viernes, 22 de agosto de 2008

Prensa sensacionalista



En fechas previas a los Juegos Olímpicos de Beijing, la selección española de baloncesto realizó un anuncio publicitario para una conocida empresa de mensajería, en el cual los jugadores aparecían estirando sus párpados para hacer sus ojos más almendrados, imitando las facciones de las etnias mayoritarias en China.



Una vez hubieron derrotado, no sin dificultades, a la selección del gran Yao Ming, y cuando se acercaba el enfrentamiento con el «Redeem Team», el diario británico The Guardian abrió la veda de la manipulación mediática del anuncio, acusando a los baloncestistas españoles y a su patrocinador de racistas. No se hicieron esperar los tejemanejes de otros periódicos como New York Times, New York Post, The Nation, Los Angeles Times, etc., donde incluso iban más allá, acusando de xenófobo al país entero basándose en ejemplos como los desafortunados, y también malentendidos, comentarios de Luis Aragonés sobre Thierry Henry o los estúpidos exabruptos de una minoría de indocumentados al piloto Lewis Hamilton. Por no hablar de los maniqueos comentarios de varios lectores en las ediciones de internet de dichos diarios, así como en páginas como The Spoiler, donde parece haberse reunido una caterva de incompetentes de la peor calaña para vomitar sus prejuicios más rastreros. Yo pensaba que eran publicaciones serias, e incluso estaba suscrito a algunas de ellas, pero he podido comprobar que a la mínima oportunidad se suben al carro de la prensa sensacionalista barata, lo que ellos llaman «tabloid».



Varios corresponsales y diplomáticos chinos ya se han pronunciado al respecto, indicando que de ningún modo consideran ofensivo el gesto de nuestros baloncestistas, así como que la controversia sólo ha tenido lugar en EE. UU. e Inglaterra, sin repercusión alguna en China. También hay quien sospecha que detrás de tan absurdas acusaciones pudiera haber un intento de inventar una conexión España-racismo por parte de medios posicionados a favor de Chicago y en contra de Madrid para la celebración de los Juegos Olímpicos de 2016. En mi opinión, son simplemente apreciaciones demagógicas provenientes de periodistas poco serios en países con grandes tensiones raciales, mucho más minoritarias en nuestro país, a pesar de contar también por aquí con un gran número de imbéciles, como los que van a los estadios de fútbol a increpar a los jugadores negros con chillidos de mono, o los que son incapaces de cruzarse con una persona de otra etnia sin sentir una irremediable necesidad de agredirla.



Cuando España ganó el Mundial de Baloncesto de Japón de 2006, mientras los jugadores de la NBA, ganadores del bronce, realizaban un saludo militar que nadie acaba de entender, los nuestros se pusieron cintas en la cabeza con símbolos japoneses; ¿alguien fue tan zoquete como para ofenderse por eso? Hay que ser muy necio para ser racista, y también hay que ser muy racista para encontrar algo ofensivo en la fotografía de los Gasol y compañía. Sólo a alguien que considere que hay algo malo en pertenecer a alguna raza oriental, o que considere inferiores a los miembros de esas etnias, puede repugnarle un gesto simpático y cariñoso como el de nuestros deportistas; gesto similar, por otra parte, al que muchos viajeros por China relatan haber recibido de sus habitantes, quienes, al encontrarse con personas con diferentes rasgos faciales, estiran sus párpados hacia arriba y hacia abajo para imitarlos. ¿Habría que considerar entonces racistas a esas personas por imitar los rasgos occidentales de los turistas que los visitan? Si hay algo peor que un racista, es un racista que intenta demostrar al mundo por todos los medios posibles que no lo es y acusa de xenofobia a quienes no piensan y actúan como él, a quienes no necesitan utilizar eufemismos para referirse a las diferentes razas, por no considerarlos términos peyorativos. Son estos individuos los que insisten hasta la saciedad en que deberían disculparse por el anuncio; si esa disculpa va a hacer felices a unos pocos durante un par de horas (porque esta ridícula controversia no va a dar para más), por mí que lo hagan, aunque creo que sería disculparse por nada, o más bien disculparse por el hecho de que haya un grupito de personajes incapaces de entender nociones básicas de convivencia y de adaptarse a un mundo multicultural y multirracial.

