miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un poco de polémica

Reproduzco aquí un par de cartas (de D.ª Blanca C. V. y D.ª Lorena Pérez Durá, respectivamente), del XL Semanal del 13 de abril de 2008, sobre el tema de la igualdad entre sexos. Las opiniones es lo que tienen: son como los culos; todo el mundo tiene uno (unos más… y otros menos…). Espero la vuestra.


“No seamos hipócritas”.
Parece que la vida de las mujeres es un valle de lágrimas y no entiendo por qué extraña razón nos unimos a hombres tan malvados. Mi experiencia en el trabajo es que las mujeres exigimos igualdad de sueldo, pero cuando hay que coger peso, pedimos ayuda a los hombres. Queremos ser camioneros, mineros, guardias civiles... Pero nos quedamos embarazadas y enseguida queremos trabajos de oficina y preferimos que, por necesidades del servicio, no nos manden a misiones en el extranjero. Nos pasamos la vida exigiendo la igualdad, pero cuando nos separamos dejamos a los maridos en la indigencia y, como los jueces apoyan más a la mujer, ésta se queda con la casa y con los niños e incluso le niega al padre que pueda verlos cuando lo desea. Se repite la misma historia de que las mujeres no están en los puestos de decisión y se olvida que las mujeres no queremos tantas horas de responsabilidad, de viajes, de reuniones.
No seamos hipócritas: la que trabaja en casa tiene todas las comodidades. Hacemos nuestras cosas cuando queremos y nos apetece; es más reconfortante y relajado que aguantar un trabajo fuera. Hay que ser coherentes: no se puede ser madre y camionero o irse al Líbano. Jamás hemos sido iguales y nuestra naturaleza pone las cosas en su sitio.
Para mí es un lujo quedarme en casa, porque mientras mi marido trabaja ocho horas, yo en dos o tres ya he terminado todo.

“El problema está dentro de nosotras”.
¿Acaso no somos nosotras, las mujeres, las que nos ofrecemos a posar desnudas en las revistas machistas o, algo más corriente, las que nos vestimos y maquillamos simplemente para agradar a los hombres? Cuando tenemos la fuerza, la utilizamos para seguir la moda, la de no conciliarnos, sino atentar contra los hombres por todo el mal que nos han hecho. Por favor, ni ellos son los hombres que nos oprimieron ni nosotras las mujeres que se rebelaron.
Cuando dejemos de hablar de tonterías, de que el lenguaje es, por ejemplo, sexista, y empecemos a confiar sólo en nosotras mismas, defendiendo nuestros derechos y olvidando lo que piensen otros, llegaremos a la igualdad.
Antes que mujeres, tenemos que ser personas.

Buenos ciudadanos que gobernar

Reproduzco aquí (ya que XL Semanal no considera esta parte de su revista lo suficientemente importante como para publicarla por Internet) la acertada carta de D. Jorge Martín Martínez, del 20 de enero de 2008, al hilo de un reportaje sobre la educación en Finlandia y los malos resultados educativos de España.


Me pregunto: ¿la distancia educativa entre Finlandia y España se mide en kilómetros? ¿Por qué no existen en los colegios fineses chuletas, pintadas, destrozo de mobiliario, falta de autoridad de los profesores? ¿Por qué en aquella sociedad es impopular la evasión de impuestos? ¿Por qué valoran tanto la responsabilidad y el esfuerzo? La distancia entre Finlandia y España no es sólo geográfica. El asunto es más profundo.
Tiene mucha razón Pérez-Reverte en todo lo que expresa en su Permitidme tutearos, imbéciles, pero no ahonda ni propone soluciones. Que nadie olvide el trascendental paso de la Reforma protestante. Cuando llegó a ser escandaloso el comercio de indulgencias de la Iglesia de Roma, la mayoría de los países de la Europa central y nórdica decidieron corregir y tomar los asuntos de Dios en serio, no sin luchas. Por el contrario, en la mayoría de los países del sur, el nacional-catolicismo fue impuesto por la fuerza. Después de 400 años analizarnos el resultado. ¿Qué queda de aquel catolicismo en la sociedad española? Sin embargo, los países como Finlandia aprecian, valoran y respetan asuntos vitales. El sistema educativo de Finlandia no tiene éxito por disponer de buenas leyes ni de buenos gobernantes, amigo Pérez-Reverte. Los gobernantes de Finlandia tienen buenos ciudadanos que gobernar. Las leyes tienen buenas comunidades educativas a las que aplicarse.
Y la clave es ésta: la sociedad finlandesa conserva un profundo trasfondo cristiano. No es que todos los fineses sean honestos cristianos, sino que aquella sociedad sigue aún beneficiándose de los pasos que eligió dar cientos de años atrás. Para elevar los niveles educativos en España no necesitarnos más leyes ni mejores gobernantes. Necesitarnos más que eso: una urgente y profunda reforma social.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Dude, Where’s My Country? V

(Traducción de un extracto del capítulo ¿Cómo detener el terrorismo? ¡Dejando de ser terroristas! del libro de Michael Moore ¿Tío, Qué Han Hecho Con Mi País?)

1. Capturar a Osama bin Laden. ¿No decían que Osama era el cerebro del 11S? Con todas las capacidades que tenemos (como leer el número de una matrícula desde un satélite espía en el espacio exterior), ¿por qué no se ha atrapado a este hombre? Mi teoría: está de vuelta a casa en Arabia Saudí protegido por los mismos que le habían estado financiando.



2. Cuando se lance un golpe de Estado para derrocar a algún líder elegido democráticamente en otro país, que se haga bien. Sin obligar al pueblo de esos países a vivir bajo una dictadura patrocinada por los EE.UU. como se hizo en Chile, Indonesia y Guatemala. Estos regímenes se establecen ante todo para permitir a las corporaciones estadounidenses pisotear a la gente. Este tipo de comportamiento acarrea que un determinado segmento rebelde la población termine odiándonos a muerte. Ya lo sé, ya lo sé, qué pandilla de lloricas. La mejor manera para ayudar a propagar la democracia podría ser no deshacer las decisiones democráticas que hace la gente en otros países.
Para saber más sobre la ilustre historia de los EE.UU. desbaratando la democracia y protegiendo crueles dictadores, puede que no haya un sitio mejor donde empezar –en lo que concierne a documentos desclasificados del Gobierno– que el Archivo de Seguridad Nacional en la Universidad George Washington.

3. Respaldar a los dictadores en el poder no nos gana la simpatía de la gente que vive bajo el dominio de dichos dictadores. Nuestro historial de ponernos del lado equivocado es extenso. Saddam y la realeza saudí son sólo parte de una larga lista. Los que viven pisoteados por estos déspotas saben que somos responsables de su sufrimiento.



El libro de William Blum, Matando la Esperanza: Intervenciones Militares y de la CIA de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, da cuenta de los golpes de Estado maquinados por los EE.UU. en Chile, Guatemala e Indonesia.
Guerra Perpetua para una Paz Perpetua: Cómo Conseguimos que nos Odiaran Tanto, es una importante colección de ensayos de Gore Vidal (además, viene con una práctica tabla de veinte páginas que relata la crónica de las intervenciones militares de los EE.UU. desde 1948).
La página Foreign Policy in Focus ofrece una mirada crítica a la política exterior estadounidense.

4. Si se intenta asesinar al presidente de Cuba, asegúrese uno de que se utilizan verdaderos puros explosivos. Fracasar al deshacerse de él, después de habernos pasado décadas apoyando a sus corruptos predecesores, da poca credibilidad a la posición de los EE.UU.



5. Estaría bien averiguar por qué cientos de millones de personas en tres continentes, desde Marruecos en el Atlántico hasta las Filipinas en el Pacífico, están tan cabreados con Israel. No me refiero sólo a esos antisemitas corrientes y molientes, sino a la noción que se percibe de que los estadounidenses están apoyando a Israel para oprimir al pueblo palestino. ¿De dónde han sacado los árabes una idea como esa? Puede que fuera cuando aquel niño palestino miró al cielo y vio un Apache estadounidense lanzar un misil al dormitorio de su hermana pequeña justo antes de volar en cientos de pedazos. ¡Qué susceptibles! ¡Hay gente que se altera por cada tontería! ¿Acaso es eso razón para bailar por las calles cuando el World Trade Center se viene abajo? Por supuesto, también han muerto muchos niños israelíes a manos de los palestinos. Esto nos llevaría a pensar que todo israelí quiera aniquilar el mundo árabe. Sin embargo, el israelí medio no tiene esa respuesta. ¿Por qué? Porque, en su corazón, ellos saben que no tienen razón, que estarían haciendo exactamente lo mismo que los palestinos si estuvieran en su pellejo. Oye, hay una manera de detener los atentados suicidas –dar a los palestinos un montón de helicópteros Apache con lanzamisiles y dejar que se midan con los israelíes en igualdad de condiciones. Cuatro mil millones de dólares al año para Israel, cuatro mil millones al año para Palestina– que se revienten los unos a los otros y nos dejen en paz a los demás.
El Proyecto de Investigación e Información del Medio Oriente tiene un manual básico sobre la sublevación actual en Palestina y otro sobre el Conflicto Árabe-Israelí en Palestina e Israel: www.merip.org. Paz Ahora, la organización para la paz en Israel, cree que “sólo la paz traerá seguridad a Israel y asegurará el futuro de nuestro pueblo.” Presiona al gobierno israelí para que busque la paz –a través de negociaciones y compromiso mutuo– con sus vecinos árabes y el pueblo palestino (www.peacenow.org). La Asociación Árabe por los Derechos Humanos (www.arabhra.org) trabaja para promover y proteger los derechos polícitos, civiles, económicos y culturales de la minoría árabe-palestino en Israel.

