlo, pese a que Condoleezza Rice no se cansa de repetir que no decía nada en concreto. Si no dice nada en concreto, ¿por qué se niegan a hacerlo público?) Peor aún, un informe de 1999 ya alertaba de que al Qaeda estaba investigando la posibilidad de utilizar aviones como misiles con la intención de estrellarlos contra edificios gubernamentales. ¿Por qué no puso Bush sobre aviso a la nación, cuando tenía un memorándum de inteligencia en sus manos alertando de que los ataques eran inminentes, unido a los informes recibidos de la Administración Clinton? ¿Acaso estaba demasiado ocupado con su completo mes de vacaciones en Crawford, Texas? Bush no cumplió con su cometido, lo cual ha costado la vida a 3.000 personas. Sólo eso ya debería ser suficiente para someterle a un proceso de destitución. Hasta donde yo sé, mentir sobre sexo no le costó la vida a nadie en la Casa Blanca de Clinton.
¿Y si, a finales de los noventa, los Republicanos hubieran dejado al FBI hacer su verdadero trabajo –proteger las vidas de nuestros ciudadanos– en vez de hacerles pasar innumerables horas investigando los hábitos sexuales del presidente? En un momento dado, hubo más de 200 agentes del FBI asignados a alguna porción de la caza de brujas para coger a los Clinton. Doscientos agentes que –quizás– deberían haber estado devolviendo llamadas de escuelas de vuelo en Texas preocupadas por unos tíos raros que no querían aprender las maniobras de despegue y aterrizaje de un avión. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado comprobando cómo los terroristas consiguieron quedarse en el país mucho después de que caducaran sus visados. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado formando a la seguridad de los aeropuertos. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado haciendo cualquier otra cosa menos perder el tiempo por culpa de unos Republicanos derechistas, vengativos y obsesionados con el sexo que querían escribir un libro pornográfico de 50 millones de dólares sobre dónde guardaba sus puros el presidente.
Estamos hablando de terroristas, es necesario que aceptemos y admitamos que la mayoría de los ataques terroristas vienen desde dentro y la mayoría de los terroristas son compatriotas. Hay que dejar de pensar que es el extranjero, el forastero, el que viene a hacernos daño. Esa es la excepción. Cuando se trata de gente secuestrando y estrellando aviones, las únicas dos ocasiones en las que esto ha ocurrido antes del 11 de septiembre, se trataba de personal de las propias compañías aéreas, no de locos desconocidos. Sólo empleados de las compañías aéreas han sido responsables de tales secuestros y masacres hasta el 11 de septiembre de 2001 (un empleado descontento de USAir, que no tenía que pasar por seguridad, subió una pistola a bordo en 1987 y estrelló un avión en California; y el 16 de noviembre de 1999, un empleado de una compañía egipcia tomó el mando de los controles y estrelló el avión en el Océano Atlántico.) Es crucial que dejemos de pensar en los terroristas como encapuchados, anónimos y extranjeros. Es más probable que sea alguien que conozcamos.
La matanza del 11 de septiembre fue presuntamente cometida por un multimillonario. Siempre decimos que fue obra de un “terrorista” o un “fundamentalista islámico” o un “árabe”, pero nunca definimos a Osama con su legítimo título: multimillonario. ¿Por qué nunca hemos leído un titular que diga “Multimillonario asesina a 3.000 personas”? Sería una cabecera correcta, ¿no? No tiene nada de falso – Osama bin Laden tiene activos por un total de por lo menos 30 millones de dólares; es un multimillonario. ¿Así que por qué no es esa la manera en la que vemos esta persona, un rico cabrón que mata a la gente? ¿Por qué no fue esa la manera de hacer el perfil de los potenciales terroristas? En vez de acorralar árabes sospechosos, ¿por qué no decir “¡Oh Dios mío, un multimillonario ha asesinado a 3.000 personas! ¡Cojamos a los multimillonarios! ¡Metedlos a todos en la cárcel! ¡Sin cargos! ¡Sin juicios! ¡Deportad a los millonarios!”? Necesitamos protección de nuestros propios terroristas corporativos multimillonarios, los que nos birlan nuestras pensiones de jubilación, destruyen el medioambiente, merman combustibles fósiles irremplazables en el nombre de los beneficios, nos niegan nuestro derecho a la asistencia sanitaria universal y se llevan los trabajos de la gente cuando les da la gana. ¿Cómo llamarías a un aumento del 19% de indigentes y hambrientos entre 2001 y 2002? ¿Acaso no son ataques terroristas? ¿No cuestan vidas? ¿Acaso no forma todo parte de un calculado plan para infligir dolor a los pobres y a los trabajadores, sólo para que unos pocos ricos puedan hacerse aún más ricos? Aquí tenemos nuestros propios “terroristas” para preocuparnos, y es necesario volver a fijarse en ellos para que algún día podamos vivir en un país donde una vez más la gente pueda elegir a su presidente, donde los ricos aprendan que tienen que pagar por sus hechos. Un país libre, un país seguro, un país pacífico que verdaderamente comparta sus riquezas con aquellos menos afortunados por todo el mundo, un país que crea en el derecho de todos a recibir un trato justo.