Mon - Thurs 11p / 10c
Special Olympics Update - Controversies
http://www.thedailyshow.com/
Daily Show
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Political HumorHealthcare Protests

sábado, 9 de agosto de 2008

Las Olimpiadas de la vergüenza


Desde hace unos meses, a medida que se acercaba el día de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, aumentaban los reportajes y comentarios sobre la situación en China: la alarmante contaminación, la lamentable situación de la población rural, la aún más lamentable si cabe situación de los trabajadores en las fábricas, produciendo lo más barato posible para satisfacer las insaciables fauces del consumismo occidental, la ocupación del Tíbet, la sistemática y homicida falta de respeto por los más básicos derechos humanos, la falta de libertad de expresión, la hipocresía, la inmoralidad. Sólo uno de esos factores ya sería suficiente para convertir a estas olimpiadas en las más vergonzosas desde Berlín 1936, pero eso no parece preocuparnos demasiado, y mucho menos al corrupto Comité Olímpico Internacional, pese a que la situación en China se salta a la torera la Carta Olímpica. ¿Cómo es posible que Beijing llegara a ser candidata a sede olímpica, siendo como es la capital de una dictadura salvaje y asesina? ¿Por qué fue finalmente elegida? ¿Por dinero? ¿Cuál será la próxima sede olímpica? ¿Pyongyang, Teherán, Yangón? Mientras haya dinero o petróleo de por medio, cualquier cosa es posible.

viernes, 1 de agosto de 2008

¿Es el PIB el verdadero indicador del nivel de vida?


Si nos atenemos al Producto Interior Bruto, España estaría entre las diez potencias económicas mundiales o, como dijo Zapatero, en la “Champion Lí” de las economías mundiales. Sin embargo, si aplicamos el Índice de Desarrollo Humano, que cubre todas las dimensiones del bienestar humano (vida larga y saludable, educación, y nivel de vida digno en cuanto a la paridad del poder adquisitivo según el coste de la vida), el papel de España, con muchos deberes pendientes en lo que concierne a productividad, I+D, humildad y constancia, no es tan brillante.
Aparte de estar a la cola en cuanto a fracaso escolar entre los países de la OCDE y demasiado abajo en la lista de países menos corruptos (puesto 23, con un índice de confianza de sólo 6,3; por no hablar del Ayuntamiento de Burgos, a la cola en un reciente estudio de transparencia), cuando la corrupción no es sino una forma de robar al Estado y a todos los ciudadanos, arruina el libre comercio y ahuyenta la inversión extranjera; el crecimiento de los últimos años no ha estado bien distribuido (mientras que el número de ricos ha crecido un 8,7 %, el número de pobres se ha mantenido, con uno de los índices más altos de pobreza infantil de la UE).
Un ejemplo sobre la diferencia entre el PIB y el IDH sería el caso de Burkina Faso y Tayikistán. En 2003 registraron ingresos similares (en torno a los 1100-1200 dólares per cápita); sin embargo, mientras que Burkina Faso creció un 1,2 % en el periodo 1975-2003, por una desaceleración del -8,1 % por parte de Tayikistán, su clasificación en el IDH es de 0,317 y 0,652, respectivamente. Pese a que el crecimiento del PIB fue muy superior en Burkina Faso, con niveles de renta similares, su progreso social quedó muy por debajo del de Tayikistán. De la misma manera, hay países con una posición próxima en la clasificación del IDH e ingresos muy dispares: Uruguay y los Emiratos Árabes Unidos tienen ambos una clasificación en torno al 0,84, cuando sus ingresos per cápita oscilan entre los 8280 y 22420 dólares, respectivamente. Dos personas con un ingreso medio similar puedan tener accesos muy desiguales a sistemas de protección social pública.
En estos días de crisis es incesante el martilleo por parte de políticos y medios de comunicación sobre el peligro que corremos de entrar en recesión, cuando quizás deberían preocuparse más por mejorar el nivel de vida real de los ciudadanos. Puede que el venerado PIB realmente signifique algo para los grandes bancos, las multinacionales y los especuladores financieros; sin embargo, el ciudadano de a pie necesita menos números y más hechos, más inversión y menos especulación, más sentido común y menos demagogia.