6. El 5% de la población mundial (es decir, los EE.UU.) utiliza el 25% del total de los recursos energéticos mundiales, y el 16% que constituye la clase acomodada, que reside sobre todo en los EE.UU., Europa y Japón, gasta el 80% de los bienes mundiales. A algunos esto les parece un poco codicioso, y tiene que cambiar. Si no hay suficiente para todos porque estamos acaparando todo, puede que a algunos les moleste. Puede que se digan a sí mismos, “Hmmm, ¿cómo es que nosotros vivimos con un dólar al día y ellos no?”
Para echar un vistazo crítico a los hábitos de consumo de EE.UU., léase Affluenza: The All-Consuming Epidemic (Opulencia: la Epidemia del Consumo Total), de John de Graaf, David Wann, Thomas H. Naylor y David Horsey. Hay muchas guías para convertir las buenas intenciones en acciones de nuestro día a día: Culture Jam: How to Reverse America’s Suicidal Consumer Binge – and Why we Must (Atasco Cultural: Cómo Invertir el Atracón de Consumo Suicida en EE.UU. – y Porqué es Necesario), de Kalle Lasn; The Complete Idiot’s Guide to Simple Living (Guía Para una Vida Simple Para el Completo Idiota), de Georgene Lockwood; 50 Simple Things You Can Do to Save the Earth (50 Cosas Sencillas que Puedes Hacer Para Salvar la Tierra), de The Earth Works Group; y The Better World Handbook (Manual Para un Mundo Mejor) de Ellis Jones, Ross Haenfler y Brett Johnson.

7. Hay que dar al mundo un poco de agua. Ahora mismo, 1.300 millones de personas no pueden conseguir un vaso de agua limpia. Eso es un montón de gente sedienta. ¡Yo digo que les demos un poco de agua! Si eso es todo lo necesario para evitar que vengan hasta aquí para matarme, me parece un precio bastante barato. No hay excusa, teniendo en cuenta nuestra riqueza y nuestra tecnología, para no asegurar que todo el mundo en este planeta disfrute de condiciones de vida seguras, limpias e higiénicas (y no, la manera de resolver esto no pasa por dar vía libre a Bechtel o Nestlé para que se apropien de todo el agua y después la revendan embotellada, como ya están haciendo en muchos sitios.)
Únete a la campaña de Public Citizen para proteger el acceso universal a un agua potable limpia y al alcance de todos manteniéndola en manos públicas.

8. La gente debería ser capaz de comprar los productos que fabrican. Tal como están las cosas ahora, Manuel, de Monterrey, que acaba de fabricar tu nuevo Ford, nunca podrá permitirse comprárselo. Puede que eso haga que Manuel esté un poco crispado con nosotros. ¿Y qué me dicen de ese trabajador en El Salvador que gana 24 centavos por cada 140 dólares de jerseys de la NBA que produce? ¿O los operarios de una fábrica en China, que ganan 12 céntimos la hora haciendo esos juguetitos tan monos para Disney? ¿O los trabajadores que fabrican ropa para The Gap en Bangladesh, incluyendo mujeres embarazadas, y reciben palizas y golpes rutinarios por errores en la producción? Los EE.UU. se enriquecieron cuando sus trabajadores comenzaron a recibir salarios suficientes para permitirse comprar las mismas casas, coches y equipos de música que estaban produciendo con sus propias manos. Eso les hacía felices y satisfechos, bloqueando de su mente ideas revolucionarias o terroristas. La genialidad de Henry Ford no fue sólo su invención de la cadena de montaje, sino también la de que todo el mundo debería ganar cinco dólares al día (una fortuna en esos días). Manteniendo el precio de los Ford lo suficientemente bajo, todos sus trabajadores podrían permitirse comprar uno. ¿Por qué olvidan esta lección las corporaciones estadounidenses cuando van al extranjero? Va a ser su condena. Dicen que están pagando una miseria a sus trabajadores en el extranjero para que el precio de los productos se mantenga bajo para los consumidores estadounidenses. Pero la verdad es que han trasladado estas fábricas a otros países para poder embolsarse los beneficios. Les iba espléndidamente cuando fabricaban sus productos en los EE.UU. – Henry Ford y sus contemporáneos eran hombres ricos. Pero los nuevos ricos no están satisfechos conformándose con mera riqueza – tienen un deseo insaciable de ganar tanto como sea humanamente posible. Suficiente nunca es bastante para ellos. Hagamos que los peces gordos compartan su riqueza con aquellos que fabrican sus productos para ellos en el extranjero. Es una buena manera de mantenernos seguros el resto de nosotros.
Las historias sobre obreros explotados vienen del organismo de protección National Labour Committee y de UNITE!, el sindicato que representa a los trabajadores del textil en los EE.UU. y Canadá. Conéctese con ellos o con alguna de las muchas campañas anti explotación que existen en la Red: Sweatshop watch; Maquila Solidarity Network y Estudiantes Unidos Contra la Explotación (United Students Against Sweatshops).

9. Ningún niño debe ser un trabajador esclavo. Ya se sabe cómo son los padres – quieren que sus hijos estén en la escuela, no explotados en una fábrica. Mientras por aquí mandamos a nuestros hijos al colegio con un plátano para el almuerzo, niños de diez años en Ecuador marchan al trabajo al lado de sus padres en plantaciones de plátano donde ganan… ¡nada! Si alguien se queja, la empresa despide a los niños y espera que los padres cubran su carga de trabajo.
La División de Derechos del Niño de Human Rights Watch documenta la grave situación del trabajo forzado y esclavo de los niños. La Marcha Global Contra el Trabajo Infantil intenta erradicar el trabajo infantil. Más información sobre las condiciones de trabajo en plantaciones de Filipinas, Costa Rica, Colombia o Guatemala, propiedad de multinacionales como Dole o Del Monte, en IUF y USLEAP.

10. El asesinato de civiles no debería denominarse “daños colaterales”. Cuando son nuestros civiles, lo denominamos “terrorismo”, pero lanzamos bombas en Irak sacrificando a más de 300.000 civiles iraquíes y después nos disculpamos por la “cagada”. Al Qaeda bombardea el World Trade Center y el Pentágono, sacrificando a 3.000 personas, y es terrorismo. ¿Pero qué derecho teníamos para lanzar bombas sobre la población civil de Irak? ¿Acaso estaban esos civiles amenazando nuestras vidas?
La página Iraq Body Count lleva una base de datos de muertes civiles en la Guerra de Irak.

11. Si se declara “Misión Cumplida”, conviene antes asegurarse de que sea cierto. Tanto Kennedy como Johnson y Nixon dijeron en alguna ocasión que los comunistas vietnamitas se habían fugado, habían sido vencidos o exterminados. 58.000 muchachos estadounidenses muertos después –por no mencionar a los cuatro millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos– por fin nos dimos cuenta de que la única manera de “cumplir la misión” era salir de allí cagando leches. Y todavía no hemos pedido perdón por nuestra masacre.

12. Un método infalible para estar realmente seguros sería destruir las armas de destrucción masiva que aún están en manos de la nación que ha matado más gente con ellas que todos los demás países juntos. Sí, destruyamos nuestras armas de destrucción masiva, aquí mismo en los EE.UU. Y llamemos después a Hans Blix para que compruebe que lo hemos hecho. Sólo después de dar al traste con todas y cada una de las bombas atómicas tendremos derecho a decir a Corea del Norte, India, Pakistán, Israel y los demás que no necesitan esas armas. No sólo estaremos dando un buen ejemplo, sino también ahorrando un montón de dinero. Y todavía tendremos suficiente potencia de fuego de alta tecnología como para incinerar a cualquier pueblo de nuestra elección, o superar la carrera armamentística de cualquier nación corrupta.
Según Peace Action, los EE.UU. tienen más de 10.500 cabezas nucleares almacenadas. El Grupo de Trabajo de Armamento Químico se está organizando para asegurar la eliminación segura de municiones y otros armamentos químicos o material tóxico en los EE.UU.

13. Debemos desautorizar inmediatamente la política de guerra preventiva de Bush. Hay que cerrar de un portazo esta caja de Pandora de la locura que han abierto Bush y Cheney – la idea de que es ético matar gente por si acaso se les ocurriera atacarnos no es la mejor manera de relajar al resto del mundo cuando vean las barras y estrellas. ¿Y qué se consigue provocando una guerra que dispersa a los miembros de al Qaeda por todo el mundo? ¿Y qué mensaje se está mandando a los musulmanes que han estado viviendo bajo dictaduras que nosotros, en un momento u otro, hemos aupado al poder?

14. Dejemos de comportarnos como un ladrón que dice “arriba las manos, entregadnos vuestras armas, y ahora entregadnos vuestro petróleo.” Mejor sería ir directos a por el petróleo y saltarse las sandeces sobre democracia o construir una nación. Por supuesto que estaría mal, pero sería más barato y sincero – y no tendríamos que hacer trizas a civiles al azar.



15. Dejemos de aterrorizar a nuestros propios ciudadanos con la Ley Patriota. Y mientras tanto, leamos 1984, de George Orwell, para dejar de poner nombres que nos recuerden a dictadores totalitarios. Para los que no tengan tiempo de leerlo, pueden recortar mis pasajes favoritos y pegarlos en la puerta de la nevera:



- “Los dos objetivos del Partido son conquistar toda la superficie de la Tierra y extinguir de una vez por todas cualquier posibilidad de pensamiento independiente.”
- “Todo lo que se necesitaba de ellos era una forma primitiva de patriotismo a la cual se pudiera apelar cuando fuese necesario para hacerles aceptar más horas de trabajo o raciones más pequeñas.”
- “Podía conseguirse que aceptaran las más flagrantes violaciones de la realidad, ya que nunca comprendían totalmente la enormidad de lo que se les exigía, y no estaban lo suficientemente interesados en los acontecimientos públicos como para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.”
- “Los capitalistas eran propietarios de todo en el mundo, y todos los demás eran sus esclavos. Eran dueños de todas las tierras, todas las casas, todas las fábricas y todo el dinero. Si alguien les desobedecía, podían enviarlo a prisión, o bien quitarle su trabajo y hacer que muriera de hambre. Cuando una persona normal hablaba con un capitalista debía inclinarse, hacerle una reverencia, quitarse la gorra y dirigirse a él como ‘Señor’”.

16. Comencemos a bombardear a los blancos. Parece que ahora tenemos algún prejuicio que sólo nos permite atacar a naciones cuyos habitantes sean no cristianos y de piel oscura. ¡Cuando Francia y Alemania nos cabrearon, deberíamos haberlos bombardeado!

17. Y finalmente… demos buen ejemplo. Recordemos esa lección sobre tratar al la gente como a nosotros nos gustaría que nos trataran. ¡Aún funciona! Cuando se trata bien a la gente, el 99,9% de las ocasiones responden de la misma manera. ¿Y si toda nuestra política exterior se basara en ese novedoso concepto? ¿Y si fuésemos conocidos como el país que antes de explotar el trabajo o los recursos naturales de otros pueblos se dedica a ayudar a su gente? ¿Y si fuésemos conocidos como el país que comparte su increíble riqueza – llegando hasta el punto de tener que pasar sin algunos de los lujos a los que estamos acostumbrados? ¿Qué pensarían de nosotros entonces los pobres y desesperados del mundo? La única verdadera seguridad pasa por garantizar que todas las personas, aquí y en todo el mundo, puedan cubrir sus necesidades básicas y soñar con una vida mejor. O, por lo menos, tenemos que asegurarnos de que no somos nosotros quienes les estamos robando ese sueño.

martes, 17 de noviembre de 2009

Burgos 2016: Seamos serios



“Los alumnos de Químicas trasladan su botellón al parque del Parral”, titulaba uno de sus artículos el Diario de Burgos, en su edición del pasado sábado, donde más abajo informaban que la Policía Local había denunciado a 25 jóvenes por consumo de alcohol y a cuatro por tenencia de estupefacientes durante el operativo que montó con motivo de la fiesta universitaria.
Siendo fieles a la verdad, el titular debería haber sido “La Policía Local traslada el botellón de los alumnos de Químicas al parque de El Parral”, puesto que fueron los agentes encargados del operativo quienes se encargaron de indicar a los veneradores de San Alberto Magno, su idolatrado patrón, que desplazaran su educativa actividad desde los alrededores del Pub Coliseum, donde realmente estaba convocada la fiesta, hasta el cada vez menos parque y más vertedero de El Parral.
Del mismo modo, el artículo podría continuar así: “la Policía Local denuncia sólo a 25 jóvenes por consumo de alcohol y sólo a cuatro por tenencia de estupefacientes, dejando total libertad de acción a cuantos se encontraban en el Parral, así como a quienes se dedicaban a arrancar bicicletas del puesto de Bicibur instalado en la C/ Las Infantas, a volcar contenedores en los alrededores de Las Huelgas, a destrozar el terminal informativo de los autobuses urbanos en la parada de la C/ Bernardino Obregón o a mover las señalizaciones de obras en la Av. Palencia obligando a los conductores a circular peligrosamente durante unos metros en sentido contrario”.
El artículo del Diario de Burgos continúa con varias faltas de precisión (por utilizar un eufemismo) como “la prohibición de celebrar sus fiestas en el campus ha hecho que busquen otras alternativas” (la prohibición abarca sólo el consumo de alcohol, no la celebración de fiestas – de ahí la indirecta de las “alternativas”, que parece no haber sido bien entendida) u “otros muchos jóvenes decidieron hacer botellón en el parque del Parral” (ya hemos visto cómo esa decisión correspondió a los agentes de la Policía Local).

lunes, 9 de noviembre de 2009

Yo, de mayor, corrupto

Hace unas semanas, la sociedad china se escandalizaba ante las palabras de una niña que, al ser interpelada sobre la profesión que le gustaría desempeñar en el futuro, ni corta ni perezosa aseguró que deseaba convertirse “en un funcionario corrupto del Gobierno, porque los oficiales corruptos tienen muchas cosas.”
Seguramente esta noticia habrá tenido mucho menos impacto en España que en cualquier otro país, ya que aquí la corrupción hace muchos años que está completamente asumida, aceptada y hasta admirada y envidiada. Vivimos en un sistema que recompensa la competición, la corrupción, la vanidad y la arrogancia, valores que llevan varias generaciones perpetuándose en nuestra sociedad.



Así, no es de extrañar que pocos por estos lares nos escandalicemos por las aspiraciones “profesionales” de la criatura, cuando la única diferencia entre los corruptos en China y en España es que allí son encarcelados inmediatamente (como poco, puesto que se ha dado algún caso extremo de pena de muerte), mientras que aquí se exige que se respete el “derecho a la dignidad” de los detenidos, como en el caso de la “Operación Pretoria” (¿quién se encarga de inventarse estos nombres?): el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y la Consejería de Justicia de la Generalidad catalana criticaron que los detenidos fueran expuestos esposados ante los periodistas en las puertas de la Audiencia Nacional, y exigieron que se respete su “derecho a la dignidad”. Del mismo modo, Oriol Pujol, hijo del histórico Jordi Pujol, lo consideró una “vejación pública y un escarnio innecesario” y Montserrat Tura, consejera de Justicia, recordó que “hay que respetar el derecho a la imagen, incluso de los detenidos.”



Nada que objetar por mi parte a estas reclamaciones, puesto que así está estipulado en nuestra legislación. Sin embargo, por parte de los detenidos se echa de menos una pizca de esa dignidad que tanto exigen, la cual podrían haber demostrado en el desempeño de sus cargos, en vez de abusar de la confianza que el pueblo les había prestado y convertirse en ladrones corruptos. Los realmente vejados y ultrajados somos los ciudadanos, que nos dedicamos a trabajar (unos pocos afortunados) y pagar impuestos (unos pocos infelices) para que otros se mofen de nosotros y se peguen la vida padre, como entre muchos otros el alcalde de Santa Coloma, una ciudad obrera en la que éste no se molestaba en dormir, ya que prefería las comodidades y lujos de un barrio alto de Barcelona.



Y es que en España la corrupción, sobre todo la urbanística, produce más dinero que el tráfico de drogas, y además las penas son menores, lo cual es un estupendo aliciente para las codiciosas e insaciables manos del politicastro de turno, sus abogados y demás compinches, que son quienes se han forrado realmente estos últimos diez años; la desvergüenza ha llegado hasta tal punto que muchos gobernantes ya piden ellos mismos la pasta, sin necesidad de ningún intermediario. Después, a raíz de todo esto, lo único que se les ocurre es sugerir un “pacto de Estado, con profundas reformas legales (administrativas y penales) al que se comprometan todos los partidos”. ¡Es justo eso lo que nos hace falta! ¡Más leyes, más papelotes, más burocracia! ¡Señores: el robo, el hurto, la prevaricación y el cohecho ya están tipificados como delitos en nuestro Código Penal! ¡Ahora lo que hace falta es cumplirlo! Lo que hace falta aquí es menos palabrería y demagogia, y más decencia, más responsabilidad, más ética y más moral.



Y también menos hipocresía: son intolerables las declaraciones del antiguo presidente de la Generalidad catalana, Jordi Pujol (es la segunda vez que sale su nombre – por algo será), aconsejando que no se tirara mucho de la manta, porque el hedor podría llegar a ser insoportable para todos. Pues, como dice una de las últimas portadas de la revista “El Jueves” (que, dicho sea de paso, poco a poco y sin quererlo se está convirtiendo en una de las pocas publicaciones serias de este simulacro de país), “¡Que alguien tire de la manta, por favor!” Sí, que alguien acabe con este hatajo de saqueadores y expoliadores de bienes comunes y de bienes privados ajenos, estos rentistas que no ven en la vida política representación de interés social alguno, sino oportunidad de negocio y cabildeo.



Y, ya de paso, que alguien ponga fin a lo que en Alemania denominan “puerta giratoria” entre la política y el mundo de los negocios: el hecho de que grandes fortunas entren como si nada en la política (Berlusconi) y, a la inversa, dirigentes políticos vayan a parar al mundo de los negocios tras abandonar su cargo (Schröder en Gazprom, Felipe González en Carlos Slim, Aznar en Rupert Murdoch, y un largo etcétera).

viernes, 23 de octubre de 2009

Contrato Social del siglo XXI



© Eduardo González de Sarralde.

ACEPTO,
- La búsqueda desesperada del beneficio propio y la acumulación de riqueza como fines supremos, y la despiadada competitividad como la base de nuestro sistema.

- Que el valor de una persona sea siempre proporcional a su productividad y sea excluido si no produce lo suficiente.

- La destrucción de los bosques y de la vida en los océanos, la extinción de las especies animales y vegetales, el aumento de la polución industrial, la dispersión de venenos químicos y elementos radiactivos en la naturaleza, y el aumento de las enfermedades y consecuente mortandad como algo necesario y natural.

- Consumir gustosamente la carne tratada con abundancia de hormonas y que se permita a las multinacionales agroalimentarias modificar genéticamente las plantas, patentar nuevos seres vivos y tener bajo su yugo a la agricultura mundial.

- Que se haga la guerra (con cualquier coste y pretexto) para así hacer reinar una paz nunca lograda.

- El amplio dominio del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía costosa, sucia y contaminante, y que se bloqueen intentos de sustituirla.

- Que, aunque la libertad de expresión sea una de las máximas de las Constituciones, no pueda ejercerla plenamente sin ser de alguna manera castigado.



- Que se recompense exageradamente a algunos por publicidad de productos fabricados en pésimas condiciones y donde la mano de obra es sobreexplotada.



- Rendirme a los entretenimientos y distracciones que se me brindan y quedar desinformado para mantenerme en la ingenuidad del desconocimiento, pues el coste de salirme de ésta es mucho más alto.

- Que decisiones de una minoría que decida por mí signifiquen un claro beneficio para ella, y para los demás un claro perjuicio.

- Creer la realidad que me describan los que fabrican la opinión pública, actuar como me digan que haga y pensar como quieran que piense.

Acepto pues rendirme a una situación que no puedo ni quiero cambiar. El sistema está bien.

viernes, 16 de octubre de 2009

Burgos 2016: Nos estamos cargando El Parral






Ahora resulta que el botellón se ha trasladado al “Parque” de El Parral – entrecomillo lo de “parque” porque cada vez lo es menos, ya que se está convirtiendo en un vertedero. Por si la “celebración” (sigo con los entrecomillados) del Curpillos no deteriorara lo suficiente este otrora espacio verde de la “ciudad” de Burgos (ridículamente candidata a no sé qué evento en el 2016), y por si las constantes chuletadas no lo pusieran lo bastante en peligro, incluso entrando con los coches hasta “la cocina” para mayor comodidad del “ciudadano” (hay carteles en todas las entradas que prohíben hacer fuego, pero ¿de qué sirve la ley si nadie se preocupa de hacerla cumplir?), ahora tenemos un caso más de otra normativa que nuestras autoridades se pasan, con perdón, por el forro de…, permitiendo que los supermercados vendan licores a menores para que después se agrupen en hordas que se establecen donde les place (pese a la ordenanza municipal que impide beber en la calle, este verano, con la connivencia y aliento de nuestras autoridades –será para fomentar el tan idolatrado consumo–, el botellón se institucionalizó en las riberas del río, que por las mañanas olían, literalmente, a calimocho y a orina) y dan rienda suelta a su alternativa de ocio favorita, destrozando nuestro medio ambiente, provocando contaminación acústica y, como colofón, celebrando la permisividad, indolencia, papanatismo, pusilanimidad e incompetencia de nuestras autoridades con algún acto de vandalismo. Lo más divertido de todo, si algún vecino tiene la ocurrencia de llamar a la policía, es ver cómo minutos después, parsimonioso, llega el coche patrulla (porque sólo es uno), bordea el recinto del erial y vuelve a alejarse sin tomar cartas en el asunto.







Entonces viene el chantaje emocional, frases como “dejen de criminalizar a los jóvenes y aporten soluciones” o reclamaciones de otras alternativas de ocio. Pues aprovecho para aportar una posible solución, chaval: haz botellón de vez en cuando, pero sin dar berridos ni dejar todo lleno de mierda (hasta un crío sabe recoger sus propios residuos, meterlos en una bolsa y, si no hay un contenedor o papelera cerca, llevarlos a otro lugar.), pero diversifica tu tiempo de ocio haciendo uso de la infinidad de alternativas que nuestra sociedad y tu mente (si te decides a darle uso) ponen a tu disposición; conoce Burgos, su Historia y su Patrimonio, lee, escucha música, ve al cine, ve al teatro, ve a conciertos, pasea por nuestra Naturaleza, haz deporte (todas estas actividades son más baratas que el botellón, algunas de ellas incluso gratuitas).


Irónicamente, no soy mucho mayor que los integrantes del grupo de energúmenos que ahora oigo y veo desde mi ventana; no hace mucho, yo también hacía mis pinitos en el mundo del botellón, al igual que muchos otros de mi edad. Sin embargo, nos diferencian un par de aspectos: nuestra conciencia ecológica (era difícil discernir al día siguiente dónde habíamos estado bebiendo), nuestro respeto al prójimo (menor nivel de ruido y ausencia de vandalismo) y nuestra poca voluntad de postularnos como candidatos a los Premios Darwin, puesto que limitábamos nuestra ingesta de alcohol a niveles que permitieran que nuestros cerebros, órgano totalmente “zombificado” en la mayoría de los zopencos que observo ahora, siguieran funcionando algunos años más.



Es decir, que el botellón ha existido siempre, pero el respeto al prójimo nunca ha sido tan bajo (o nulo) como hoy en día. Y ahora no me refiero sólo al botellón: fíjense en la manera de conducir de muchos, la manera de tratarse y hablarse unos a otros, la manera de hacer uso (o abuso) de los servicios públicos, el afán con el que nos devanamos los sesos buscando maneras éticamente dudosas de pagar menos impuestos o la estulticia, pasotismo, desvergüenza y corrupción de las autoridades, que nunca ha sido tan flagrante y tan patente, sin que nadie se escandalice por ello.




Dice mi señora que, viendo a estos patanes, mejor nos hacemos un plan de pensiones privado, ya que no van a poder contribuir a las arcas de la Seguridad Social (no se hacen tantas películas de zombis como para contratar a tanto extra). A mí es una cuestión que no me preocupa; viendo el panorama, seguro que la Madre Tierra elimina de su faz al virus homo ¿sapiens? (¡Ja!) antes de que nos llegue la jubilación. Y si no me creen, vengan conmigo el jueves que viene a mirar por la ventana – o pregunten a vecinos de otras zonas menos afortunadas.

viernes, 2 de octubre de 2009

Hipocresía sobre ruedas

Estos días, los taxistas del Aeropuerto de Madrid-Barajas han sido noticia por su demanda de más control y multas contra el intrusismo que supuestamente padece su profesión. Estos 1.500 taxistas (de los 16.000 que hay en Madrid) paralizaron durante dos horas el tráfico en el aeropuerto, coincidiendo con la salida de la delegación de Madrid 2016 a Copenhague, para reclamar que se prohíba el traslado de viajeros por parte de particulares, autobuses y furgonetas. Hubo insultos, altercados y hasta roturas de lunas, retrovisores y limpiaparabrisas de vehículos de otras empresas o de compañeros que no secundaron la huelga.



Y es que se calcula que hasta 3.000 vehículos “piratas” (sin licencia de ningún tipo y, en muchas ocasiones, sin ni siquiera seguro) podrían estar circulando por las calles de Madrid, la mayoría de ellos recogiendo pasajeros del aeropuerto de manera ilegal. Se hace evidente la necesidad de regular esta cuestión, en beneficio tanto de los taxistas como de los viajeros, que muchas veces corren peligro sin saberlo al aceptar los servicios de algún “pirata”.



Sin embargo, también recibieron improperios y agresiones los conductores de las furgonetas y autobuses que, contratados por hoteles, transportan a sus clientes a y desde el aeropuerto. Y ahí es donde los señores taxistas están sacando los pies del plato. Prueben ustedes un día cualquiera a subirse a un taxi en el aeropuerto y pedirle al conductor que les lleve a un hotel que quede “demasiado cerca”. Lo mejor que puede pasarle es que se le indique que se baje del vehículo y utilice otro medio de transporte; lo peor, si a uno le da por reclamar los derechos y obligaciones de cada uno, desde insultos hasta amenazas, en ocasiones con la participación del resto del gremio. Si estos señores se niegan a prestar sus servicios a determinados clientes que no garantizan la amortización de la espera en la terminal, ¿por qué se niegan a que sean transportados a cuenta de los propios hoteles? ¿Acaso quieren ser una variante de El Perro del Hortelano, en este caso comiendo, pero sin dejar comer (ni “ser comidos” o, en este caso, transportados)?



La crisis nos está afectando mucho a todos, y probablemente el del taxi sea uno de los sectores más afectados, pero no creo que eso otorgue derecho a la demagogia, a la manipulación, a la exageración y al victimismo, y mucho menos si van acompañados de violencia física y verbal.
Por otro lado, no creo que sea correcto, como se está haciendo en algún medio, generalizar y acusar a los taxistas de prácticas ilícitas, ya que los cobros exorbitados a turistas extranjeros, sobre todo japoneses, son muy puntuales y excepcionales.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La primera piedra



Aún no he oído a nadie asumir su parte de responsabilidad en la crisis y eso mosquea. Leo que el ciudadano “normal y corriente” no ha sido responsable.
¿De verdad no somos responsables cuando decidimos firmar una hipoteca a tipo variable que se come casi todo nuestro sueldo o cuando pedimos un préstamo personal para pagar la comunión del pequeño, los mega regalos de Navidad o un coche del que podríamos prescindir?
¿No somos responsables cuando no reclamamos factura al fontanero, pagamos pisos en negro o nos devanamos los sesos buscando maneras sofisticadas, éticamente dudosas, de pagar menos impuestos?
¿No somos acaso responsables cuando vivimos al día, por encima de nuestras posibilidades, pensando sólo en nosotros hoy, jamás en mañana y, a la hora de los problemas, nos limitamos a mirar la paja en el ojo ajeno? Yo más bien creo que todos hemos creado al monstruo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El kafkiano proceso de yahoo



Como muchos días desde hace años, me conecto a Internet, entro en la página de yahoo y tecleo mi nombre de usuario y contraseña para echar un vistazo a mi correo electrónico. Sin embargo, la pantalla me dice que hay algún error, por lo que vuelvo a intentarlo, más despacio esta vez, asegurándome de no errar ninguna tecla. Pero el resultado es el mismo, con lo que llego a la conclusión de que esta vez el error no es mío, sino que debe de haber algún problema con la página. Inusual, pero no inaudito. A otra cosa, mariposa.
Unas horas más tarde me viene a la memoria una carta que comencé a escribir el día anterior y me propongo terminarla y enviarla; no es posible porque el problema persiste, así que lo intento por otro lado: con la opción de restablecer la contraseña. Tras teclear mi nombre de usuario y copiar un código de seguridad, veo que así tampoco lo voy a poder solucionar: la pantalla me indica que no puedo restablecer la contraseña porque estoy en línea, lo cual me escama un poco y me hace sospechar que alguien puede estar espiándome puesto que, evidentemente, no estoy en línea. De todos modos, yahoo me ofrece otra salida: un formulario de contacto con su departamento de atención al cliente, el cual relleno explicando todo lo anterior y recordándoles la dirección alternativa para contactar conmigo en estos casos.
Pasan las horas y no obtengo respuesta, así que indago un poco más. La propia página de yahoo ofrece sus detalles de contacto: teléfono, fax y dirección (física, no electrónica). Marco el teléfono y, como es costumbre hoy en día, me proporcionan otro, un “902”; como en éste tardan en contestar, opto por enviar un fax relatando todo lo ocurrido.
Sigue pasando el tiempo sin recibir señales de vida inteligente. Además, un amigo me comenta que me ha enviado un mensaje y le ha sido devuelto informándole de que mi dirección electrónica no existe, por lo que bloqueo de mi mente las imágenes de la película La Red, me armo de paciencia y vuelvo a seguir el procedimiento del formulario de atención al cliente más el fax, añadiendo este último dato, pero es inútil.
Por fin, alguien responde en el “902”, le explico mi situación y, como de costumbre, me pasa a otro departamento. Resignación, que parece que ya vamos por el buen camino. Vuelvo a explicar lo mismo otra vez, me pregunta mi nombre de usuario, mi código postal y alguna cosa más y, cuando parecía que se veía la luz al final del túnel, se me cae el alma a los pies: la pregunta de seguridad, “¿quién era mi héroe cuando era pequeño?” ¡Insensato de mí! Sabía que estas preguntas iban a darme un disgusto algún día, por eso cada vez las refino más al registrarme en algún servicio de Internet, pero cuando lo hice en yahoo era más bisoño y no le otorgué la debida importancia. ¿Martin Luther King? “No.” ¿Daredevil? “No.” ¡Por Dios! ¿Homer Simpson? “¡No! Y se le han agotado las oportunidades, así que no podemos restablecer su cuenta de correo electrónico.



Los siguientes minutos (bastantes) los empleé en intentar convencer a mi interlocutor de lo absurdo y ridículo de la situación, de que me preguntara alguna otra cosa más, cualquier cosa, o que procedieran como otras empresas del ramo, enviándome un enlace para restablecer la contraseña a mi cuenta de correo electrónico alternativa; pero no hubo manera – patético. “El Sistema no me lo permite.” ¿El Sistema? ¿Qué sistema? ¿El económico? ¿El político? ¿El social? ¿El 4-4-2 del fútbol o la defensa en zona del baloncesto? “El Sistema, caballero.”
Todo era tan surrealista que se me había olvidado preguntar por qué diantres me habían bloqueado la cuenta. Según el sufrido empleado de yahoo, a quien seguramente amargué la tarde con mi verborrea, había “violado las condiciones de seguridad y cometido un abuso que contravenía las estipulaciones que en su día firmé al registrarme en yahoo” (más o menos, aunque de lo que estoy seguro es de haber escuchado el verbo “firmar”, cuando yo jamás he “firmado” ningún acuerdo con yahoo, ni físicamente ni por medio de mi firma electrónica). Al solicitarle más detalles sobre mi nueva condición de “violador” y “abusón” (no sé que hago escribiendo esto en libertad, ¡debería estar en un correccional con los grilletes puestos!), me contesta que se trata de una información confidencial que no pueden compartir conmigo, a lo que yo le respondo si ha leído El Proceso, del gran Franz Kafka, y si es consciente de que todo inculpado tiene derecho a saber de qué se le acusa, a tener un juicio justo antes de ser condenado, y tal, y tal. Silencio sepulcral al otro lado de la línea. ¿Oiga, hay alguien ahí? “El Sistema, bla, bla, bla…”
Me puse tan pesado que al final incluso habló con un supervisor para consultarle mi caso, pero sólo supuestamente, porque después no quiso pasarme con él para que pudiera relevarlo en el arduo trabajo de soportar mi determinación. Y al final me quedé como estaba.
En relación con mi presunto delito, lo único que me viene a la cabeza son mis repetidas denuncias a yahoo de la recepción a mi correo electrónico de mensajes (¡cuyo remitente era yo mismo!) ofreciéndome todo tipo de productos de lo más variopinto: antidepresivos, antiinflamatorios, medicamentos para la disfunción eréctil, alargadores de pene o sistemas infalibles para hacerme millonario. Parece ser que yahoo ha considerado inaceptable mi rechazo a esta situación, o que por lo menos les parece más fraudulenta que la venta ilegal de productos utilizando la cuenta de correo electrónico de uno de sus usuarios (productos que, evidentemente, no necesito para nada… ¡faltaría más!)



No es por ser un “anti-sistema”, pero “El Sistema” de yahoo me parece un esperpento digno de las peores pesadillas del mencionado Kafka o de George Orwell. Tampoco es que me suponga ninguna tragedia quedarme sin mi cuenta de yahoo; tengo más con otros proveedores, o puedo limitarme a abrir una nueva con otro nombre y estableciendo como pregunta secreta “¿Quién es tu héroe, tu ídolo, tu líder? ¿A quién amas sobre todas las cosas?” ¡Al Sistema! Simplemente, me supone un percance teniendo en cuenta todas las direcciones allí almacenadas, los correos sin contestar, los boletines y suscripciones o algunos mensajes con valor sentimental.



¡Señoras y señores! ¡Mucho cuidado con la pregunta de seguridad porque, si no son cautos y precavidos, algún día se volverá contra ustedes! Y, sobre todo, por lo que más quieran… ¡Cuidado con “El Sistema”! Aunque todavía no sé exactamente lo que es, me da mucho canguelo.



Por otra parte, si no quieren verse nunca sometidos a un proceso kafkiano como este, si no quieren ser procesados y condenados sin ni siquiera saber de qué se les acusa, simplemente eviten cualquier tipo de contacto o relación con la empresa yahoo. Eviten entrar en sus páginas, alejen el ratón de sus enlaces, cancelen sus cuentas, no expongan sus fotografías en flickr. Yo, por mi parte, me dedicaré, primero a intentar recordar quién demonios era mi héroe cuando era pequeño (¿Mazinger Z?), y segundo a difundir mi profecía contra el diablo yahoo. Aunque claro, no tardará en ser devorado por Google, y ese sí que es un Gran Hermano (el de Orwell, no el de Mercedes Milá).



Avisados quedan.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Dude, Where’s My Country? IV

(Traducción de un extracto del capítulo Los Estados Unidos del Miedo del libro de Michael Moore ¿Tío, Qué Han Hecho Con Mi País?)

El miedo irracional mata. Estimula nuestro instinto de supervivencia. Nos hace abalanzarnos hacia un arma cuando oímos un ruido en mitad de la noche (y terminar disparando a nuestra esposa, que se había levantado para ir al baño). Nos hace no querer vivir cerca de nadie que no sea de nuestra misma raza. Y nos permite renunciar de buena gana a los derechos civiles que hemos disfrutado durante más de 200 años, sólo porque nuestro “líder” nos dice que hay una “amenaza terrorista”.
Según la Administración Bush, y los cuentos que han infiltrado en los medios de comunicación, los terroristas están por todas partes. Parece que cada día nos trae un nuevo aviso. ¡Una nueva alerta! ¡Una nueva amenaza!
• ¡Cuidado con los aeromodelos llenos de explosivos! El Boletín de Aplicación de la Ley del FBI informó de que se enfrentaban a una “amenaza terrorista” por parte de un “arma poco convencional” en forma de “gas sarín”. Después de incautarse de la pequeña bombona de un aeromodelista y llevarla en un avión militar especial hasta una base del ejército especializada en materiales peligrosos, el entusiasta del modalismo admitió que había escrito “gas sarín” en la bombona para gastar una “broma”. Aún así, el gobierno emitió una alerta recomendando estar alerta sobre aeromodelos que pudieran volar con explosivos dentro de un edificio.
• ¡Busquen gente sospechosa merodeando cerca de gasolineras! Un atento encargado de una gasolinera de Oklahoma llamó a las autoridades cuando llegó un grupo con dos furgonetas y un camión de herramientas. En cuestión de minutos, la policía y el FBI habían rodeado y estaban apuntando con sus pistolas a la banda de rock Godspeed You! Black Emperor. Liberados tras horas de interrogatorios, el cantante Efrim Menuck comentó a Seattle Weekly, “Es una suerte que sólo seamos unos buenos chicos canadienses.”
• ¡Al Qaeda podría estar provocando incendios forestales en el oeste de los EE.UU.! El Arizona Republic informó de que un memorándum del FBI a los cuerpos de policía les alertaba de que al Qaeda había desarrollado un plan para provocar incendios en verano en Colorado, Montana, Utah y Wyoming, de tal modo que “una vez se haga evidente que los incendios eran ataques terroristas, los ciudadanos de los EE.UU. presionarían al gobierno para cambiar su política.”
• ¡Informe de cualquier sustancia en polvo con la que se encuentre! Tras recibir una sospechosa sustancia en polvo por correo, una mujer de Nueva Orleans llamó a las autoridades, con lo que bomberos, empleados de correos y agentes del FBI llegaron rápidamente para investigar. Al final resultó que era una muestra gratis de detergente. Pero eso no quiere decir que no haya terroristas por ahí (incluso si las autoridades sospechan que la amenaza de ántrax de 2001 tuvo lugar desde dentro, por parte de alguien del gobierno o de programas aprobados por el gobierno, que tuviera acceso a la sustancia).
¡Chico, qué ocupados están estos terroristas! ¡Aeromodelos explosivos! ¡Gas sarín! ¡Incendios forestales! ¡Leones! ¡Tigres! ¡Osos! ¡El coco viene a cogerme! ¡Sálvese quien pueda! Lo único que es aún más asombroso que esta farsa del miedo es nuestra capacidad para tragárnosla. ¿Dónde está nuestro sentido común? Me refiero a ese reflejo en el cerebro que solía hacernos gritar “¡sandeces!” ante tonterías de este calado.
¿Cómo es que nuestro gobierno ha llegado a extremos tan absurdos para convencernos de que nuestras vidas están en peligro? La respuesta no es otra que su febril deseo de dominar el mundo, primero controlándonos a nosotros, y entonces, a su vez, consiguiendo que apoyemos sus esfuerzos para dominar el resto del planeta. Bush, Cheney, Ashcroft, Wall Street y los miembros de la lista Fortune 500 ven a estos atemorizados EE.UU. tras el 11 de septiembre como su momento –un momento entregado por el destino, a través de los terroristas– para hacerse con las riendas y embestir a los EE.UU. contra cualquiera en el mundo que se atreva a cuestionar quién es el número uno. ¿Quién es el número uno? ¡He dicho que quién es el número uno! Eso es. ¡Dilo en voz alta! Dilo por George y Dick y Johnny y Condi: ¡Somos los números uno! ¡USA, USA, USA! Ellos saben que a los estadounidenses de verdad no les interesa dominar a nadie, así que tienen que vendérnoslo en un envoltorio de regalo – y ese envoltorio es el miedo. Para asustarnos de verdad necesitan un enemigo grande y malo. Una vez desaparecida la Unión Soviética, Bush Sr. no encontraba la respuesta. Antes de que se diera cuenta, Clinton le había puesto de patitas en la calle.
El ala derecha estaba al margen, pero tuvieron ocho largos años para urdir su retorno. Vino a rescatarles un poderoso gabinete de estrategia político, el PNAC (Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense), que sostenía que los EE.UU. deberían tener un único objetivo: un mundo gobernado por los EE.UU., inalterable e impuesto por las armas. Dieron su primer paso el 26 de enero de 1998, en una carta abierta al Presidente Clinton. Los neoconservadores del PNAC Paul Wolfowitz y William Kristol, junto con Donald Rumsfeld y Richard Perle, advertían de que la política de contención en Irak era “peligrosamente inadecuada” y que el objetivo de la política exterior de los EE.UU. debía ser “derrocar a Saddam Hussein y a su régimen.” Cuando Bush Jr. Llegó al poder en el año 2000, entregó el Pentágono a este grupo de lunáticos radicales de extrema derecha. Tras el 11 de septiembre, Rumsfeld, Wolfowitz (por aquél entonces Subsecretario de Defensa de Rumsfeld) y la banda de la guerra promovieron inmediatamente un ataque a Irak como una de las primeras acciones en la nueva Guerra Permanente Contra el Terror. Merced al 11 de septiembre, Wolfowitz y sus compinches halcones de extrema derecha habían encontrado un enemigo que vender al público. Esta es la versión Bush del chantaje mafioso de toda la vida. Hay alguien por ahí que te la va a liar. ¡Osama, él lo hizo! ¡Saddam, lo hizo él! ¡Esos ayatolás chiflados, podrían hacerlo! ¡También Corea Del Norte! Nosotros te protegeremos, sólo entréganos todo tu dinero y todos tus derechos. ¡Y cierra el pico!



Inmediatamente después del 11 de septiembre, Bush fue capaz de promulgar su ley USA PATRIOT (en realidad, las siglas de “Ley del 2001 para Unir y Fortalecer los EE.UU. mediante el Suministro de las Herramientas Adecuadas Necesarias para Interceptar y Obstruir el Terrorismo”). Esta ley otorga el gobierno una libertad sin precedentes para recopilar información sin tener en cuenta los derechos civiles y las cuestiones de privacidad. El Senado votó 98 a 1 a favor de la ley. El Demócrata por Wisconsin Russ Feingold fue el único verdadero patriota en el Senado aquel día, emitiendo el único voto discrepante, mientras se levantaba y pronunciaba estas elocuentes palabras: “Ha habido períodos en la historia de nuestra nación cuando las libertades civiles han dado paso a lo que al mismo tiempo parecían ser las legítimas exigencias de una guerra. Nuestra consciencia nacional todavía conserva las manchas y las cicatrices de esos acontecimientos: las leyes de extranjería y sedición, la suspensión del habeas corpus durante la Guerra Civil, el internamiento de ciudadanos de origen japonés, alemán o italiano durante la II Guerra Mundial, las listas negras de supuestos simpatizantes comunistas durante la época de McCarthy, y la vigilancia y acoso a manifestantes pacifistas, incluyendo a Martin Luther King Jr., durante la Guerra de Vietnam. No podemos permitir que esos pedazos de nuestro pasado tengan continuación”.



El 11 de octubre, sólo un mes después de 11 de septiembre, el Senado aprobó una versión de la ley menos tolerable para los defensores de los derechos civiles que la versión del Congreso, que iba a ser votada al día siguiente. A la Administración no le gustaban las protecciones incluidas en la ley del Congreso, y estuvieron trabajando toda la noche con el portavoz del Congreso para despojarla de todas las protecciones a los derechos civiles por las que habían votado los Comités del Congreso. Finalmente fue entregada a las 3h45’ de la madrugada. Cuando el Congreso se reunió unas horas más tarde para votar, pensaban que estaban votando la redacción acordada el día anterior. En vez de eso, votaron la ley cuyas protecciones habían sido destripadas por el Ministro de Justicia John Ashcroft la noche anterior. Según el Sindicato Americano de las Libertades Civiles (ACLU), pocos miembros del Congreso realmente leyeron la versión final de la ley. Quizás fue la acción más temeraria e irresponsable que nuestro Congreso haya llevado a cabo jamás. Esto es lo que hace esta ley. Tu gobierno ahora puede “atrapar y localizar” todos esos innumerables mensajes electrónicos que pensabas que eran privados. También pueden ser inspeccionados los registros bancarios y escolares, la lista de libros alquilados este año en la biblioteca por usted o por su hijo de nueve años (o incluso con qué frecuencia se ha conectado a Internet en la biblioteca) o sus hábitos de consumo.



Ahora tenemos un precedente de detenciones secretas que sería la envidia de cualquier república bananera. Unos 5.000 jóvenes, la mayoría de ellos estudiantes, han sido “entrevistados” por el FBI simplemente por que podrían no ser ciudadanos de los EE.UU. o por proceder del Medio Oriente. Otras 1.200 personas fueron detenidas y retenidas de manera indefinida y secreta, la mayoría sin motivo alguno aparte de leves infracciones migratorias que habrían sido ignoradas en el pasado. De entre los detenidos por el Servicio de Inmigración y Naturalización, el 11% estuvieron encarcelados durante más de seis meses antes de ser liberados o deportados. Más o menos la mitad permanecieron encarcelados más de tres meses. El propio inspector general del Ministerio de Justicia descubrió que en el dentro federal de detención de Brooklyn, los detenidos sufrían “un patrón de abusos físicos y verbales”, así como políticas de detención “excesivamente duras”, incluyendo confinamientos de 23 horas al día, celdas iluminadas las 24 horas del día, comunicaciones bloqueadas y excesos con las esposas y las cadenas. El informe también criticaba al FBI por sus “pocos esfuerzos para separar” los inmigrantes con posibles lazos con el terrorismo de entre la gran mayoría que no los tenía, incluyendo los muchos que habían sido apresados por casualidad.
Hasta la fecha ya hay por lo menos 34 casos documentados de abusos del FBI en virtud de la Ley Patriot – y por lo menos otros 966 individuos han presentado quejas oficiales. Veamos estos ejemplos:
• John Clarke, un organizador de la Coalición Contra la Pobreza de Ontario (OCAP), fue detenido en la frontera de los EE.UU. por los agentes de inmigración cuando iba de camino a dar una charla en la Universidad de Michigan State. Un agente del Ministerio de Asuntos Exteriores se acercó desde Detroit e interrogó a Clarke sobre su participación en protestas anti-globalización, sobre si “se oponía a la ideología de los EE.UU.” e incluso sobre el paradero de Osama bin Laden. El agente presentó una carpeta del Ministerio de Asuntos Exteriores sobre OCAP que incluía el nombre de un hombre con el que Clarke había vivido en Chicago, así como octavillas de anteriores charlas de Clarke en los EE.UU.
• Un juez de las afueras de Nueva York preguntó a Anissa Khoder, una ciudadana de EE.UU. de ascendencia libanesa, si era “una terrorista” cuando compareció en el juzgado por un asunto de multas de aparcamiento.
• En un instituto de Vermont, un oficial de policía uniformado entró en el aula del profesor Tom Treece a la una y media de la mañana para fotografiar el proyecto artístico de un estudiante que representaba al “Presidente Bush con cinta adhesiva cubriéndole la cara” y la leyenda “Haz buen uso de tu cinta adhesiva. Cállate la boca.” Treece fue destituido de su clase de temas de actualidad.
Otros incidentes, sin llegar a ser obra de los Federales, representan el escalofriante efecto que todo esto ha tenido en nuestra sociedad. Veamos un par de ejemplos:
• La CBS despidió al productor de “Hitler: El Ascenso del Mal” por incluir declaraciones que comparaban la situación de los EE.UU. con la de Alemania cuando Hitler llegó al poder.
• Un profesor de 2º de Bachillerato de un instituto de Lynn, Massachusetts, fue obligado a dejar de poner la película “Bowling for Columbine” en sus clases porque el director decía que contenía “mensajes anti-belicistas.”
• Ari Fleischer advirtió a los críticos de la Administración Bush –y expresamente al humorista Bill Maher– que “tuvieran cuidado con lo que decían y con lo que hacían.”
Esta panda de mentirosos ha utilizado el 11 de septiembre como una excusa para todo. ¿Queréis un nuevo sistema de armamento? ¡Hay que tenerlo! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Queréis reducir las leyes anti-contaminación? ¡Es obligatorio! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Queréis ilegalizar el aborto? ¡Rotundamente! ¿Por qué? ¡11 de septiembre! ¿Qué tiene que ver el 11 de septiembre con el aborto? ¿Oye, por qué estás cuestionando al Gobierno? ¡Que alguien llame al FBI!
¿Qué hacemos? Cacheamos a nonagenarios en silla de ruedas. Atacamos los Derechos Humanos. ¡Sí, así aprenderán esos terroristas! Desmantelemos nuestro modo de vida para que no tengan que venir ellos a dinamitarlo. Desde luego, habrá que tomar algunas precauciones razonables para evitar ataques terroristas. Por ejemplo, George W. Bush debería haber puesto empeño en leer los informes que le enviaba la CIA. El 6 de agosto de 2001, según el Washington Post, unas semanas antes del 11 de septiembre, Bush recibió un exhaustivo informe marcado como “URGENTE” avisándole de que al Qaeda estaba planeando un gran ataque a los EE.UU. (no se conoce el contenido completo del memorándum porque Bush se ha negado a facilitarlo, pese a que Condoleezza Rice no se cansa de repetir que no decía nada en concreto. Si no dice nada en concreto, ¿por qué se niegan a hacerlo público?) Peor aún, un informe de 1999 ya alertaba de que al Qaeda estaba investigando la posibilidad de utilizar aviones como misiles con la intención de estrellarlos contra edificios gubernamentales. ¿Por qué no puso Bush sobre aviso a la nación, cuando tenía un memorándum de inteligencia en sus manos alertando de que los ataques eran inminentes, unido a los informes recibidos de la Administración Clinton? ¿Acaso estaba demasiado ocupado con su completo mes de vacaciones en Crawford, Texas? Bush no cumplió con su cometido, lo cual ha costado la vida a 3.000 personas. Sólo eso ya debería ser suficiente para someterle a un proceso de destitución. Hasta donde yo sé, mentir sobre sexo no le costó la vida a nadie en la Casa Blanca de Clinton.
¿Y si, a finales de los noventa, los Republicanos hubieran dejado al FBI hacer su verdadero trabajo –proteger las vidas de nuestros ciudadanos– en vez de hacerles pasar innumerables horas investigando los hábitos sexuales del presidente? En un momento dado, hubo más de 200 agentes del FBI asignados a alguna porción de la caza de brujas para coger a los Clinton. Doscientos agentes que –quizás– deberían haber estado devolviendo llamadas de escuelas de vuelo en Texas preocupadas por unos tíos raros que no querían aprender las maniobras de despegue y aterrizaje de un avión. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado comprobando cómo los terroristas consiguieron quedarse en el país mucho después de que caducaran sus visados. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado formando a la seguridad de los aeropuertos. Doscientos agentes del FBI que deberían haber estado haciendo cualquier otra cosa menos perder el tiempo por culpa de unos Republicanos derechistas, vengativos y obsesionados con el sexo que querían escribir un libro pornográfico de 50 millones de dólares sobre dónde guardaba sus puros el presidente.
Estamos hablando de terroristas, es necesario que aceptemos y admitamos que la mayoría de los ataques terroristas vienen desde dentro y la mayoría de los terroristas son compatriotas. Hay que dejar de pensar que es el extranjero, el forastero, el que viene a hacernos daño. Esa es la excepción. Cuando se trata de gente secuestrando y estrellando aviones, las únicas dos ocasiones en las que esto ha ocurrido antes del 11 de septiembre, se trataba de personal de las propias compañías aéreas, no de locos desconocidos. Sólo empleados de las compañías aéreas han sido responsables de tales secuestros y masacres hasta el 11 de septiembre de 2001 (un empleado descontento de USAir, que no tenía que pasar por seguridad, subió una pistola a bordo en 1987 y estrelló un avión en California; y el 16 de noviembre de 1999, un empleado de una compañía egipcia tomó el mando de los controles y estrelló el avión en el Océano Atlántico.) Es crucial que dejemos de pensar en los terroristas como encapuchados, anónimos y extranjeros. Es más probable que sea alguien que conozcamos.
La matanza del 11 de septiembre fue presuntamente cometida por un multimillonario. Siempre decimos que fue obra de un “terrorista” o un “fundamentalista islámico” o un “árabe”, pero nunca definimos a Osama con su legítimo título: multimillonario. ¿Por qué nunca hemos leído un titular que diga “Multimillonario asesina a 3.000 personas”? Sería una cabecera correcta, ¿no? No tiene nada de falso – Osama bin Laden tiene activos por un total de por lo menos 30 millones de dólares; es un multimillonario. ¿Así que por qué no es esa la manera en la que vemos esta persona, un rico cabrón que mata a la gente? ¿Por qué no fue esa la manera de hacer el perfil de los potenciales terroristas? En vez de acorralar árabes sospechosos, ¿por qué no decir “¡Oh Dios mío, un multimillonario ha asesinado a 3.000 personas! ¡Cojamos a los multimillonarios! ¡Metedlos a todos en la cárcel! ¡Sin cargos! ¡Sin juicios! ¡Deportad a los millonarios!”? Necesitamos protección de nuestros propios terroristas corporativos multimillonarios, los que nos birlan nuestras pensiones de jubilación, destruyen el medioambiente, merman combustibles fósiles irremplazables en el nombre de los beneficios, nos niegan nuestro derecho a la asistencia sanitaria universal y se llevan los trabajos de la gente cuando les da la gana. ¿Cómo llamarías a un aumento del 19% de indigentes y hambrientos entre 2001 y 2002? ¿Acaso no son ataques terroristas? ¿No cuestan vidas? ¿Acaso no forma todo parte de un calculado plan para infligir dolor a los pobres y a los trabajadores, sólo para que unos pocos ricos puedan hacerse aún más ricos? Aquí tenemos nuestros propios “terroristas” para preocuparnos, y es necesario volver a fijarse en ellos para que algún día podamos vivir en un país donde una vez más la gente pueda elegir a su presidente, donde los ricos aprendan que tienen que pagar por sus hechos. Un país libre, un país seguro, un país pacífico que verdaderamente comparta sus riquezas con aquellos menos afortunados por todo el mundo, un país que crea en el derecho de todos a recibir un trato justo.

jueves, 16 de julio de 2009

Educación para la ciudadanía



Pese a que no me parece coherente restar horas de Filosofía para impartir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, además de que algunos de los libros de texto propuestos para esta asignatura me recuerdan a los lavados de cerebro que describía George Orwell en 1984, me cuesta mucho trabajo compartir el escándalo de algunos ante el posible adoctrinamiento que supone esta asignatura después de asistir forzosamente durante once años a clases de Religión.



Pese a que personajes como D. Juan Manuel de Prada se nieguen ciegamente a admitir que la asignatura de Religión fuese obligatoria después de 1975, es un hecho constatado en infinidad de instituciones. Por supuesto que teníamos otra casilla que rezaba “Ética” cuando formalizábamos nuestra matrícula, y doy fe de que muchos la marcábamos, pero también de que en absoluto nos sorprendíamos cuando el primer día de clase aparecíamos incluidos en la lista de Religión (que, por otra parte, no era tal cosa, sino simple y llanamente catequesis).



También dice el Sr. de Prada (visto en la cadena autonómica de D.ª Esperanza Aguirre) que le encantaría que en los colegios se impartieran clases de todas las religiones existentes en nuestro país. Es decir, que preferiría que hubiera asignaturas, por ejemplo, sobre “Legionarios de Cristo y los abusos sexuales a seminaristas”, “Edelweiss y las relaciones sexuales entre menores” o “Raelianos y la clonación de seres humanos”, en vez de simplemente una asignatura de Historia de las Religiones, esencial si se quieren adquirir conocimientos sobre Historia, Arte o Filosofía.



Como en muchos otros casos, como la Ley Antitabaco, el carnet por puntos o los radares, con “Eduación para la Ciudadanía” el Gobierno se ve obligado a asumir una responsabilidad que en condiciones normales no le correspondería, debido a la falta de civismo por parte de la gran mayoría de los ciudadanos.



Hasta hace unos pocos años no era necesaria una Ley Antitabaco porque la gran mayoría de fumadores tenían la suficiente educación como para pedir permiso antes de encender un cigarrillo en compañía de no fumadores; hoy en día este tipo de individuos son una minoría, por eso se constata que nos hemos quedado cortos.



Si hubiese el suficiente sentido común y respeto por la vida de los demás, tampoco harían falta puntos ni radares. Vivimos en un país en el que se muchos conductores increpan a los peatones que se atreven cruzar por los pasos de cebra, insultan a otros automovilistas que osan utilizar el carril izquierdo de las autovías sin rebasar la velocidad máxima permitida y amenazan a los ciudadanos que se aventuran a circular con su bicicleta. Lamentablemente, salvo puntuales campañas (uso del teléfono, cinturón de seguridad, alcoholemia, etc.), las fuerzas de seguridad suelen estar más centradas en las multas de aparcamiento.



Además de estos ejemplos de “caras”, también tenemos alguna “cruz” (en ambos sentidos de la palabra), como es el caso del botellón, promovido, patrocinado y mimado por nuestras autoridades, obviando las normativas que ellos mismos han promulgado en lo referente a ruidos, mantenimiento y conservación de los espacios públicos, consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y venta de bebidas alcohólicas a menores de 16 años. No ha pasado tanto tiempo desde que los niños recibíamos una buena reprimenda si se nos ocurría causar alboroto o arrojar al suelo el envoltorio de nuestro bocata, las cáscaras de las pipas y demás; por eso, cuando nos llegó la edad del botellón, casi nadie se daba cuenta, ya que no dejábamos ni un solo resto y procurábamos no levantar demasiado la voz. Hoy en día, en mi ciudad, los parques y jardines se encuentran en un estado deplorable, y las riberas del río incluso huelen a alcohol por las mañanas.



Cuando no se hace uso, sino abuso, de la libertad, se obtiene lo que se merece: un Estado sobre protector, ultra regulador, controlador y adoctrinador. En el caso de Educación para la Ciudadanía, con sus luces y pese a sus sombras, está asumiendo un papel de enseñanza de valores urbanos cuya responsabilidad muchos padres han declinado, intentando otorgársela (es decir, “pasar el marrón”) a los profesores, a las actividades extraescolares o, en el peor de los casos, a la televisión y a los videojuegos, y más adelante al alcohol, las drogas, el vandalismo y la violencia.



Como comentaba recientemente el doctor Joaquín Fuster, los principios éticos y morales, producto de la cultura y la educación, además de la ley natural, deberían regir nuestra conducta social. Sin este sistema de principios, sin responsabilidad individual, la libertad es inconcebible. Es triste comprobar que sea necesaria la regulación de una actividad, por la vía legislativa, cuando el sentido común habría sido suficiente.